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Un socio interesante

"China es un socio comercial muy interesante porque ellos no exigen nada, solo piden que no los molesten", dijo el presidente de la Nación, Javier Milei, en una entrevista televisiva. Casi al instante, desde distintos sectores le recordaron que, antes de llegar a la Casa Rosada, había jurado que no haría negocios con el gigante asiático ni con ningún país comunista.

Es probable que en un futuro no muy lejano Milei sea recordado, entre otros motivos, por sus polémicos enunciados. Esa característica se explica, al menos en parte, por su reciente desembarco en la arena política. El novelista y dramaturgo inglés, John Galsworthy planteó oportunamente que el idealismo tiende a ser más pronunciado entre aquellos que no están directamente involucrados en los problemas que critican o desean resolver. Según Galsworthy, las personas pueden tener visiones idealizadas de situaciones complejas cuando no están inmersas en ellas, lo que puede llevar a soluciones poco prácticas o desconectadas de la realidad. "El idealismo se incrementa en proporción directa a la distancia de uno del problema", observó el novelista.

En nuestro país, en los primeros años del regreso de la democracia, el diputado nacional de la Unión Cívica Radical por la provincia de Mendoza, Raúl Baglini, elaboró un concepto interesante que más tarde fue bautizado como "Teorema de Baglini". Dijo el legislador radical en 1986: "Cuanto más lejos se está del poder, más irresponsables son los enunciados políticos; cuanto más cerca, más sensatos y razonables se vuelven". Pero más allá del giro del discurso presidencial y del consenso alcanzado para renovar el acuerdo de intercambio financiero (swap de monedas) que le permitió al país postergar el pago a China de 5.000 millones de dólares, conviene detenerse un momento en qué representa el gigante asiático para el mundo de hoy.

Se trata, nada más ni nada menos, que de una de las economías de más rápido crecimiento del planeta: las sucesivas reformas que implementó China permitieron que más de 760 millones de personas salieran de la pobreza. Por otra parte, el ingreso de China a la Organización Mundial del Comercio (OMC), en 2001, fue un paso clave que facilitó su integración en la economía global, impulsando aún más su crecimiento. El notable desarrollo económico y social de China desde 1949 hasta estos días convirtió al país asiático en una de las principales potencias globales de la actualidad.

En julio del año pasado, la secretaria del Tesoro de EEUU, Janet Yellen, aseguró en una visita a China que los acercamientos entre Washington y Pekín permitían construir una base más sólida entre ambas potencias. "Creemos que el mundo es suficientemente grande para que nuestros dos países prosperen", dijo en esa oportunidad la funcionaria, confirmando la relevancia del competidor.

En cuanto a la relación Argentina – China cabe recordar que el año pasado se cumplieron 70 años del primer intercambio comercial, que se concretó con el envío de un barco argentino que llevó un cargamento de trigo y lana. Una embarcación china similar, en tanto, puso rumbo al puerto de Buenos Aires con sedas y bauxita (roca sedimentaria con alto contenido de aluminio) para sentar las bases de un incipiente comercio bilateral. Siete décadas después de aquel acontecimiento, el gigante asiático ve a América Latina y, especialmente, a América del Sur, como un gran espacio proveedor de materias primas y con abundantes recursos naturales. También Estados Unidos comparte esa visión.

Es evidente que hay un movimiento de piezas en el tablero geopolítico y, al mismo tiempo, una disputa entre las mayores potencias por la hegemonía mundial. En ese escenario, nuestro país tiene que resolver el problema de las profundas asimetrías que caracterizan la relación comercial con China. Mientras Argentina sigue enviando principalmente materias primas como hace 70 años, el gigante asiático se transformó y envía cada vez más productos tecnológicos con alto valor agregado.

Es necesario avanzar con otro modelo de integración con el gigante asiático, que hoy es el segundo socio comercial de nuestro país. Nuestro país debe decidir si sigue siendo un simple proveedor de materias primas y receptor de productos manufacturados o si se anima a  dar un salto cualitativo y profundizar la relación con este "socio interesante" con productos con mayor valor agregado.

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