Elogio a Juan de Dios

 Este artículo sirve para agasajar a alguien que partió hace siete décadas. Celebramos una muerte, que no es tal cuando se trata de los inmortales: son imperecederos, omnipresentes en sus ideas o sus obras, como esa miel que encontraron los arqueólogos excavando una tumba del antiguo Egipto y la probaron y permanecía inalterable.

Se llamaba Juan de Dios. Cómo no enamorarme de mi personaje con semejante nombre… Es como llamarse Gabriel que se traduce como "hombre de Dios" o Miguel que significa "quién como Dios"…
Pues… un Juan de Dios que nació en un lugar llamado Puerto Gaboto, levantado sobre las ruinas de la primera población blanca en territorio argentino, el fuerte de Sancti Spiritu, fundada por el navegante veneciano Sebastián Caboto.
En ese puerto Gaboto transcurrió la infancia. Y el poeta Juan de Dios la evoca así:
"Era un rancho de barro, con el techo de paja,
de tijeras muy rústicas y de cumbrera baja.
Había un algarrobo que al patio daba sombra
y que endulza la lengua cada vez que se nombra.
Allí empezó la vida con sus pasitos lerdos
Y de allí vienen todos estos viejos recuerdos
Como brisa cargada de silvestre fragancia
Que renueva la añeja frescura de mi infancia
Allí pasé esas horas en que uno se desteta
De patas en el suelo, besando una galleta…"
Mena fue un alto poeta y tiene un libro de culto: "Virolas y otras chafalonías".

Parece ser que a Juan de Dios le hace más reverencia a la poesía que a sus propias tallas. Alguien observa que: "Si se piensa en la prisa con que Mena se desprendía de sus tapes, es significativa la morosidad con que retocaba y rehacía sus versos, y cómo los guardaba dentro de una unidad vigilada, como si los versos fueran la expresión de su permanencia, y las tallas el trabajo creado con naturalidad".
La infancia entonces fue en el cruce de montes y campos y en fogones bajo estrelladas noches, escuchando historias:
Mi abuela, viejecita, como de setenta años
muy cargada de arrugas y muchos desengaños
me contaba pasajes de algún gaucho matrero
que yo escuchaba, atento, sentado en el mortero".
"Y se quedaba, a veces, unos instantes muda,
como si en los recuerdos tuviese alguna duda,
o con largos suspiros entrecortaba el cuento,
en tanto que al alero lo iba peinando el viento.
Fue a la escuela hasta tercer grado que para aquellos tiempos, era un estándar. Se lo ve al adolescente en tareas rurales, dependiente del almacén de Juan Larrategui, Por entonces, sucede un episodio confuso: Un juego de cuchillos con su amigo Gabriel persiguiéndose uno al otro y el filo del metal que se hunde en el cuerpo de Juan de Dios.

