Resolviendo conflictos
Los conflictos fueron, son, y si no se corrigen, serán muy comunes en la relación entre hermanos, familiares y extraños, a menos que reine el amor fraternal. El diccionario define al amor fraternal como un profundo sentimiento de velar por otra persona en todos los aspectos de la vida y sin exigir nada a cambio; sentimiento que va más allá de la idea religiosa o del mero concepto de cariño entre hermanos de una misma familia.
La pasión anula posibilidades
Pero muchos, tal vez la mayoría, piensa y cree que el amor fraternal es de imposible cumplimiento debido a que el ser humano a menudo ejercita la pasión, un sentimiento vehemente, capaz de dominar la voluntad y perturbar la razón; lo que hace imposible lo primero.
Los cristianos también son víctimas de los conflictos, a tal punto, que el Salmo 20, contiene una expresión de deseo, cuando dice: "Dios te oiga en el día de conflicto". En el idioma de la calle, dicha expresión nos asegura que tendremos el día de conflicto y pero también la posibilidad que Dios nos escuche en ese momento.
Le pasó al apóstol Pablo
El apóstol Pablo —tal vez el difusor más importante del cristianismo después de Jesús— reconoció en su mensaje a la iglesia de Corinto, Grecia, que cuando llegó a Macedonia, norte de Grecia, ningún reposo tuvo su cuerpo, sino que en todo fue atribulado; de fuera, conflictos; de dentro, temores.
Ahora bien, esto significa que quien tiene carácter cristiano enfrenta a los conflictos, de manera tal que debe aprender a manejarlos de un modo maduro y sabio, reflejando el carácter de Cristo.

Siempre hay conflictos
La vida del ser humano siempre está rodeada de conflictos que nos ubican en situaciones límites, como discusiones con la pareja, con los hijos, con algún familiar o con alguien con quien compartimos en la iglesia.
Tenemos un ejemplo bíblico que nos puede ayudar a resolverlos.
El relato bíblico señala que el padre de la fe, Abraham, buscó una salida sabia evitando un gran conflicto con su sobrino Lot. Ambos habían salido de su parentela en busca de nuevos territorios prometidos por Dios a Abraham. En la medida que avanzaban iban progresando económicamente por causa de la multiplicación de sus ganados, a tal punto que llegó un día en el cual sus pastores comenzaron a pelar entre sí por razones de espacio para que el ganado pudiera pastar y beber.
Cómo resolverlos
Abraham, quien era el beneficiario de la promesa divina, no se aprovechó de ello y le dijo a su sobrino Lot que debían separarse para evitar conflictos, y le dio la prioridad para escoger el lugar hacia donde quería ir con su ganado; y el joven, relegando a su tío, escogió el mejor.
Sin embargo, Abraham eligió conservar la importancia de su relación con Lot, en lugar de utilizar su poder para beneficio propio. Esa actitud hizo que Dios, a pesar de la escasez del terreno al que fue, lo prosperara de manera sobre natural, añadiéndole riquezas a su patrimonio.
El final de Lot fue distinto, porque en su camino encontró conflictos que no supo resolver y terminó siendo secuestrado por ejércitos enemigos. Pero, aún después de su conducta negativa para con su tío, éste armó un pequeño ejército de trescientos dieciocho criados y en una maniobra brillante realizada por la noche, logro rescatar a Lot.
La mejor manera de evitar conflictos es saber que hay tiempo para callar, pero también para hablar. Siempre debemos atacar al problema y nunca a la persona, porque atacar no ayuda a mantener buenas relaciones. En principio, tal vez parezca que hemos perdido la batalla, pero en el tiempo veremos que en realidad hemos ganada la batalla.

















