El tetris de Capitanich
Los destinos posibles son tan extremos que el gobernador puede a partir del 10 de diciembre próximo batir su propio récord e iniciar un cuarto mandato al frente de Poder Ejecutivo o quedar obligado a retirar sus cosas de la residencia oficial de la calle Saavedra y quedarse sin un cargo en el Estado por primera vez en décadas.
¿El frente político del gobierno provincial perdió las elecciones primarias de junio por el deterioro económico y social que alcanza a todo el país, por un desgaste local ocasionado en gran medida por la continuidad en el poder durante 16 años, por el impacto del caso Cecilia o por una combinación de todos esos elementos? Es la pregunta que quisieran poder responderse el oficialismo y la oposición, pero nadie está en condiciones de hacerlo.
Como duda derivada se podría plantear ésta: si la desaparición y asesinato de Cecilia Stryzowski no hubiera sucedido, ¿habría ganado la coalición de Jorge Capitanich? Por la descomunal repercusión del crimen, inédita en la historia de nuestra provincia, es tentador suponer que al Frente Chaqueño le hubiera ido mejor sin la conmoción generada por el brutal homicidio y por quienes integran el elenco de imputados, tan cercanos al poder.
¿Qué se piensa en el gobierno? El gobernador, su núcleo próximo y sus seguidores suponen que sí, que todo hubiera sido diferente sin la bomba del impiadoso exterminio de Cecilia estallando en plena campaña. En sus evaluaciones públicas posteriores a la votación, Capitanich, incluso, consideró que la ventaja obtenida por Juntos por el Cambio (cinco puntos porcentuales en la categoría principal) fue una brecha amable teniendo en cuenta la erosión cotidiana provocada por la inagotable sucesión de revelaciones tenebrosas sobre el crimen. Podría haber sido peor y no fue, dicen.
La oposición, en tanto, con los resultados a la vista pone cara de haber sabido siempre que ganaría. Pero íntimamente los referentes de JxC llegaban a la elección, hasta la primera semana de junio, con la expectativa de perder por una diferencia ajustada, que mantuviera viva la ilusión de dar vuelta las cosas en septiembre o, al menos, la de forzar a un balotaje.
La nueva realidad
Pero, como siempre pasa en la vida, carece de sentido hablar de aquello que pudo ser y no fue. Es historia. Corrección: ni siquiera es eso. La nueva realidad es que Capitanich está parado en el momento más complicado de su vida política. Más todavía, mucho más, que las derrotas catastróficas de 1999 y 2003, cuando como aspirante a la gobernación fue vapuleado por Angel Rozas primero y por Roy Nikisch después. En aquellas ocasiones era joven, podía alentarse diciendo que tenía mucho por delante y nadie podía reprocharle que mordiera el polvo en batallas absolutamente desiguales contra el apogeo radical. La ausencia de expectativas electorales reales hacía que en términos políticos (principalmente la posibilidad de erigirse como figura referencial de la oposición al rozismo) tuviera -en aquellos tiempos- todo para ganar y prácticamente nada que perder. Totalmente lo contrario a lo que le sucede ahora mismo.
Esta vez los destinos posibles son tan extremos que el gobernador puede a partir del 10 de diciembre próximo batir su propio récord e iniciar un cuarto mandato al frente de Poder Ejecutivo o quedar obligado a retirar sus cosas de la residencia oficial de la calle Saavedra y quedarse sin un cargo en el Estado por primera vez en décadas. Literalmente, todo o nada.
Llueve afuera y adentro
Quien más conoce las alternativas es, claro, el propio Capitanich. Desde la trompada en la quijada del 18 de junio, viene preparándose para la batalla final. El desafío es recomponer bases de sustentación hacia afuera y hacia adentro.

El eje de su estrategia vuelve a ser una entrega total a la agenda oficial y partidaria, exprimiendo al máximo todas las posibilidades materiales de realizar anuncios para amigar al electorado crítico, concretar inauguraciones, asegurar que los intendentes propios jueguen a fondo, estimular a todos los niveles de la tropa peronista y atar nuevos acuerdos (si hiciera falta, abriendo la alacena de sapos). Uno de los puntos que más lo preocupa es que en junio el frente interno se mostró resquebrajado: en varios municipios su precandidatura a la gobernación obtuvo menos votos que las nominaciones municipales del PJ. ¿Los caudillos locales prefirieron despegarse de él y repartieron boletas cortadas priorizando la supervivencia personal?
