Tareas de cuidado
Muchas de las tareas de la vida cotidiana son invisibles a los ojos del conjunto de la sociedad y, con frecuencia, desvalorizadas.
La limpieza del hogar, la alimentación de la familia y el cuidado de niños y adultos mayores son actividades que requieren un esfuerzo y dedicación constante. Sin embargo, estas labores, que en la mayoría de los casos recaen sobre las mujeres, no solo son poco reconocidas, sino que además carecen de una remuneración justa.
Las labores de cuidado son fundamentales para el funcionamiento de cualquier hogar y, por ende, para la sociedad en su conjunto. Sin embargo, por lo general se les asigna un valor mínimo en términos económicos y sociales. Esta carga invisible no solo afecta la calidad de vida de quienes realizan estas tareas, sino que también perpetúa desigualdades de género. Las mujeres que dedican su tiempo a cuidar a otros suelen enfrentarse a una doble jornada laboral: el trabajo remunerado y el no remunerado.
El reconocimiento de estas labores es fundamental para poder avanzar en la construcción de una sociedad más justa y equitativa. Cuando se habla de economía, rara vez se incluyen las contribuciones del trabajo doméstico y del cuidado. Sin embargo, estudios demuestran que si estas actividades fueran valoradas como deberían, su aporte al Producto Interno Bruto (PIB) sorprendería a más de uno. Este reconocimiento no solo es necesario desde un punto de vista económico, también es vital para el desarrollo personal y la autonomía económica de las trabajadoras.
Lo que se necesita es lograr un cambio real en la valoración que hace de los cuidados el conjunto de la sociedad. Y para eso es necesario educar a las nuevas generaciones sobre la importancia del trabajo doméstico y del cuidado, promoviendo una distribución equitativa de estas responsabilidades entre hombres y mujeres. Además, es esencial implementar políticas públicas que reconozcan y remuneren adecuadamente estas labores. La creación de licencias para madres y padres que sean equitativas, guarderías accesibles y programas de capacitación para cuidadores son pasos necesarios para facilitar este cambio.
Se estima que en la Argentina casi el 90 por ciento de las mujeres llega a la edad jubilatoria sin los años de aportes necesarios para acceder a una jubilación. ¿A qué se debe esa situación? Si se observa con detenimiento el funcionamiento de la sociedad se podrá apreciar que las tareas relacionadas con la limpieza, la cocina, el cuidado de hijos e hijas o personas mayores o con discapacidad son actividades que en un alto porcentaje recaen sobre mujeres.
Se trata de trabajos muchas veces invisibilizados, es decir, que no son considerados como tales. Y cuando sí se los reconoce, las labores se llevan a cabo en un contexto de alta informalidad y remuneraciones que no alcanzan para cubrir las necesidades más básicas. Como resultado de ello se tiene un alto número de trabajadoras con muy pocos aportes al sistema previsional.
Se debe admitir que la importancia de los cuidados va más allá del ámbito doméstico. Son el cimiento sobre el cual se construyen nuestras comunidades. Reconocer y valorar adecuadamente estas tareas no solo beneficiará a quienes las realizan, sino que también contribuirá a una sociedad más justa. En octubre del año pasado, la Organización de Naciones Unidas conmemoró, por primera vez, el Día Internacional de los Cuidados y el Apoyo.
El organismo internacional aprovechó la fecha (el 29 de octubre) para reiterar que es necesario hacer efectivo el derecho de las mujeres al trabajo y los derechos en el trabajo de quienes tengan responsabilidades de cuidados, incluida la igualdad de remuneración por tareas de igual valor. La Comisión Económica para América Latina, que viene aportando ideas en esta temática, publicó el informe "La economía del cuidado como acelerador del cambio estructural con igualdad".
Allí advierte que la distribución de las tareas vinculadas a la economía del cuidado está cruzada por la desigualdad de género y se caracteriza por tener una organización social injusta, donde las mujeres sobrellevan mayores cargas de trabajo no remunerado producto de la rígida división sexual del trabajo, que todavía persiste en muchos países de la región. Por otra parte, distintas organizaciones no gubernamentales vienen alertando que el modelo de desarrollo actual es insostenible ya que exacerba las desigualdades estructurales, especialmente en términos de género. Por ello, se debe apuntar a un mejoramiento en las condiciones laborales en el sector del cuidado.
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