La pobreza más extrema
Señor director de NORTE:
¿Quiénes representan "la pobreza más extrema"? Cuando Edith Sean, la brillante filósofa, escribe esta frase se refiere a los niños, y continúa diciendo: "Ellos no poseen ningún otro bien, sino su propia vida…". La vida, el valor fundante según Hartmann, filósofo de la axiología, sin el cual no puede darse ningún otro.
¿Acaso es posible hablar de justicia, de salud, de belleza, entre tantos valores que consideramos fundamentales, si le es quitada la vida a un ser humano? Vulnerar la vida es convertir en cenizas todo proyecto humano, todo sueño, toda alegría.
Son muchos los problemas y conflictos que se presentan día a día a través de los medios, y es necesario que seamos capaces de "verlos", en sentido literal, abrir los ojos y aceptar el dolor y la tragedia que causan las acciones movidas por ambiciones, o emociones o intereses egoístas. Hace sesenta días se ha convertido en una cuestión central el niño Loan, el cual representa de algún modo a los miles de niños desaparecidos en cada país y jamás encontrados. Aunque se descubra que su desaparición fue provocada por venganza u otro motivo, sin embargo puso sobre la mesa el grave problema de la trata.
De este modo, nos hace tomar conciencia de los millones de niños secuestrados para la trata, en particular la pornografía y la prostitución destinadas a perversos consumistas, cuya conciencia moral oscurecida ya no reconoce al otro, al pobre y pequeño sufriente. Los niños serán siempre, por su vulnerabilidad extrema, los más pobres y desvalidos, incapaces de defenderse. En este sentido, sería conveniente no solo difundir ciertas leyes a nivel educativo, sino también las leyes que nos muestran la gravedad de la trata.
Por otra parte, aunque algunas leyes pretendan contradecirlo, no se puede olvidar que, según la Convención de los Derechos del Niño (aprobada en 1989, asumida en 1990 por Argentina y elevada en 1994 a rango constitucional), el artículo 6.1 expresa que "los Estados parte reconocen que todo niño tiene el derecho intrínseco a la vida", y el inciso 2: "Los Estados parte garantizarán en la máxima medida posible la supervivencia y el desarrollo del niño". Lo cual es completado, no está de más recordarlo, por la ley 23.849 (1990) que aclara en el artículo 2 que "se entiende por niño todo ser humano desde el momento de la concepción".
Estos señalamientos nos conducen a reflexionar en un problema siempre vigente, y también doloroso si se valora la vida de los niños y se reconocen sus derechos, ya que pone de manifiesto la hipocresía de las leyes que no solo permiten sino que garantizan el aborto, y hasta pretenden obligar a los médicos que expresan objeción de conciencia. Y para demostrar que son inexorables, castigan a aquellos que cumplen con el deber de informar a las niñas y mujeres que solicitan el mismo, lo cual es un derecho de los pacientes, ya que así toman decisiones sin conocer las consecuencias de las mismas y desconociendo otras posibilidades. Estas leyes promueven prácticas que van no solo contra la Constitución, en tanto se asumió la Convención con rango constitucional, sino que vulneran los derechos reconocidos a los niños en los artículos expuestos.
Por otro lado, se muestra la hipocresía de quienes defienden con palabras lo que vulneran con hechos: los derechos de la mujer a ser protegida y cuidada, en especial durante su embarazo.
Creo que, si somos capaces de ir más allá de la "prédica" periodística favorable al aborto, ya no podemos mirar para otro lado, cuando cientos de miles de niños ya no forman parte de nuestra querida Argentina. Como suelo remarcar, no solo se ignoran las posibilidades que ofrecen los grupos o instituciones cuando el embarazo supone dificultades económicas o de otra índole, sino que se pretende justificarlo poniendo en manos de quienes tienen el poder de decidir o de realizar, la vida de los más vulnerables. Saber que ni siquiera se garantiza la supervivencia de los niños nacidos con vida, sino que se los deja morir abandonados, o para que no ocurra les provocan paros cardíacos para "respetar los deseos" de los progenitores, muestra la pobreza más grande de todas: la falta de respeto y compasión por el más pobre de todos, aquel que solo posee su vida.
MARÍA ELENA RADICI
RESISTENCIA
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