Comunidad imaginada
Los historiadores coinciden en señalar que los hechos ocurridos un día como hoy fueron actos fundantes que sentaron las bases de una comunidad imaginada. Hoy, 214 años después de aquellos acontecimientos históricos, los ideales de Mayo siguen siendo los pilares de la Argentina que tenemos y marcan el camino que se debe seguir para superar la difícil coyuntura que atraviesa la sociedad.
En su libro "Comunidades imaginadas", Benedict Anderson plantea la idea de que las naciones son "comunidades imaginadas" construidas en la mente de las personas. El politólogo, de origen irlandés pero nacido en China, sostiene que las naciones son productos de la imaginación colectiva. En efecto, Anderson plantea que lo que llamamos "naciones" son creaciones humanas que reúnen a personas que tal vez nunca se conozcan personalmente, pero que comparten una identidad común basada en la idea de pertenecer a una misma comunidad política. Así, la pertenencia nacional -observa Anderson- se crea a través de procesos como la difusión de la lengua común y la educación estandarizada que ayudan a crear una conexión entre individuos dispersos geográficamente. Si hubiera nacido en Argentina, tal vez se habría preguntado también por el grado de eficacia de un deporte tan popular como el fútbol como vehículo de expresión de la identidad nacional y sostén de esa comunidad construida socialmente, es decir, imaginada por las personas que se perciben a sí mismas como parte de este grupo. Pero esa experiencia emocional de pertenecer a una misma comunidad, de identificarse con otros con quienes se comparten los mismos colores patrios, muchas veces se mezcla con un individualismo exacerbado que, al parecer, goza de buena salud gracias a ciertos discursos que apuestan a la polarización.
Según una investigación realizada en 2022 por la organización de la sociedad civil Más Democracia, en colaboración con la consultora de comunicación y marketing digital Llorente y Cuenta (LLYC), Argentina es, después de Brasil, el segundo país de Iberoamérica con mayor grado de polarización en el debate público. Así lo revela un documento titulado "La droga oculta" que advierte sobre el poder adictivo de los posicionamientos extremos en las conversaciones que tienen lugar a través de las redes sociales y que solo contribuyen a profundizar las divisiones en la sociedad. Según ese trabajo, la polarización genera efectos similares a los de una droga. El citado estudio analizó una muestra de más de 600 millones de mensajes en redes sociales, de conversaciones que tuvieron lugar en Argentina, Brasil, Colombia, Chile, Ecuador, España, México, Panamá, Perú, Portugal y República Dominicana.
Según ese documento, existe un consenso general entre los investigadores de este tipo de fenómenos sociales respecto de que el avance de posturas extremas en la conversación pública es creciente y que constituye uno de los factores de mayor riesgo para la estabilidad de los estados democráticos, que son los únicos en los que es realmente factible el ejercicio de la discrepancia aún desde las posiciones más extremas. "Innumerables estudios han indagado en las causas, alcance y consecuencias de la polarización en nuestras sociedades. Cuestiones como la fragmentación social provocada por el crecimiento de la desigualdad, el debilitamiento de los partidos políticos tradicionales -generalmente depositarios de la moderación- y el consecuente ascenso de movimientos populistas, o la degradación de los niveles educativos aparecen en la totalidad de los análisis. Pero seguramente este fenómeno no alcanzaría su dimensión actual, tan preocupante, sin el concurso de las redes sociales como espacio ideal para su expansión", señala el informe.
¿En la Argentina de hoy se ha perdido la capacidad de sostener una discusión razonable sobre los problemas más serios que afectan al país? Si la respuesta es positiva, cabe preguntar en qué medida eso afecta a nuestra "comunidad imaginada", esa que, hace más de dos siglos, comenzó a construirse un día como hoy y que derivó en nuestra nación. Y al hablar de nación resulta imposible pasar por alto la conferencia de Ernest Renan pronunciada el 11 de marzo de 1882 en la Sorbona, París, bajo el título "¿Qué es una nación?". El historiador francés dijo en esa oportunidad que una nación es "una gran solidaridad, constituida por el sentimiento de los sacrificios que se han hecho y de aquellos que todavía se está dispuesto a hacer. Supone un pasado; sin embargo, se resume en el presente por un hecho tangible: el consentimiento, el deseo claramente expresado de continuar la vida común". Es de esperar que, en esta fecha patria, la ciudadanía siga comprometida con esos mismos objetivos.
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