Los ferroviarios de la nacionalización
Su mayor capacidad de carga en distancias favoreció el desarrollo: una formación con más de más de mil toneladas equivale a 50 camiones. Actualmente, con un litro de gasoil el tren puede trasladar una tonelada por casi 150 km; el camión, solo 40 km. - Por Raúl Osvaldo Coronel*

En 1947 se formalizó el cambio de paradigma establecidos por ingleses y franceses. El gobierno nacional dispuso unir localidades estableciendo interconexión entre líneas. La red ferroviaria argentina, con 34.059 km de vías fue, en su momento, una de las más grandes del mundo, la más extensa de Latinoamérica y una de las más extendidas de América.
Llegó a tener casi 45.000 km de vías después de la nacionalización, pero se fueron reduciendo paulatinamente: se puso el énfasis en el transporte automotor, producto de decisiones corruptas, presión de corporaciones o ignorancia de gobernantes sin apoyatura técnica. La regresión se apresuró en 1958, con planes orientados a la red caminera y cierre de ramales, reduciendo casi 30.100 km de vías.
Muchos años después de la nacionalización, los trenes cumplían a horario sus recorridos y el personal trabajaba con especial dedicación y esmero, mejorando el ritmo de los franceses porque ahora los sentían suyos. Como hijo de ferroviario conocí la línea de Monte Quemado a Intiyaco pasando por Resistencia, que me dio experiencias, más lo que aprendí cuando escribí las historias de mí pueblo, Charadai.
El Colorado Aguirre trabajó en "material remolcado o rodante" -"los rueditas", les decían-, atendiendo el sistema de desplazamiento de vagones o locomotoras, sus frenos, descarrilamientos, etc, dependiente del Depósito de Locomotoras Charadai. Su papá fue capataz de "vía y obras" en la cuadrilla de Ingeniero Barbeth y Colonias Unidas, en la época del FFCC Santa Fe -les decían "catangos", siempre haciendo pozos para los durmientes.
El cambio de locomotora se hacía en Charadai, donde había 400 empleados. Allí preparaban las máquinas para la formación en tránsito. El Colorado fue capacitador en la Escuela de Formación de la Unión Ferroviaria del mismo Charadai. Era obligación certificar la aptitud para el puesto vacante rindiendo examen en Santa Fe. Una vez que aprobaban, en agradecimiento a la Escuela contaban que los otros aspirantes se sentían ya desplazados antes de rendir.
El Colorado me contaba con orgullo la asistencia a las locomotoras del tren de carga de mercaderías perecederas que viajaba de noche desde Santa Fe-Resistencia, el famoso "papero", con más de 30 vagones, -era el número 569. Llegaba a Charadai a las 4 am, cambiaba locomotora y seguía viaje a las 4.22. Desde Charadai hacia el Sur había otro tren de carga con mercaderías que partía con ese destino exactamente a las 6 am.
Después de Laguna Paiva, Charadai fue el depósito de máquinas de mayor importancia, con 44 locomotoras en custodia. Pero para los festejos de los 100 años del pueblo no se pudo recuperar ninguna, solo había un "tender" (donde se cargaba agua y leña) en Barranqueras, que no pudieron llevar por falta de medios. Sin embargo, algunas locomotoras de la dotación Charadai se exhiben como propias en Balnearia, Arroyito y Las Breñas, las conozco de memoria.
En el depósito de Charadai había cuatro tipos de locomotoras provenientes del FFCC Santa Fe, las que dejaron de funcionar en 1979 y fueron trasladadas a Laguna Paiva, Santa Fe, para su posterior desguace (series de 4 séptimas, 18 octavas, 9 novenas, 2 décimas y 11 norteamericanas (las series obedecían a su diseño).
La procedencia de los trenes se anunciaba con toques de campana según de dónde vinieran: una de Santa Fe, 2 de Resistencia, y 3 de Villa Ángela. Era mi tarea, que hacía con la supervisión del auxiliar de tráfico. Con 11 años estudié telegrafía (comunicación por código morse). En las fiestas de fin de año íbamos con mis amigos al depósito, y con permiso hacíamos sonar los silbatos de las locomotoras a la medianoche, entre otras la 4612/4664 y 4267, que se exhiben por ahí.
El paso del tren por la localidad era una distracción para todos los vecinos; grandes y chicos nos poníamos de gala para ver al de las 20 de Santa Fe, que hacía escala de media hora. Con el tren llegaban todas las noticias, diarios y revistas, el bolsón postal, y como no había cartero, la recibía el "estafetero": en voz alta decía el nombre del destinatario, y si él no estaba presente nos ofrecíamos para llevarle (por la entrega recibíamos una propina).
Charadai, por su importancia y el empalme a Villa Ángela, tenía diez vías frente a la estación para estacionamiento de trenes de carga. Las 1, 2 y 3 eran para pasajeros y después de las vías había un grupo grande de casas habitadas. Un día, cuando divisamos la entrada del tren de pasajeros, desde esas casas salió una persona corriendo -vaya a saber por qué motivos- y se arrojó a la vía 1; por suerte el tren ingresó por la 2 -nos asustamos todos.
Todo lo contrario al FFCC nacionalizado fueron los de los franceses, que explotaban a los obreros, los trataban con rigor y soberbia, actuando como en sus colonias de África. Un ejemplo: en el centro operacional de locomotoras de Charadai, en la época del FFCC Santa Fe, hubo un capataz muy temido por sus maltratos e intimidación a todos los obreros. Se sentaba en un lugar estratégico del depósito, en un sillón o silla alta, como los que usan los árbitros de tenis, para atemorizar desde allí. De apellido Claude, fue bautizado "el tigre": portaba en su cintura un revólver 38, más un látigo al hombro. Al menor indicio y sin palabras había tiros y latigazos para los operarios. Los ingleses tenían también de estos ilustres en la explotación del quebracho, que hablaban en voz alta para imponer su autoridad de intocables.
El talento para los ferrocarriles nos viene de lejos: la PS10 fue un modelo de locomotora de vapor tipo Pacific, diseñada en la Argentina y construida en Gran Bretaña para trenes de pasajeros del Ferrocarril Central. De diez unidades, fue legendaria la 191, conducida por el maquinista Francisco Savio, que en 1926 batió el récord sudamericano de velocidad entre Buenos Aires y Rosario: hizo los 300 km en 3 horas y 21 minutos, a un promedio de 90 km/hora. Abandonada y destruida, un grupo de ferroviarios la reacondicionó y la puso a rodar nuevamente.
*Abogado, especialista en evaluaciones ambientales, escritor, historiador del Chaco y sus ancestros.