La grave herida no significa la mala pata del destino, sino el cierre coronado en sangre de un tiempo que debía acontecer. Y lo revive en su poesía, transfigurado el hecho, que es lo que sabe hacer la poesía:
Y ocurrió que el padrino llegó a ver mis abuelos
trayéndome un paquete grande de caramelos.
Habló casi en secreto, pero entendí que dijo
que yo iba a estar con ellos como si fuera un hijo.
- "Y lo que aquí te falta, puede que allí te sobre…
Así expresó mi madre... Y lloraba la pobre.
Después por el camino bordeado de aromitos
yo veía los ranchos cada vez más chiquitos...
¿Qué destetaje, no?
Intermezo
La recuperación la hace en Rosario. Lo vemos de a caballo, en la policía montada rosarina. En un exagerado cambio, nos cruzamos con él en Buenos Aires haciendo versos para la revista "Nativa" o cobrando cuentas a domicilio.
Es el año de 1928 y tenemos una pregunta para hacernos: ¿Por qué Juan de Dios se viene a vivir al Chaco? Es que se vincula con un terrateniente, un tal Gahn, quien le propone el capatazgo de uno de sus campos en Colonia Baranda.
Y es en Baranda donde descubre habilidades para la talla, cuando un paisano le regala una estaca hermosa, para que hiciera con ella un bastón. Con un cortaplumas convierte la parte más gruesa del guayaibí -lo que sería el mango- en la cabeza de un paisano.
Y esta es la hora de la revelación, la hora del mandato del artista…
Mena llega a la capital del Territorio Nacional del Chaco que se encuentra en franca ebullición con nuevos aluviones migratorios, con una tierra donde es posible hacer dinero del bueno con el algodón, por ejemplo, o en el comercio; o para ocupar puestos calificados en una Resistencia que adquiere centralidad.
¿Y cuál es la estampa de este Juan de Dios que llega a una seductora Resistencia? Las fuentes me hablan de un hombre "de recia contextura física y de regular estatura aunque si permaneciera en su Gaboto, aclaran, debería agacharse un poco para pasar el dintel;
"Mozo chacotón y alegre", "tipo querible pero no de entrada", "galante con las mujeres y mordaz con los hombres", "un hombre triste que ironiza a la muerte sin tenerle miedo."
De las pinceladas que hacen sobre su personalidad y su fisonomía me quedo con la de Córdova Iturvuru que me permite imaginar cómo es nuestro Juan de Dios. "Era un poco recatón, su cara era morena, atezada, de hombre que ha andado mucho al aire libre, los ojos aindiados, el pelo bien tupido y la barba entrecana. No abusaba de las palabras. Tenía ese aire serio de gaucho viejo. Hablaba en tono sentencioso, pero no solemne sino zumbón y campechano. Sus observaciones y sus reflexiones eran ingeniosas, penetrantes. Era un parco y jugoso conversador de fogón".

En Resistencia Juan de Dios vive entre las décadas del ’30 y el ’50, comprometido con la cultura resistenciana se lo ve entre los templarios de la Peña de los Bagres, en el Ateneo del Chaco, como miembro fundador de la SADE y "capataz" del Fogón de los Arrieros.
Pero vamos por parte
Juan de Dios llega al Chaco como el gran poeta que es. Ya viene publicando hace rato en revistas de Rosario y Buenos Aires; ya comienzan a leerlo en La voz del Chaco y en Estampa Chaqueña. Se planta con aplomo en la escena cultural.
En esta Resistencia variopinta, que no tiene antigüedad, por lo tanto su tiempo es el presente una fonda pensión, El Chata 4, donde converge una fauna de aventureros, profesionales, bohemios, viajantes y artistas.
En cierta mesa del restaurante se reúnen para comer estofados opíparos, y dilatan las horas con brindis y poemas. Y en esa mesa está Juan de Dios. Y es él el que propone el nombre de La peña de los bagres, a esos amigos que están dando cimiento a la cultura chaqueña: Pasará algo más de tiempo para plantarse como "capataz" del Fogón de los Arrieros.
De la amistad
He aquí un ejemplo ejemplar, que rompe la convención de que lo distinto y lo propio no cuajan. De que Dios los hace y ellos se juntan que las almas buscan sus iguales, buscan sus analogías.
Fíjense esta amistad de Mena y Aldo, dos hombres con visiones ontológicas, artísticas e incluso políticas distantes, que no se hicieron crisol porque uno no arrebató al otro, sus verdades, sus creencias, sus síntesis. No se fundieron en el crisol, se diferenciaron en él. Y desde ese respeto se retroalimentaron.
Con Aldo Boglietti, forjan a fuego una amistad y Juan de Dios se queda a vivir en el Fogón.

