La OMS pone la lupa sobre China
El sorpresivo aumento de los casos de neumonía registrados en el norte de China encendió las alarmas en la Organización Mundial de la Salud. El organismo internacional emitió, desde su sede en Ginebra, un comunicado en el que informa que solicitó a las autoridades del gigante asiático información epidemiológica y resultados de laboratorio sobre brotes de neumonía en niños de ese país. 
En rigor, las primeras alarmas se encendieron en la Sociedad Internacional de Enfermedades Infecciosas, a través de su programa global de monitoreo de enfermedades emergentes, conocido como ProMED. Se trata del mismo sistema de vigilancia mundial que activó un aviso temprano en diciembre de 2019 cuando se empezaron a conocer los primeros casos de Sars Cov 2 en China y países vecinos.
En aquella oportunidad, más precisamente en marzo de 2020, las autoridades de la OMS habían informado que la enfermedad (hasta ese momento desconocida) se había propagado también a Tailandia (dos casos), Japón, Corea del Sur, Estados Unidos y Taiwán (todos con un caso cada uno). Después de recabar información, los expertos concluyeron que el primer brote de coronavirus se había registrado en diciembre de 2019 en un mercado de pescado de la ciudad de Wuhan, en el centro de China. Hasta ese momento se creía que el virus sólo se transmitía de animales a humanos, pero las autoridades sanitarias de China confirmaron que la transmisión también podía darse de persona a persona. Después vino lo que todos conocemos.
La pandemia del nuevo coronavirus llegó en pocos días a todos los rincones del planeta. En esa oportunidad fue clave el control y la preparación de los sistemas sanitarios. ¿El mundo podría estar ante una amenaza similar? Los investigadores de la OMS consideran que no hay elementos para asegurar que lo que se vive ahora en China es similar a lo que comenzó en 2019 en Wuhan. Lo que podría estar ocurriendo ahora, señalan, es que el incremento de casos podría explicarse por la presencia de virus ya conocidos y no a uno desconocido como ocurrió en las primeras semanas de circulación del Covid 19. Se cree, además, que los controles impuestos por la pandemia en China limitaron la circulación de varios patógenos por lo que la situación actual podría deberse a la falta de inmunidad natural en parte de la población.
No obstante, mientras se espera información oficial, la OMS aconsejó a las autoridades sanitarias chinas que vuelvan a impulsar "medidas para reducir el riesgo de enfermedades respiratorias, que incluyen la vacunación recomendada; mantener la distancia con las personas enfermas; permanecer en casa cuando se enferma; someterse a pruebas y recibir atención médica según sea necesario; usar mascarillas según corresponda; asegurar una buena ventilación y lavarse las manos con regularidad". Sobre estas últimas recomendaciones, cabe recordar que ventilar, filtrar y limpiar el aire que se respira en ambientes cerrados forman parte de las medidas más efectivas para reducir el riesgo de contraer enfermedades causadas por virus respiratorios. Varios estudios científicos que se hicieron en los meses más críticos de la pandemia demostraron que los beneficios de una correcta ventilación van mucho más allá del coronavirus.
Hoy se sabe que, además del lavado frecuente de manos y de las campañas de vacunación, también es importante la renovación permanente del aire en los ambientes para evitar que se multipliquen los contagios. Durante la pandemia de Covid 19 se comprobó que la ventilación de los espacios que son compartidos por varias personas durante varias horas es fundamental para evitar nuevos contagios. Los investigadores que estudian el comportamiento de los aerosoles en lugares cerrados señalan que mantener puertas y ventanas abiertas de manera continua genera un flujo de aire permanente, y eso evita que se acumulen las pequeñas gotitas a las que se adhieren los virus. No obstante, hay que reconocer que el riesgo de transmisión cero no existe. Todas las medidas de prevención reducen el riesgo, pero no lo eliminan completamente. Pero si queda claro que las diminutas partículas cargadas de virus permanecen en el aire de las áreas mal ventiladas, entonces se comprende mejor por qué las actividades al aire libre son más seguras que las que se realizan entre cuatro paredes.
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