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La lucha contra la trata de personas

La trata de personas es uno de los ilícitos más aberrantes del mundo y afecta prácticamente a todos los países, que pueden verse involucrados tanto como punto de origen, como de tránsito o destino. Según la ONU, a nivel global, dos tercios de las víctimas son mujeres mientras que una de cada cinco personas que caen en las redes de trata son menores de edad.

Informes del organismo internacional revelan que las redes criminales se han adaptado a la nueva realidad de digitalización de la sociedad y por eso han modificado sus métodos de captación. En el caso de las plataformas de las redes sociales, por ejemplo, las organizaciones criminales buscan atraer a sus víctimas con ofertas de empleo y promesas de ingresos que superan el promedio de los salarios que percibe la mayoría de los trabajadores formales.

Los expertos advierten que cualquier persona en situación de vulnerabilidad (económica, social, emocional o psicológica) puede ser víctima. Lo que se descubrió es que los criminales prestan atención a perfiles en redes sociales de personas jóvenes que manifiestan en forma pública (en plataformas de redes sociales) que atraviesan momentos de vulnerabilidad y que, además, revelan datos personales o cuestiones relacionadas con sus sentimientos.

Esta exposición facilita la tarea de manipulación de los delincuentes. La ONU destaca que los tratantes usan el engaño para atrapar a mujeres, hombres, niños y niñas en cualquier parte del mundo y para someterlos luego a situaciones de explotación. Si bien la forma más conocida de trata de personas es la explotación sexual, muchas víctimas también son objeto de trata con fines de trabajo forzoso, servidumbre doméstica y mendicidad infantil.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) calcula que más de 4,5 millones de personas son víctimas de explotación sexual forzosa en todo el mundo. Por su parte, el Papa Francisco ha manifestado su preocupación en distintas oportunidades. La trata de personas "es una herida abierta en el cuerpo de la sociedad contemporánea y un crimen contra la Humanidad", dijo el jefe de la Iglesia Católica en una de sus recientes homilías.  La ONU define el delito de trata como aquel que se lleva a cabo a través de la captación, el transporte, el traslado y la recepción de las víctimas, para lo cual los delincuentes recurren a la amenaza o al uso de la fuerza u otras formas de coacción, al rapto, al fraude, al engaño, al abuso de poder o de una situación de vulnerabilidad o a la concesión o recepción de pagos o beneficios para obtener el consentimiento de una persona que tenga autoridad sobre otra, con fines de explotación.

Esa explotación incluirá, como mínimo, la explotación de la prostitución ajena u otras formas de explotación sexual, los trabajos o servicios forzados, la esclavitud o las prácticas análogas a la esclavitud y la servidumbre. Frente a esta situación es necesario que la comunidad tome conciencia que la trata de personas es una forma de esclavitud que debe ser erradicada con la ayuda de todos los sectores de la sociedad.

Sin ir más lejos, esta semana la Policía Federal rescató en Mendoza a 92 personas que eran explotadas laboralmente en un campo de cosecha de ajos. Lo hizo gracias a un aviso anónimo que alertó del caso. La ciudadanía también puede ayudar a combatir este delito siendo conscientes del problema y asegurándose de que la penosa situación de las víctimas no pase inadvertida. Uno de los desafíos más importantes que tienen por delante las agencias estatales y las organizaciones de la sociedad civil que luchan contra este tipo de delitos es poder asegurar una asistencia adecuada y una protección efectiva a las víctimas.

La experiencia demuestra que la mayoría de las personas que fueron revictimizadas no contaban con redes sólidas de contención y que hubo fallas en la tarea de garantizar un acompañamiento que vaya más allá del primer mes del rescate.

Cabe recordar que en el año 2000 la Asamblea General aprobó la Convención de las Naciones Unidas contra la Delincuencia Organizada Transnacional y el Protocolo para prevenir, reprimir y sancionar la trata de personas, especialmente mujeres y niños, que complementa esa Convención y que entró en vigor a fines de 2003.

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