El otro desvelo es la continuidad del asesinato de Cecilia en lo más alto del interés público. El gobierno nunca encontró un lugar adecuado de la historia en el cual pararse. Al principio hasta pareció apostar a que las primeras denuncias de Gloria Romero (la madre de la joven) en las redes sociales no llegaran a mayores y a que Cecilia apareciera con vida. Se notó en la actitud de los medios del Estado provincial, que no le dieron espacio al caso y que cuando éste ya se había vuelto noticia nacional continuaban sin mencionar a Emerenciano Sena y a Marcela Acuña, refiriéndose a ellos como "personas adultas detenidas".
Al filo
La moneda cayó del otro lado y a partir de ahí el gabinete siguió sin hallar la manera de tocar la misma canción que se oía más allá del círculo de leales. Para colmo, la primera abogada de Gloria Romero denunció haber sido "apretada" por la ministra de Seguridad ("me dijo que baje los decibeles"), algo que ésta negó. Y luego, la sucesión de detalles y pruebas que volvían más y más revulsivo lo ocurrido con la esposa de César Sena.
Es posible que, en realidad, no hubiese manera de que el gobernador y sus funcionarios hallaran una posición que no reportase costos. La madre de Cecilia tuvo desde el principio una mirada híper crítica sobre el gobierno, basada centralmente en el respaldo económico y político que brindó siempre a la organización de los Sena. Un dato innegable que la gestión intentó relativizar con argumentos de escasa penetración: todo el mundo sabía que la empresa piquetera de Sena era una mimada de la administración. Hasta las medidas tomadas para mejorar la imagen oficial en el caso (dar de baja a la lista de Emerenciano y Acuña en la coalición gobernante, intervenir la Fundación Acuña, cesantear a los Sena como personal jerárquico del sistema escolar, revisar asignaciones de equipos y maquinarias, entre otras) guardan una autocrítica implícita, válida como tal, pero también confirman cuán estrechos eran los lazos.
Curva de 90 grados
Hubo además un giro brusco en la actitud oficial ante los piquetes que desde hace muchísimo tiempo se volvieron una exasperante rutina del Chaco. "Hay un hartazgo social", descubrió días atrás el gobierno, al desalojar del centro con la policía a un movimiento social. El anterior consentimiento total a los cortes de calles y a la agresividad de esas manifestaciones (que en varias ocasiones terminaron con daños materiales y personales a quienes pretendían sortearlas) dio lugar ahora a una posición inflexible. Aparecieron los protocolos que antes, por lo visto, se habían traspapelado en algún armario.
En lo interno, falta ver si el traspié de junio lleva a Capitanich a abrir una negociación con Gustavo Martínez, que con los votos obtenidos en las PASO incrementó notoriamente su cotización. Algunos ven en el desboblamiento de comicios de Resistencia una primera señal de que la reconciliación es posible, si bien la separación de fechas (en la capital la renovación de cargos municipales se votará en noviembre) es un recurso que Martínez necesitaba, con o sin pacto, para reforzar las chances de Elida Cuesta, su esposa, como candidata la intendencia. Y están también los votos de Juan Bacileff Ivanoff y de Domingo Peppo, que no fueron abundantes pero se volvieron necesarios. ¿Los buscará el gobernador? ¿A qué precio?
El objetivo, más que nunca, es recuperar la punta y superar el 45% de los votos, lo que permitiría evitar un balotaje que hoy se ve como sinónimo de derrota y adiós. En el medio del camino están las PASO nacionales, que podrían sumar desaliento si Unión por la Patria queda lejos de la sumatoria de Juntos por el Cambio.
¿Hay algo a favor? Algunas cosas: la parsimonia que sigue mostrando la UCR provincial, la posibilidad de que el caso Cecilia se enfríe en las semanas que siguen (sumada a la ilusión oficial de que Marcela Acuña deje de escribir cartas) y la esperanza de que la situación económica general no continúe desbarrancándose y muestre una mejoría relativa (por ejemplo, con una tendencia a la baja de los índices de inflación).
Mientras tanto, el tetris de Capitanich tiene muchos espacios abiertos y las piezas disponibles que van apareciendo no tienen las formas que desearía.
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