"No me den consejos, soy transgresor"
Señor director de NORTE:
El lugar que ocupa la experiencia humana en una sociedad tiene directa relación con la capacidad de valorar la palabra y/o los consejos de los demás, en muchos casos, las personas mayores. Sin embargo, no por tener muchos años vividos se aprende, y esto ya lo expuso Aristóteles, porque para adquirir cierta sabiduría práctica o "prudencia" (frónesis en griego) hay que pensar, reflexionar acerca de las acciones de la vida. Y algunos viven sin reflexión, como por ejemplo, los "viejitos verdes", que no han aprendido el autodominio de sus deseos y "apetitos" más bajos (según Platón, lo concupiscible). Por eso, hay que saber a quién pedir consejo.
En primer lugar, Aristóteles señalaba que para obrar bien, es decir, realizar aquellas acciones que permiten alcanzar al hombre la excelencia (areté o virtud) la parte irracional del ser humano, o sea los deseos, emociones, etc., debía "escuchar los consejos" de la parte racional. Como en otras ocasiones, me remito a Goleman –neurocientífico reconocido– quien al referirse al autodominio, destaca que las emociones fuertes se dan en nuestro cerebro en la amígdala, y si la parte frontal, donde se sitúa el pensamiento, no las frena a tiempo, estas emociones toman las riendas y luego vemos tantas muertes fruto de la ira a causa de un rayón o accidente de tránsito, o por una palabra o gesto. Que no profundicemos o justifiquemos lo que se muestra de un modo tan crudo en Relatos salvajes.
Cuando en la sociedad se hace demasiado hincapié en la libertad (no me refiero a Venezuela, sino a sociedades democráticas), en ocasiones se traspasan los límites, y todo se reduce a hacer lo que siento, lo que me parece, me gusta o me surge en un momento, sin atender las consecuencias. Imagino que retrocedemos a esas épocas hippies, de jóvenes rebelados contra las normas, practicantes del amor libre, el no compromiso, la vida "natural", la felicidad de drogarse, tan bien presentada en la clásica película Forrest Gump, porque muestra el vacío y el abismo de este modo de vida. Como comentario, felicito a la Municipalidad por comenzar a frenar a los hippies transgresores de las motos, sin luces, a exceso de velocidad, cruzando en rojo, con niños colgando, etc. En este periódico se han publicado artículos señalando lugares específicos, campeones, por la cantidad de motos que pasan en rojo.
La libertad tan proclamada no existe si no somos capaces de integrar todas nuestras dimensiones (corpórea, psicológica, espiritual o mental, social), para lo cual es necesaria la educación. Pero nuestra educación, tan desigual e injusta por la disímil oferta a los distintos sectores sociales, ha descuidado en gran medida la capacidad de adquirir información relevante, la reflexión, y sobre todo, la comprensión y el dominio de las emociones. Las emociones son parte de nuestra vida: el niño pequeño necesita lazos fuertes con la madre en primer lugar, y con todo el entorno familiar. Esta es la primera capa del reconocimiento, señala el filósofo Axel Honneth, siguiendo al psicólogo Winnicot. La ternura, la protección, el sentimiento de unidad de esta primera etapa son fundamentales. Pero crecer es ir abriéndose a los demás e ir aprendiendo modos de relación en donde, si se educa, se afianza la autoestima y surgen la compasión, la comprensión, la solidaridad y el respeto a los demás. Autores como Habermas y Taylor señalan que desde el respeto y el reconocimiento que recibe el niño surge la comprensión de que él y los demás son personas, y por tanto tienen una dignidad intrínseca e inalienable.
Ahora bien, en situaciones conflictivas concretas, ningún principio ni ningún consejo será capaz de frenar las conductas de quienes estén acostumbrados a hacer lo que quieren, porque fueron "educados" en el individualismo y el narcisismo que generan la ilusión de ser el centro del mundo. Estas personas se cierran a todo consejo, sólo importa su voluntad y el poder de realizarla, por lo cual, si la educación familiar e institucional no se compromete en limitar estas actitudes desde la reflexión y propuestas de autodominio consciente, serán las leyes las que suplantarán las exigencias morales. Pero claro, sólo en la medida en que la sociedad diga "basta" a la irracionalidad de una libertad que afirma "yo hago lo que quiero" y soy impune. Las estadísticas por muertes violentas y por accidentes de tránsito deberían ser una información relevante a tener en cuenta, así como la violencia escolar y laboral.
En este sentido, creo que cada uno debe volver sobre sí, y revisar las propias actitudes y sentimientos, de tal modo que el enojo, el resentimiento, la envidia, la ambición –entre otros– no sean los que conducen nuestras acciones, sino que haya una apertura a los consejos reflexivos, propios y ajenos, que permitan un camino de humanización de la sociedad, en la cual todos somos valiosos. O sea, un camino de autodominio, para que la vida, la dignidad, la autoestima de los demás no sea avasallada, y quizás así, también exijamos una educación emocional y de mayor responsabilidad en las instituciones, tanto escolares como de los diversos ámbitos sociales.
MARÍA ELENA RADICI
RESISTENCIA
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