Resistencia23°Min. 20° • Max. 31°

Un dinosaurio en la heladera

La ciencia, la bioética, la ingeniería genética, las neurociencias, la robótica, la cibernética, la astronomía, y la inteligencia artificial han llegado a complejidades tales que sus investigaciones de punta no tienen limitaciones técnicas, sino fundamentalmente éticas.

 Hoy ya existen cadenas de adn de especies extintas que podrían ser eventualmente vueltas a la vida; se pueden clonar seres sin cabeza a fin de obtener órganos; se puede producir carne vacuna para consumo sin necesidad de criar vacas; en fin son tan complejas las cuestiones que el hombre puede resolver en la actualidad con éxito, que no hay forma alguna de justificar el estado de atraso y degradación en que se encuentra la Argentina por la incapacidad que tenemos los argentinos de administrarnos, y en este sentido no hago atribución específica sino a la dirigencia en su conjunto.  

Hacen cuarenta años desde que volvió la democracia, y no hubo un solo momento en que hayamos crecido económicamente por mérito propio, y  no por cuestiones azarosas como el valor internacional de los comodities que exportamos sin ningún tipo de valor agregado. No hemos podido tecnificaros, no hemos podido realizar infraestructura necesaria para el crecimiento industrial; no hemos podido capacitar personal en especialidades de punta, y los profesionales técnicos formados generalmente han emigrado; no hemos podido cumplir con derechos humanos básicos como lo son los derechos a la salud, a la educación, al trabajo, a la vivienda, o sea no podemos salir de la pobreza; y en contrapartida tenemos una clase dirigente enriquecida que en lugar de proteger los sectores vulnerables de la sociedad los usa para beneficio propio, con políticas asistenciales  sin término ni respuestas de fondo a la pobreza.


gobernabilidad.jpg

El problema que tenemos está lejos de las complejidades que el conocimiento y la técnica han enfrentado y resuelto. Lo que tenemos que hacer los argentinos es simplemente aprender a distribuir los recursos del estado de forma tal que se fortaleza el sector productivo estableciendo reglas claras y consensuadas con los sectores intermedios, se protejan los sectores vulnerables haciéndolos crecer, y dando transparencia a los actos de gobierno. Esto que parece tan simple en un país sin problemas demográficos, con grandes riquezas naturales, no ha podido ser resuelto, o sea no nos hemos podido poner de acuerdo sobre qué país queremos ni establecer prácticas sociales respetadas por todos.

Vemos que no podemos distribuir los recursos del Estado en forma eficiente y justa para poder crecer, porque esos recursos se distraen a intereses sectoriales cuando no personales, por eso necesitamos dirigentes capacitados para la gestión, no dirigentes que esperan llegar al puesto para ver con qué se encuentran, no digo dirigentes capaces de entender las complejidades de la ciencia pero por lo menos que puedan resistir el archivo de sus propios discursos sin contradecirse ni mentir, y que estén formados y capacitados para construir los consensos necesarios;  tenemos que empezar a no escuchar las palabras de los discursos sino ver los hechos y los antecedentes, dejar de atender a las encuestas y a las campañas publicitarias multimillonarias destinadas a endulzar los oídos de la gente más que a fortalecer el espíritu crítico.  

El primer desafío es reconocer donde estamos, dejar de quejarnos de lo que nos tocó en suerte y empezar a construir el país que queremos. No somos víctimas del imperialismo internacional. Estamos donde estamos porque no supimos gobernarnos, nuestros propios dirigentes no fueron capaces de tomar las decisiones adecuadas ni convocar al proyecto de país que nos permitan insertarnos como iguales en el concierto internacional. Muchos otros países que estaban en peores situaciones de la Argentina como los del Sudoeste Asiático, o como Korea o India,  por solo mencionar algunos que luego de la segunda guerra se morían de hambre hoy son potencias, incluso en la misma Unión Europea hay casos como el de Portugal que supieron sobreponerse por el esfuerzo de sus propios ciudadanos que lograron articular acuerdos sociales y respetarlos, mientras en Argentina en 2023 no podemos siquiera asegurar el transporte público, y tenemos a la dirigencia echando culpas para justificar lo injustificable. Donde la salud pública es paupérrima, los graves problemas de inseguridad en todo el país, con puntos de altísima gravedad como, Rosario, el conourbano bonaerense, etc. no solo no tienen solución, sino que se agravan. Grandes sectores de la población en estado de indigencia sin acceso a derechos básicos evidencian que lo estamos haciendo mal. Los discursos de odio y visión esquizofrénica de la sociedad son dañinos para todos.  

Al igual que los científicos de punta que sus más difíciles problemas son de orden ético, los argentinos -y sobre todo la dirigencia- enfrenta una encrucijada de orden ético. O dejan los distintos sectores de creerse dueños de la verdad y querer apropiarse del poder para excluir a los opositores sin entender que es necesario establecer acuerdos básicos de entendimientos sectoriales y respetarlos dando gobernabilidad a sistema, si no se dejan de sembrar discursos de odio y enfrentamiento ideológico y no construimos un proyecto de país para todos que se inserte en el mundo en forma competitiva respetando los valores y principios democráticos,  seguiremos quejándonos del FMI mientras el pueblo se muere de hambre y la dirigencia se sigue enriqueciendo.

(*El autor es abogado - Mat. 1735)

Más de recursos del Estado+ Ver todas
Te puede interesar