República Fabiola
"Lamento mucho todo. Me doy cuenta de que estás muy lastimada. Nunca quise que todo fuera como fue. Siempre te amé y nos tocó un tiempo tortuoso que seguramente no me dejó darte la atención que merecías. Hoy estoy muy triste por todo. Mis ganas de vivir no existen. Soñaba otra cosa a tu lado. Te pido perdón por el daño que sin querer te he causado. Beso grande".
El texto es parte de un chat entre Alberto Fernández, el emisor del mensaje, y Fabiola Yáñez, su expareja, en los días en que ella dudaba acerca de si denunciarlo o no por hechos de violencia de. Luego decidiría que sí, y comenzó a conocerse todo lo que venimos viendo.

Pero más allá de las particularidades de la historia y de sus protagonistas, aquel texto de Alberto bien podría ser un mensaje del kirchnerismo todo a la Argentina. "Me doy cuenta de que estás muy lastimada. Nunca quise que todo fuera como fue. Siempre te amé y nos tocó un tiempo tortuoso que seguramente no me dejó darte la atención que merecías. Soñaba otra cosa a tu lado. Te pido perdón por el daño que sin querer te he causado".
DAÑOS ¿COLATERALES?
En la instancia actual del conficto, la estrategia de Fernández da un giro con respecto a aquel relativo mea culpa. En el fondo, es casi lo mismo. La quise, pero la lastimé. Casi que la lastimé queriéndola. Es más, hasta quizá la lastimé por quererla. Pero yo soñaba otra cosa. Pasa, también, que ella tomaba alcohol. Ah, y los ojos le quedaban como si hubiera recibido una piña, pero era por un tratamiento estético. ¿Que entonces por qué la denuncia? Porque ella, sin valorar cuán amada había sido, prefirió llevarme a una separación traumática, casi extorsiva, en busca de dinero.
El peronismo, trasladando el guión a la escena nacional, esgrime argumentos prácticamente idénticos. Lo que llevó a casi el 60% de la ciudadanía a votar -en el balotaje de 2023- a Javier Milei fue una incapacidad de la sociedad de entender el amor que bajaba desde lo alto. Había solamente algunas imperfecciones que producían ciertos daños. Sin embargo, no eran colaterales. No hablamos de perjuicios periféricos a una realidad central positiva. Por el contrario, el estado del país a diciembre del año pasado era calamitoso. Tanto que la pobreza creció al mismo tiempo que se destinaban recursos de niveles inéditos a -en teoría- combatirla. Un combo devastador: pobreza creciente (y cada vez más estructural), derrumbe atroz de la calidad educativa en los niveles primario y medio, pérdida de competitividad de la economía nacional. Las mejoras nominales de salarios y ayudas sociales, más otras medidas dirigidas a avivar el mercado interno, eran el efecto de una política que emulaba al "tarjetazo" familiar. Era gastar -emisión monetaria y otros recursos mediante- a cuenta de algo que no teníamos, vivir como el país próspero que no éramos (y continuamos sin ser).
AMORES
Seguro que, legítimamente, mucha gente creyó en que podía funcionar. Pero es imposible pensar que en ese grupo estuvieran los que idearon y condujeron el proceso. Fue, en ese sentido, un proyecto perverso. Un "amor por la patria" que la conducía al desastre. "Siempre te amé (pero) nos tocó un tiempo tortuoso que seguramente no me dejó darte la atención que merecías".
Como con Alberto, la autocrítica es en realidad un mecanismo de autojustificación. Es decir, no hay tal cosa. La crudeza extrema del ajuste de Milei sirve para hacer creer que aquello fue bueno. Como si Fabiola en el futuro encontrase una pareja que la trate peor y eso pudiera convertir los años con Alberto en un romance de telenovelas. La muchachada K se quejan: "Hablen de lo que pasa ahora". ¿Cuándo piensan hablar ellos de lo que pasaba antes?
La Argentina es una mujer golpeada. Salvo excepciones que se cuentan con los dedos de la pata de un camello, aquí los liderazgos considerados fuertes y sólidos han sido jefaturas maltratadoras. Tanto que no hay empacho en presentar como virtuoso lo que llegaba a ser delincuencia lisa y llana.
Algunos días atrás, una consultora política de bastante eco en el peronismo, Mayra Arena no tuvo reparos en decir, en una entrevista, que uno de los aspectos imperdonables de Alberto fue su "corrupción administrativa". Fernández favoreció el pago innecesario de miles de millones de pesos en comisiones (por seguros en dependencias públicas) que nunca tendrían que haber existido. "¿Por qué para mí es la peor corrupción? Porque es la corrupción que cuando se va, al país no le deja nada", alegó Arena. La contrastó con la corrupción en la adjudicación de obra pública. "Es de las corrupciones más transformadoras, aceita y estimula una obra, y por lo tanto deja a la sociedad un poquito más equipada". En su cuenta de Instagram, se define de esta manera: "Enferma de amor por mi país". Las cosas del querer.
DECENCIA DE LUXE
Lo de Arena se parece lo que expuso alguna vez el periodista militante Hernán Brienza. Panelista alguna vez del ciclo K "678", que se veía por el canal estatal nacional, planteó en 2016, en una columna de opinión que la corrupción en la gestión pública era casi una condición necesaria para una democracia saludable.
"Un diputado o un senador cuenta con un presupuesto, entre sueldos, asesores, viáticos, de 100.000 o 150.000 pesos por mes. ¿De dónde saca el dinero ese diputado para llegar a ser presidente? Está ‘obligado’ a financiar irregularmente su campaña. Lo mismo pasa con un ministro, con el titular de la Anses o con el jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, por ejemplo. La corrupción, aunque se crea lo contrario, democratiza de forma espeluznante a la política. Sin la corrupción pueden llegar a las funciones públicas aquellos que cuentan de antemano con recursos para hacer sus campañas políticas. No hay que ser ingenuos. Solo son decentes los que pueden ‘darse el lujo’ de ser decentes. Sin el financiamiento espurio solo podrían hacer política los ricos, los poderosos, los mercenarios", dijo.
Brienza fue uno de los pocos periodistas a los que Cristina Kirchner (en 2013) les permitió entrevistarla mano a mano. Cristina, que en agosto de 2018, luego de allanamientos a domicilios suyos en la causa "Cuadernos", se defendió en el Senado con un largo discurso en el que incluyó esta pregunta a sus pares: "¿Ustedes creen que la patria contratista y la cartelización de la obra pública empezaron el 25 de mayo de 2003?" No es que estuviera bien, sino que siempre había pasado.
TRANSVERSALES
Cristina creía que el problema era que la sociedad no captó cuán querida había sido por sus gestiones. Carlos Menem se bajó de la segunda vuelta de 2003 decepcionado de un electorado que tampoco supo agradecerle los ’90. Mauricio Macri habla sobre cómo gobernar aunque su experiencia también fue un fracaso. Milei considera que cumplió su promesa de que al ajuste lo iba a pagar la clase política, a pesar de lo que vivimos a diario.
Nuestros ocupantes del poder tienen una cualidad transversal: no registran la manera en que lastiman a sus representados. Solo parecen ver ese amor tan especial que nos prodigan. Cuando se van, nos juran que habían soñado otra cosa a nuestro lado.
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