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Madres que buscan

El caso de Loan Danilo Peña, el niño de cinco años que desapareció el 13 de junio pasado en la localidad de 9 de Julio, Corrientes, volvió a poner en la agenda pública temas que no son nuevos pero que siguen conmoviendo a toda la sociedad: la apropiación de niños, la trata de personas y el derecho a la identidad.

En la última marcha que se realizó en Plaza de Mayo, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, para reclamar por la aparición con vida del niño correntino, el testimonio de uno de los asistentes a la movilización llamó la atención de los presentes. Se trata de un hombre de 36 años, Alejandro Martín Pérez Guahnon, que contó cómo fue separado de su madre al nacer, el 18 de diciembre de 1987 en una clínica de Posadas, Misiones, y que recién en 2020 pudo reencontrarse con ella. La historia completa puede leerse en el libro "33 años en 48 horas" que él mismo escribió y que está disponible gratis en Internet.

"Este libro está escrito con base en todos los datos recopilados mediante una carpeta que mi madre adoptiva me quiso entregar por primera vez a mis 18 años", explica el autor. "Convertirme en padre despertó en mí la necesidad de adentrarme e inmiscuirme en mis raíces", agrega. Desde muy pequeño supo que había sido adoptado, pero siempre pensó que su madre biológica lo había abandonado debido a la pobreza de su familia.

Sin embargo, al investigar su historia descubrió que había sido apropiado y entregado a una pareja por una asistente social, en una maniobra que tenía complicidades y muchas similitudes con los robos de bebés ocurridos durante la última dictadura. Su mamá, Nélida Isabel Benítez, nunca creyó en la versión que ensayaron en la clínica sobre la supuesta muerte de su bebé y siempre lo buscó.

En ese sentido, el instinto de Nélida Isabel es el mismo que siempre tuvo la protagonista de otra historia parecida: Marta Pérez, la chaqueña que en 2022 fue el rostro elegido por la campaña "Mamás que buscan" que ese año lanzó la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación para poner en agenda la problemática de las madres que buscan a hijas e hijos que no llegaron a conocer porque los separaron de ellas al nacer.

El hijo (o hija) de Marta nació en 1968 en un consultorio no habilitado de La Matanza, provincia de Buenos Aires. Según su testimonio, la partera que se apropió del pequeño ni siquiera dejó que lo vea. Los años pasaron y nunca pudo olvidar esa situación traumática. Tampoco el nombre de la mujer que la asistió en parto. Por eso fue que en 2015 prestó especial atención a las noticias sobre la condena que dictó el Tribunal Oral Federal 5 de San Martín condenando a una exjefa de Obstetricia del Hospital de González Catán a siete años de prisión por "sustraer, ocultar y suprimir la identidad" de tres bebés entre 1969 y 1978.

Cuando se conocen hechos relacionados con la desaparición o apropiación de niños resulta inevitable recordar la práctica cruel que fue sistemática durante la última dictadura cívico militar, que consistió en el secuestro de hijos de detenidos y desaparecidos. Se estima que entre los años 1976 y 1983 la dictadura secuestró cerca de 500 bebés que fueron separados de sus familias y apropiados bajo otra identidad. Sin embargo, ese grave delito registra antecedentes antes y después del último período no democrático que sufrió la Argentina.

Pero a diferencia de otras épocas, en la actualidad existen técnicas que permiten establecer con precisión el vínculo biológico entre las personas. Para ser más precisos, fue recién en los años 80 cuando el análisis de las huellas genéticas impresas en el ADN ofreció al sistema judicial pruebas irrefutables a favor de las familias biológicas. Antes de ese avance, el único elemento disponible era la similitud en el aspecto físico.

Con la recuperación de la democracia en 1983 y el intenso trabajo que se realizó en los años siguientes para dar con el paradero de los niños apropiados durante la dictadura, muchas personas se acercaron a organismos de Derechos Humanos ante la sospecha de ser hijos de desaparecidos. La ciudadanía debe tomar conciencia de este grave problema y es de esperar que se sumen esfuerzos para garantizar el derecho fundamental que tiene cada persona a saber quién es, conocer su origen y a sus padres biológicos.

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