El minué de la posderrota
Cuando un partido pierde el apoyo ciudadano en una elección y en consecuencia pierde el gobierno, sin dudas, entra en crisis.
Nadie quiere asumir como mariscal de la derrota. A mi juicio, lo peor es caer en tratar de justificar todo lo hecho, porque va contra la lógica, si se hizo todo bien, no hay razón para haber perdido la confianza.
Lo que los partidarios reclaman de la conducción, es como mínimo, un gesto de autocrítica. Una muestra de humildad. En el caso del Justicialismo derrotado en la elección de 2023, esos gestos no se ven a nivel nacional ni provincial.
Enjundiosos escritos se exponen para convencer la excelencia de nuestra gestión pasada. Esto lleva a pensar, si todo estaba tan bien, ¿por qué el colectivo de ciudadanos que deciden una elección, los que no toman partido por uno ni otro, nos dieron la espalda?
Hay que encontrar culpables; todos exponen: "no soy yo", "son los medios", "la justicia perseguidora", "la economía", y cuanta excusa se pueda poner para no decir algo sencillo como "nos equivocamos", "no supimos interpretar la realidad, nos mareó el poder", "nos rodeamos de la gente incorrecta", "no supimos escuchar y actuar con valentía en consecuencia".
Ahora bien, ¿qué podemos hacer en la posderrota? ¿Seguir equivocándonos? No, nuestra obligación es crear espacios de diálogo, de consenso sobre estrategias, de estructuración de equipos.
En mi modesta opinión de peronista, la sanación está en la democracia interna. Hay que dejar que el colectivo partidario se exprese en una urna.
En mi modesta opinión de peronista que nunca sacó los pies del plato, la sanación está en la democracia interna. Basta de tratar de fabricar operativos clamor, listas de unidad, y cuanto procedimiento ya ocupado con anterioridad sin resultados.
El clamor no es confiable si no es medible. La unidad no es mostrable si se consigue entre cuatro paredes. Necesitamos integrar. Todos son necesarios. Para saber cuánto pesa cada grupo hay que dejar que se exprese el colectivo partidario en una urna. Si no somos capaces de ello, largo será el camino a la intemperie.
¿Cuándo vamos a entender que el menemismo, el duhaldismo, el kirchnerismo, el cristinismo y cuanto "ismo" quieran agregar, son líneas internas de un movimiento más grande que comprende a ciudadanos que no están enrolados en la beatificación política de dirigentes de circunstancia, y que todos deben rendir con periodicidad examen ante sus seguidores?
Nuestra obligación es crear espacios de diálogo, de consenso sobre estrategias, de estructuración de equipos.
Puede que, por estas líneas, alguno se sienta tocado o lo que digo le caiga mal, pero considero que tengo autoridad política para hacerlo, y si tuviera unos años menos, ya me estaría pertrechando para competir, como lo hice por muchos años con tantas derrotas como triunfos.
Si pasamos de tener en los grupos menos aduladores y más pensadores, críticos y analistas, creo que tenemos futuro.
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