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El impacto de la personalidad en el envejecimiento cognitivo

Los estudios sugieren que es posible moldear nuestras características mentales para vivir mejor.

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Rasgos de personalidad: influencia sobre la reserva cerebral y posibilidades de cambio, incluso con el avance de la edad

   (Por Ilana Pinsky*) - Rina perdió a su marido temprano y nunca volvió a casarse. Sin embargo, rara vez estaba sola. Tenía varios grupos de amigas, incluido uno al que llamaba "las viudas". Organizaba almuerzos dominicales con toda la familia en su casa y nadie faltaba porque ella era una gran anfitriona. Visitaba a sus hermanas para arreglarme las uñas y comer torta y café una vez por semana. Incluso antes de jubilarse como docente de primaria, ya había realizado trabajo voluntario en organizaciones de solidaridad. Recuerdo que me contó la visita que hizo al grupo de mayores de la asociación, cuando fue a supervisar las actividades que se realizaban con los "viejos". En ese momento, ella ya era mayor que casi todos ellos.

   Tenía un temperamento tranquilo, era conciliadora, empática, organizada. Una trayectoria inusual, considerando que era la más joven de una familia de cuatro hermanos inmigrantes de Ucrania, cuyo padre había muerto dos meses antes de su nacimiento. Rina era mi abuela y falleció una semana antes de cumplir 100 años. Vivió una vida plena para la mayoría de ellos.

   El reciente debate entre el presidente Joe Biden y Donald Trump desató una acalorada discusión, no solo sobre política, sino también sobre los efectos viables del envejecimiento cognitivo. Pero ¿qué significaría un envejecimiento saludable? ¿Y cómo podemos proteger nuestro cerebro, dado que, a medida que aumenta la esperanza de vida, la prevalencia de la demencia tiende a aumentar?

  Desde un punto de vista biológico, el envejecimiento se define como la relación entre el daño acumulado en el organismo y los mecanismos compensatorios para reparar ese daño. La vejez y el envejecimiento son conceptos diferentes, siendo el segundo un proceso continuo y no sólo una fase de la vida.

   Las demencias son síndromes y la enfermedad de Alzheimer es la causa principal. La genética de un individuo juega un papel innegable en este proceso, como la probabilidad de desarrollar determinadas afecciones, incluidas demencias. También es innegable la tendencia a que se produzcan cambios cognitivos a lo largo de las décadas.

   La memoria de trabajo, por ejemplo, que es la capacidad de mantener y manipular información temporalmente (como recordar un número de teléfono mientras se busca un lápiz), tiende a disminuir con la edad. La velocidad de procesamiento, que es la rapidez con la que una persona puede comprender y reaccionar a la información, comienza a disminuir en la tercera década de la vida, lo que hace que las tareas que requieren respuestas rápidas sean más desafiantes.

   La memoria episódica, responsable del recuerdo de acontecimientos específicos, como lo que comiste en tu cena de cumpleaños el año pasado, puede volverse menos precisa. La atención selectiva, que es la capacidad de concentrarse en una tarea ignorando las distracciones (como leer un libro en un ambiente ruidoso), también puede verse afectada.

   No obstante, la ciencia que estudia los determinantes socioculturales del envejecimiento ofrece motivos para el optimismo. El declive no es inevitable. Hay investigaciones que demuestran que aspectos de la cognición pueden incluso mejorar con la edad. El vocabulario, los conocimientos generales, tienden a aumentar a lo largo de la vida debido a la acumulación de experiencias y al aprendizaje continuo.

   Además, la capacidad de integrar información compleja y resolver problemas basados ​​en experiencias vividas, conocida como inteligencia cristalizada, también mejora con el tiempo.

   La neuropsicóloga Sharon Sanz Simon es, junto con Michal Schnaider Beeri, una de las principales investigadoras del Centro de Investigación y Tratamiento de Alzheimer y Demencia de la Universidad de Rutgers. Su interés por el envejecimiento surgió en su juventud, influida por su conexión con sus abuelos maternos, dos sobrevivientes del Holocausto que emigraron a Brasil después de la guerra. A pesar de su trauma, mostraron una resiliencia impresionante, lo que inspiró su trabajo en el campo.

   Desde adolescente, Sharon fomenta la idea de que es posible que el ser humano se reinvente y encuentre nuevos caminos incluso ante desafíos intensos. Su trabajo se centra en el desarrollo de estrategias de intervención para la prevención del envejecimiento cognitivo y la demencia.

   Además de una vida activa, que incluye ejercicio, interacción social, alimentación saludable y una buena higiene del sueño, un envejecimiento saludable también depende de comprender que nuestra personalidad juega un papel crucial en el mantenimiento de la cognición.

