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OPINIÓN

Conociendo los tiempos          

A los efectos de garantizar un sistema de interpretación teológica correcto, siempre es conveniente reconocer la dispensación de los tiempos; es decir, el estudio de cómo y cuándo actúa Dios.

Sabemos que el texto bíblico señala que las acciones de Dios son inescrutables o insondables; pero las cosas que quiso que entendiéramos las ha dejado para que podamos descubrirlas por medio del discernimiento de su palabra escrita.

No es lo mismo

En ese contexto, el tratamiento divino para con el hombre no es lo mismo en el período de tiempo de la Ley de Moisés, que en el período de la Gracia. En el primer caso es un tramo del tiempo en el cual Dios da instrucciones precisas a su pueblo Israel; en el segundo caso son instrucciones de Jesús a sus seguidores.

Referido a esta problemática, el autor de la epístola a los hebreos, hablándoles a los primeros hebreos que se habían convertido al cristianismo y que antes tenían como gobierno a la ley de Moisés, les dice que las cosas cambiaron, porque "Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a nuestros antepasados por medio de los profetas, en estos postreros tiempos nos ha hablado por el Hijo (Jesús), a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo". Dicho de otro modo, les dice que a partir de Jesús, hay que cambiar el modelo de conducirse.

Lo que se envejece desaparece

Recordemos que el texto bíblico define a la Ley de Moisés como el antiguo Pacto de Dios con los hombres, y al período de Gracia, iniciado con la muerte y resurrección de Cristo, lo define como el nuevo Pacto que reemplaza al anterior. Cuando el apóstol Pablo le explica esta realidad a los primeros cristianos, les aclara: "Al decir nuevo pacto, ha dado por viejo al primero; y lo que se da por viejo y se envejece, está próximo a desaparecer".

Desde un principio el plan divino se basó en la necesidad que el hombre obedezca las instrucciones divinas; sin embargo, una y otra vez, esas instrucciones fueron severamente incumplidas. Existe en el reino celestial una ley espiritual que señala que el hombre cosechará lo que siembra. En varias oportunidades, como castigo a la perversidad de la conducta humana, fue condenada al exterminio.

Cómo se pagaba la conducta mala

En la época de Noé, Dios aniquiló, por medio del Diluvio, a una raza humana totalmente corrompida. En otra ocasión, un cataclismo destruyó a las ciudades de Sodoma y Gomorra; por otro lado, El Faraón egipcio y todo su ejército fueron sepultados por el mar Rojo. En el caso del acceso a Canaán, la tierra prometida, en lugar de emplear las fuerzas de la naturaleza, se sirvió de los israelitas como ejecutores del exterminio. Al mismo tiempo, fue una advertencia para su propio pueblo, en el sentido que recibiría similar condena si elegían un sistema de vida abominable como los pueblos exterminados.

La conducta actual de la humanidad, salvo contadas excepciones, es igual o peor que en la época de Noé, o la de Sodoma y Gomorra. El mundo debería ser exterminado debido a lo abominable de su conducta; sin embargo, en su misericordia, dispuso Dios que Jesús pagara en la cruz las iniquidades del ser humano.

La buena noticia

Esta buena noticia, el perdón de Dios a todos aquellos que se arrepientan y acepten y sigan a Jesús, es el mensaje que lleva como bandera la iglesia. Dios solo modificó el sistema de premios y castigos. El que acepte y siga a Jesús no será condenado, pero el que lo rechace sufrirá el castigo eterno.

Debemos saber conocer los tiempos. Ahora es el tiempo del perdón para la humanidad, pero los hechos nos muestran diariamente que la mayoría de la población mundial no lo ha entendido así, y en lugar de seguir a Jesús, ha decidido seguir viviendo como Sodoma y Gomorra. Dios no manda al infierno a nadie, sino que la humanidad entera, salvo excepciones, ha decidido caminar hacia la condenación eterna.

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