Tomar conciencia y desarrollar acciones para prevenir la trata de personas
Señor director de NORTE:
El 30 de julio fue proclamado como el Día o Jornada internacional contra la trata por la Asamblea General de las Naciones Unidas en septiembre de 2013. Tiene como objetivo la toma de conciencia y el desarrollo de acciones para prevenir la trata de personas, proteger y apoyar a las víctimas, y la lucha contra los traficantes. Sobre todo, teniendo en cuenta a los más vulnerables, se busca"no dejar a ningún niño atrás en la lucha contra la trata".
Como he remarcado con anterioridad, ha sido muy importante el Protocolo de Palermo (Italia) del 2000, y que lleva como título: Protocolo para prevenir, reprimir y sancionar la trata de personas, especialmente mujeres y niños, que complementa la Convención de las Naciones Unidas contra la Delincuencia Organizada Transnacional.
El mismo tiene en cuenta que la trata se da juntamente con el tráfico de personas, por lo cual se necesita una acción organizada transnacional para poder realizar acciones efectivas. En ese momento se invitó a todos los países a adherir mediante leyes concretas, pero no todos lo hicieron.
La infructuosa búsqueda de Loan y de tantos niños, jóvenes y adultos desaparecidos muestra la organización de las mafias, con la cual colaboran esos peones o pequeños engranajes movidos por la ambición y desprovistos de toda compasión y respeto por los débiles. No se puede decir que no son conscientes del daño y sufrimiento que provocan porque el sólo hecho de hacerlo de modo oculto ya muestra que se saben culpables de sus acciones.
La trata es un modo de esclavitud (sexual y/o laboral), dentro de las múltiples formas de esclavitud que ha atravesado la humanidad a lo largo de los siglos. Pero la vigencia de acciones perversas e injustas, como es el sometimiento y destrucción de otros, o la negación de la libertad de los mismos, no lo justifica. Los imperios antiguos de todo el mundo, también de América, como los aztecas y los incas, sometieron a los pueblos que los rodeaban y se consideraban dueños de sus vidas, sacrificadas en el trabajo o en los altares de sus dioses. La idea de que el fuerte puede someter al débil surge sólo de una constatación empírica, pero no constituye una justificación moral, porque la reflexión nos conduce a reconocer que nadie quiere sufrir el daño que ocasiona al otro, por lo cual la exigencia más clara es la Regla de oro: no hagas al otro lo que no desearías que te hicieran.
En las primeras décadas (1930) en la Argentina, se ocultaba bajo la fachada de una Sociedad de Socorros Mutuos la esclavitud de la prostitución a la que eran sometidas las mujeres migrantes de los países del este europeo, sobre todo polacas y rusas. Hoy las investigaciones muestran que las mujeres de las zonas más pobres de los países de Centroamérica y de Sudamérica son llevadas a Japón, donde la zona roja de Tokio concentra unas 300 mil personas, además de Alemania, España, Holanda, EEUU y un largo etcétera de países donde el mercado proporciona grandes ganancias.
¿Acaso es posible seguir el rastro de los desaparecidos? La película El sonido de la libertad muestra la velocidad con que son trasladados los niños de un país a otro y la casi imposibilidad de encontrarlos, así como el enorme daño emocional y físico que sufren sin ser escuchados en su sufrimiento. El placer como fin, el egoísmo como motor de las acciones, las desviaciones de toda norma moral respetuosa de la dignidad humana, la pornografía como práctica "inocente", la riqueza como medio de vidas fastuosas, son parte del entramado de la trata y el tráfico de personas.
Por otra parte, la trata supone también el trabajo esclavo, sobre todo de niños cuya salud se deteriora hasta su muerte muchas veces en la minería, la recolección de cacao, de yerba o en múltiples trabajos que exceden sus fuerzas, robándoles la infancia: el aprendizaje, el juego, la alegría, la protección y la ternura que merecen vivir y experimentar.

No se puede esperar que el aumento de las penas para los implicados en la trata pueda tener efectividad en frenarla, es sólo un paso hacia una mayor justicia retributiva: recibir algo parecido al daño producido. Insisto en que es necesario dejar de consumir pornografía, ya que además de las consecuencias sobre los otros fomentando la trata, tiene consecuencias sobre la misma persona.
Como señalan los principales autores de la Ética, desde Aristóteles hasta Zubiri, los actos que realizamos revierten sobre nosotros, pasan a formar parte de nuestro ser de tal manera que nos van dando forma, dan lugar a un modo de ser que nos constituye, y el consumo de pornografía vuelve así sobre el consumidor. La pregunta finalmente es ¿quiénes queremos ser?, ya sea como personas individuales, y/o como sociedad. Que nos una la convicción del valor de cada persona, también la nuestra, y un compromiso concreto, no el espanto ni la impotencia frente al sufrimiento de los más débiles.
MARÍA ELENA RADICI
RESISTENCIA