   Contrariamente a la opinión tradicional de que la personalidad se estabiliza en la juventud, investigaciones más recientes indican que los rasgos de la personalidad pueden evolucionar gradualmente con el tiempo, influenciados por las experiencias de la vida y los factores ambientales. Esto sugiere que a medida que envejecemos, todavía tenemos la capacidad de cambiar y adaptarnos, promoviendo una mejor salud cognitiva a lo largo de la vida.

   Desde esta perspectiva, el concepto de "reserva cognitiva", introducido por el neurocientífico Yaakov Stern, jefe del laboratorio donde trabaja Sharon, es una de las ideas más fascinantes de la neurociencia del envejecimiento. Se refiere a la capacidad del cerebro para compensar los daños causados ​​por lesiones o enfermedades neurodegenerativas, como la demencia, mediante el uso de redes neuronales alternativas o procesos cognitivos más eficientes.

   Los individuos con mayor reserva cognitiva, a menudo adquirida a través de la educación, actividades intelectualmente estimulantes y una vida social activa, tienden a manifestar síntomas de demencia más adelante en la vida, incluso si presentan los mismos cambios cerebrales patológicos que otras personas sin estos hábitos.

   Esta capacidad de adaptación del propio organismo es fundamental para un envejecimiento saludable, ya que favorece el mantenimiento de la funcionalidad cognitiva y la calidad de vida en la madurez, aportando un nuevo enfoque en la prevención y tratamiento de enfermedades neurodegenerativas.

   Entre las características de la personalidad relacionadas con la reserva cognitiva se encuentra la apertura a nuevas experiencias, lo que en inglés llaman "openness". Es común, como dice la canción de Chico Buarque, "hacer todo igual" a medida que nos hacemos mayores. La flexibilidad cognitiva promovida por la apertura a nuevos desafíos permite a las personas abordar los problemas desde múltiples perspectivas y adaptarse a las demandas cognitivas que evolucionan con el tiempo.

   Vale la pena intentar hacer cosas que ya hacemos de manera diferente, hablar sobre temas complejos, interesarnos por nuevas culturas y formas de pensar. ¿Estás haciendo las cosas mucho de forma automática? Mantener la curiosidad intelectual (con charlas estimulantes, visitas a espacios culturales, lecturas, clases...), la creatividad (cocinar, escribir, pintar, bordar...), y esforzarse en probar cosas nuevas (conocer gente, cantar, bailar, ser voluntario…).

   Otros rasgos de personalidad también pueden retrasar significativamente el envejecimiento cognitivo. El neuroticismo se describe como la propensión a emociones negativas como la ansiedad y la depresión. Los estudios han encontrado que las personas con niveles más bajos de neuroticismo tienden a exhibir una mayor resiliencia cognitiva frente al envejecimiento y las enfermedades neurodegenerativas.

   Esto sugiere que la estabilidad emocional y la capacidad de gestionar la vida de forma eficaz pueden contribuir a mantener la función cognitiva y la resiliencia en la vejez, protegiendo la mente contra los desafíos del envejecimiento. Los mecanismos por los cuales esto ocurre pueden incluir una menor exposición a niveles elevados de la hormona cortisol, que se asocia con daño al hipocampo, un área crucial para la memoria y el aprendizaje.

  Además, el manejo del estrés da como resultado una menor inflamación sistémica, lo que puede contribuir a la prevención de la degeneración neuronal. Otro factor importante es el tema de la atención: si la vida emocional es más turbulenta y aumenta la irritabilidad, habrá menos concentración y más distracción, dañando la cognición y la memoria en general.

   Pensar en el envejecimiento como un proceso continuo, más que como un estado final, puede transformar nuestra forma de afrontar la vida. Esta perspectiva debe adoptarse desde una edad temprana. La genética tiene un impacto importante, pero nuestra personalidad puede ser un poderoso aliado contra el deterioro cognitivo.

   Es fundamental que cuidemos nuestra vida emocional, aprendiendo a afrontar las frustraciones y desafíos cotidianos, para preservar nuestra salud cerebral. Realizar nuevas actividades, mantener hábitos saludables, desarrollar y mantener relaciones sociales y buscar un aprendizaje continuo son estrategias que ayudan a construir una reserva cognitiva robusta, promoviendo un envejecimiento activo y saludable.

   Ilana Pinsky es psicóloga clínica e investigadora de Fiocruz. Es autora de Salud emocional: cómo no asustarse en tiempos inestables (Contexto), fue consultora de la OMS y profesora de la Universidad de Columbia y de la Universidad Federal de São Paulo (Unifesp). – Publicado en veja.abril.com.br

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