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CARTAS DE LECTORES

¿Queremos en verdad recibir al Mesías, al salvador, al rey?

Señor director de NORTE:

La locura de amor de Dios se ha hecho realidad para la humanidad;  la comunión trinitaria ha descendido para hacerse carne en el seno de la virgen y luego pan eucarístico de todos los días para nuestro rescate.

En el seno de la virgen habita el que viene, el pan eucarístico, el Mesías el rey, que viene a reinar sobre todos y para todos; es la hostia inmaculada que, en el ofertorio de la santa misa, se ofrece por nuestros pecados ,  ofensas y negligencias, y por todos los cristianos vivos y difuntos en provecho de la salvación y vida eterna; es el cáliz de salvación que se ofrece a Dios implorando su clemencia para que suba a su divina majestad para nuestra salvación y la del mundo entero. Es Dios que viene para hacerse conocer y hacer conocer el camino, pues la humanidad sola es incapaz de hacerlo.

Es Dios que viene para elevar en dignidad la naturaleza humana y maravillosamente  reformarla sobre sus mismos divinos fundamentos.

De hecho, no podemos negar que los fundamentos más firmes de la sociedad civil –las virtudes, el honor, la integridad moral, el cumplimiento del deber– no los ha promovido el estado que sólo se limita a castigar los delitos. Es el cristianismo quién lo ha hecho, de allí que el cristianismo sea una de las mayores fuerzas de la civilización.

Esta es la gran trascendencia del nacimiento de Cristo, su grandeza espiritual, misterio  que brota de su costado abierto, fuente de resurrección, fuente de salvación. Ese costado abierto, esa herida que se abre cada vez más con los lanzazos, aún hoy, de sus propios ministros, del mundo impregnado de inmundicia moral, de nosotros mismos que nos vanagloriamos de ser católicos y muchas veces con un Cristo a  conveniencia. 

Vale preguntarse ¿hace cuánto hice un bien al prójimo? ¿No será que la vorágine mundana me ha ganado en este tiempo penitencial? ¿No será que por querer ser yo, dueño de mis decisiones haya dado la espalda a mi prójimo?

Pensemos en cuántos Judas hoy no quieren que Cristo vuelva a nacer, ¡cuántos Judas lo traicionaron y vendieron a lo largo de la historia! Cuántos hombres como los fariseos gritan hoy "no queremos que Cristo reine" ¡Fuera, Cristo! ¡Cuántos corruptos lo azotan hasta hacerle derramar sangre! ¡Lo crucifican con deseos, pensamientos y acciones  sodomitas!

Así es, señor director: hoy se sigue desterrando a Cristo porque es demasiado puro para nosotros! ¡Se le sigue dando la espalda porque es demasiado santo para nosotros! ¡Se le sigue crucificando y condenando porque su rectitud condena nuestra vida pecaminosa!

Para muchos, en este mundo, Cristo no cuenta. El Rey ha sido desterrado,                                                                                                                                                                                           dicen sus voces "no queremos que éste reine sobre nosotros".

La política ha dicho ¿a qué viene aquí Cristo? La vida económica exclamó "con Cristo no obtendríamos tantas ganancias". En los bancos le han dicho "vete, nada tienes que buscar entre nosotros". En los laboratorios y universidades, "la fe y la ciencia se excluyen"… y finalmente hemos desembocado en la situación actual, que parece escribir un gran "INRI": ¡Cristo no existe! ¡El Rey ha muerto!

Entonces pregona el papa Pío XI: "¡Aleluya! Jesucristo no ha muerto ¡aquí está el rey! ¡Cristo vive y reina por los siglos de los siglos!.... Nosotros pregonamos que Cristo tiene derecho absoluto sobre todas las cosas: tiene derecho sobre el individuo, sobre la sociedad, sobre el estado, sobre el gobierno. Todo está sujeto a Cristo: la política, la vida económica, el comercio, el arte, la familia, el niño, el joven, la mujer…todo.

Sí, Cristo es rey de todos los hombres, es el presidente de los presidentes, el gobierno de los gobiernos, el juez de los jueces, el legislador de los legisladores. El estandarte de Cristo ha de ondear por doquier: en la escuela, en el taller, en la redacción, en el Congreso" 

Pensemos, entonces, y preguntémonos si ahora que hemos llegado a un estado tal de corrupción moral, ¿necesitamos realmente de Cristo, de su verdad y honradez?

¿Somos capaces de decidir en este tiempo de Adviento servir a Cristo y servir sólo a él sin los apegos del mundo que enceguecen llevando a la humanidad a la decadencia de la integridad moral?

Pensemos si queremos, en verdad, recibir al Mesías, al salvador, al rey; ¿o queremos quedarnos sumergidos en el maravilloso convite del príncipe de las tinieblas?

(Fuente: Cristo Rey – Mons.Tihamer Toth - Misal Católico-Apostólico-Romano-1962)

CLARA MARÍA GONZÁLEZ

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