Una película que vi(vi)mos todos
A cuarenta años de democracia, todavía se repiten frases alentadas por una dirigencia basada en panelismo de televisión, alejada de sus responsabilidades, y a años luz de las necesidades populares.
En estos días asistimos a la enésima revisión del acuerdo con el FMI en pos de conocer lo que nos depara el futuro a lxs argentinxs.
Aunque estamos lejísimo de las oficinas de Washington donde se discuten las condiciones, sabemos que toda referencia a "devaluación", "déficit fiscal" y "emisión monetaria" significa en buen criollo, ajuste, inflación y pobreza.
Lo sabíamos cuando apoyamos la decisión de Néstor Kirchner de "sacar" al Fondo de nuestro país, y lo ratificamos cuando repudiamos el retorno al FMI con el macrismo.
La novedad de la actual coyuntura es el registro de una alta proporción de votantes que estarían dispuestos a convalidar la presencia y el monitoreo del organismo financiero del imperio sobre nuestra política soberana.

En este sentido no abundan las encuestas que pudieran mencionar el porcentaje de ciudadanxs que desisten de ejercer su derecho al voto ante la frustrante sensación de que "gane quien gane" estaremos sujetos al control de este vestigio del imperialismo que se resiste a perder su hegemonía.
Asumir que la patria zozobra de la mano de las ideas del colonialismo y de las recetas neoliberales, nos permite incorporar más elementos de análisis para mejorar las respuestas y derrotar a la invasión, y a sus aliados locales.
Pero como uno "vota" cada día —desde su hogar, su trabajo, y en las relaciones cotidianas— sirve observar la conducta que manifestamos ante estos pesados lastres, para interpretar desde dónde "miramos" la magnitud del problema y sus causas.
Cualquier abordaje sectorial que omita, aunque sea al pasar, estas referencias podría configurar una negación o un desinterés acerca de la tutela ejercida por el organismo financiero, y sería como hablar por hablar, o hacerlo en el aire.
A los casos extremos de las grandes empresas que remarcan los precios mientras hablan de inflación, o a los de los "economistas de tv" que critican la presión tributaria, justifican la evasión, y omiten referir el porcentaje de impuestos que se paga en los países que esgrimen como modelos, se pueden agregar dos ejemplos de manual: el caso de los candidatos partidarios que fueron cómplices de la rendición a los fondos buitres, y hoy se hacen los salvadores, y el más lamentable de los dirigentes sindicales que habla de salarios pero no de una justa distribución de la riqueza, ni mucho menos del lugar de los trabajadores en un proyecto de país.
Así las cosas, a cuarenta años de democracia, todavía muchos repiten el "son todos lo mismo", alentados por una dirigencia que se esmera en el panelismo de redes y tv, lejos, muy lejos de sus responsabilidades, y a años luz de las necesidades populares.
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