De ese primer fogón me contaba Luis Landriscina cierta vez que Josese me invitó a conocerlo y el cuentista me describió aquel primer fogón: "Una casa antigua. En la puerta había una escultura, un gran taco de madera que era una gran cara; la tenía con una cadena para que alguien no venga y se la lleve, pero estaba afuera para que se sepa que allí podían venir en cualquier momento los artistas, porque ése era el criterio con que se había creado el Fogón".
Sobre nuestro Juan de Dios, me hizo Landriscina esta pinturita: "Frente a la casa de mis padrinos vivía don Juan de Dios Mena, que era muy cariñoso conmigo, me quería mucho, era el único hombre con barba al que no le tenía miedo. Con mucha ternura me solía tener en sus rodillas mientras tallaba el curupí, madera blanda que le dio vuelo a toda su imaginación, porque era un santero, hacía imágenes, pero tenía el vuelo del tallador".
El nombre "Fogón de los arrieros" dicen por ahí que fue propuesto también por Mena. "Desensille, haga noche pero no se aquerencie", es otra de las frases acuñadas por él. Que resultó paradójica, según Torres Varela, ya que Juan de Dios se aquerenció –literalmente- en el Fogón.
Estamos hablando de una amistad de a dos. Pero un triángulo es de a tres. Y hay una Hilda que también juega sus cartas. De mujer y de musa exquisita. En el libro de Giordano revela que "Mena a mí no me quería mucho, porque se suponía que esa era una casa donde reinaban los hombres… Cuando yo llegué, la cosa cambió".
Indudable que Mena e Hilda, estaban en los polos opuestos, algo así como la brillante cultura europea, las tendencias y exploraciones del presente; versus el criollismo, la tierra, el acá, donde estoy clavado. Pero fíjense como una amistad puede ser, a veces, inconsciente de sí y se despierta, se revela sin que haya ley o tiempo para que ese Sartori suceda.

Hilda, escribe a Aldo desde Paris, a dos años de la muerte de Mena, en una carta impoluta: "Quiero en Mena su habilidad de detener con la mirada y de alentar con su sonrisa: quiero su inteligencia que nunca se limitó a dogmatismos, quiero en Mena su sentido preciso e inesperado de la amistad"… Y así le sigue, con esa belleza y profundidad.
Y hacia el final de esta carta confiesa: "Cuando de comprender el lazo que puede unir a dos seres hasta la bíblica hermandad, ningún ejemplo mejor se me presenta, y no lo he conocido más perfecto que esa amistad de Aldo y Mena. Ese poder de estar juntos los minutos sin entorpecerse jamás, aceptándose siempre, respetándose siempre"
¿No es acaso esto un adagio a la amistad de Hilda hacia Juan de Dios?
Hablando de mujeres y de hombres, dejo en la bruma de la discreción porque las fuentes son parcas -supongo que desde el respeto hacia lo íntimo que antaño se respetaba -valga la redundancia-, y es una faceta que se la menciona siempre muy por arriba. Mena se casa con la resistenciana Elda Agnasse y tienen dos hijos Juan de Dios y Gustavo Adolfo y tras seis años juntos, ella muere.
De los tapes
¿Lo suyo es talla? ¿Es imaginería regional? ¿Es santería gaucha? ¿Es muñeco? ¿Es escultura? ¿Es obra de arte? El establishment del arte y el tiempo dio legitimidad de gran obra y de gran artista. ¿Y si no lo fuere? qué importancia… tal vez para nuestros pequeños corazones burgueses su maestría nos lo confirma que el Museo L’ Hermitage tenga su obra, y la colección privada de Picasso o que sus tapes se exponga en capitales de Europa y Nueva York.
Miren, en cualquier dimensión incluso en el llano de esta llanura, incluso en la simplicidad del profano, Mena es glorioso. Mena es el auténtico decodificador del folclore chaqueño.
Nadie antes ni después fotografía los tipos chaqueños en un abanico espléndido de personajes a veces grotescos, a veces tiernos, a veces conmovedores.

Mena deja testimonio de estos nuevos protagonistas del Chaco. Por eso es fundacional, siendo de las personalísimas figuras del arte del interior argentino, donde hay una sola comparación digna de él: Molina Campos.
Quiero mencionar algo más sobre la singularidad de su obra: Los tapes de Mena atraen, en general, por lo risueño y picaresco, lo socarrón, lo humorístico. Pero una vez que el espectador y la obra entran en esa ingenua sintonía, azota un segundo tiempo donde se revela un existencialismo trágico, una oquedad.
Muy bien lo dice Fernando Varela: "Su escultura, humorística al primer contacto -porque nuestra reacción al desafío de la existencia es el reír- se vuelve angustiosa y patética.
Mena talla la aldea y nos hace universales.
Hasta aquí, la lectura del afuera. Hacia el interior el artista, Juan de Dios baraja un par de definiciones enormes. Dice: "Los muñecos viven el drama de los hombres. Yo, que soy profundamente triste como todo humorista, asomo a las expresiones de ellos, todo cuanto ocultamos o decimos".
Y frente a un periodista, contesta: "Mis figuras tienen su propia personalidad. A veces, les doy una intención que no se me ocurría al principio, se me escapa el cortaplumas ¿sabe? y hace de las suyas...".
Siento apropiado para este lugar al que hemos avanzado, la cola de una reflexión que hace Alfredo Veiravé sobre Mena: "Esa concepción no utilitaria, no profesional de la vida a la que Mena fue fiel como hacedor de versos y de tapes, como corresponde a una visión cultural más próxima a las estaciones del alma, que esperan lejos de los grandes centros urbanizados y prestigiosos".
¿Está haciendo falta algún moño? Pues tengo uno: la Zamba del imaginero dedicada a Juan de Dios Mena, con letra de Tejada Gómez y música de Cuchi Leguizamón que entre sus versos dice:
Que puro oficio su oficio
hecho de puro silencio
la vida andaba en sus manos
y el la tallaba por dentro.
¿Así lo sentimos a Juan de Dios, verdad?
Epílogo

Su producción artística, unas 500 tallas. Soberano número. Suena otro número redondo hoy,
70 años de la muerte de un inmortal. El 4 de abril de 1954 en el Hospital Británico de Rosario, muere nuestro Juan de Dios.
E insisto con la ideas de Maurice Maeterlink en El pájaro azul: "Los muertos despiertan de su profundo sueño cuando son recordados".
Así que mejor no se asusten si sienten una respiración invisible en los hombros, o ven una sombra que cruza a contramano, o si alguna sensación fogonera les cosquillea el pecho.
Señoras y señores, Mena esta noche ha despertado y está con nosotros. ¡Y larga vida al Fogón de los Arrieros!
Hechicero del curupí
Por Gustavo Insaurralde
Un gaucho se convierte en centauro junto a su guitarra y su caballo. Un indio sumido en el despojo del silencio histórico. La tragedia de una madre que sostiene a su hijo abrazando la desolación de la muerte. Un hombre y una mujer se unen en un beso consagrando su amor. Un guitarrero ahoga penas en un canto que puede imaginarse desgarrado.

Juan de Dios Mena (1897-1954) llegó al inhóspito territorio del Chaco, descubrió el embrujo del monte y se convirtió en hechicero del curupí. Se aquerenció en esta tierra de intensidades y rigores, puso su mirada en la madera para crear una serie de personajes captando el espíritu de un tiempo.
Con singular talento y particular poesía, el artista exploró con audacia en las formas exageradas hasta llegar a las deformaciones expresivas e incluso -en sus últimas obras- abordar el encanto de la abstracción. Una fecunda producción de más de 500 tallas recorre ese camino instintivo en el que reflexiona sobre la realidad que protagoniza. Elogia y se burla, con maestría y sarcasmo, del paisaje humano que pondera desde la creación de ese personal homenaje en que exalta el ser.
Un Cristo indio sangra clavado en la rústica cruz de tablón abandonado. Una vieja desdentada elucubra algún payé. Un ruego ensimismado se transforma en plegaria urgente y necesaria. Juan de Dios Mena, genio y figura que acerca el latido profundo del Chaco.
La mayor colección de este artista puede verse en El Fogón de los Arrieros (Resistencia) y la exposición "Hechicero del curupí", especialmente curada y montada para el 70 aniversario del fallecimiento del escultor Juan de Dios Mena.
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