IA, negocios y explotación laboral
Según la publicación especializada IPro, se espera que para 2026 el mercado global de Inteligencia Artificial (IA) crezca al 19% anual y que genere ingresos por unos u$s 900.000 millones.

Sin duda se trata de un cálculo influido por el sorprendente impacto de la puesta en línea para uso público -desde hace pocos meses- de poderosos modelos de Inteligencia Artificial generativa (ChatGPT y Dall-E, Midjourney, etc), que han exhibido niveles semi-humanos de reconocimiento y generación de textos, imágenes, videos, voz, código de máquina, a un nivel que apenas deja intuir las grandiosas aplicaciones a las que darán lugar.
Empresas como Microsoft, Google, Adobe, Amazon y otros gigantes del sector ya las agregan a sus motores de búsqueda y herramientas de productividad empleadas cada día por millones de personas. En paralelo, gobiernos, bancos y fondos de inversión globales se han lanzado a una carrera de masivas inversiones en este negocio.
Hay que decir que esta tecnología lleva más de 30 años de desarrollo, pero en estos días ha podido exhibir un gran nivel de maduración, y sobre todo la certeza de que podrá aplicarse en una enorme cantidad de sectores con altas capacidades.

Reparos y temores
La Unesco consideró que "debe aplicarse sin demora el Marco Ético Mundial sobre IA", firmado unánimemente en 2021 por los 193 Estados miembro. La organización de la ONU se ilusionaba con que así podría "garantizarse la transparencia y la accesibilidad de los algoritmos" de IA. Tal ilusión no se compadece con hechos como el despido de los investigadores Timnit Gebru y Margaret Mitchell por parte de Google en ese mismo año 2021, cuando señalaron los peligros de los modelos generativos de IA que desarrollaba esa empresa.
Gebru y Mitchell no se habían referido a los cambios tectónicos que la IA provocaría en el mundo tecnológico y en todas las ramas de negocios tecno-intensivos, sino a las cuestiones éticas amenazadas por estas innovaciones, principalmente en materia derechos humanos, protección de datos, privacidad, discriminación, desinformación, pruebas jurídicas, nuevos desarrollos científicos, etc.
El Financial Times consignó que la actitud de Google para con estos dos científicos "está siendo replicada en otras grandes tecnológicas, como Microsoft, Meta, y Amazon, que reducen sus equipos de ética".

Elon, el "ético"
Pero entre las numerosas reacciones de la opinión pública –desde el asombro a la alarma- la más llamativa provino curiosamente de Elon Musk, de otros grandes empresarios de la tecnología y de un millar de investigadores tecnológicos, que firmaron una carta abierta para reclamar "una pausa" de seis meses en el desarrollo de nuevos sistemas avanzados de IA, para detener lo que llaman "una carrera armamentista peligrosa", a la espera de que puedan elaborarse protocolos y marcos de control más eficientes.
"(…) un llamado a todos los laboratorios para que pausen de inmediato durante al menos seis meses el entrenamiento de los sistemas de IA más potentes que GPT-4. Esta pausa debe ser pública y verificable, e incluir a todos los actores clave. Si tal pausa no se puede promulgar rápidamente, los gobiernos deberían intervenir e instituir una moratoria (…) Los sistemas de IA con inteligencia humana-competitiva pueden plantear riesgos profundos para la sociedad y la humanidad (…) Tales decisiones no deben delegarse en líderes tecnológicos no elegidos".

Esta invocación del arbitraje y el control consensuado –y eventualmente de la vigilancia e intervención de los gobiernos- está encabezado nada menos que por uno de los empresarios más competitivos e impiadosos en la creación y dominio de nuevos mercados, desde la carrera espacial hasta los autos eléctricos y la internet satelital, quien incluso ha incursionado en dudosas aventuras políticas que incluyeron golpes de Estado en países con riqueza minera.
Una periodista de la revista The Economist registraba este significativo detalle, comentando con cierta sorna: "Debemos suponer que la capacidad de la IA de alterar el statu-quo tecnológico y empresarial es tan vertiginosa y sobrecogedora, que uno de los que más se ha beneficiado con esas alteraciones en estos años, considera que es urgente e imprescindible hacer una pausa".

Tarde piaste
Es que el notable llamado de Elon Musk suena un poco a hipocresía y otro poco a "llegar siempre tarde donde nunca pasa nada". Al llamado "orden mundial" o "gobernanza global" que rigió en los últimos 70 años hace tiempo que se le escapan las tortugas.
Mientras intenta frenar el cambio climático con declaraciones que todos firman y nadie cumple, tras una pandemia en la que dio prioridad a los negocios y a la ganancia, posponiendo la vida humana a nivel global –sea en los tradicionales "rescates empresariales" por parte de los Estados, como en el manejo de las novedosas vacunas de mRNA-, y con otra guerra mundial en desarrollo, la pretensión de "sacar el máximo partido a la IA (…) sin que se escape del control humano" sonaría cómica si no fuera trágica.
Mano de obra barata
Bill Gates, el fundador de MicroSoft, fue otro que se manifestó "asombrado" cuando presenció cómo ChatGPT aprobó un examen de biología avanzada: estimó que la IA traerá "enormes beneficios" en materia de investigación en salud y educación. El hombre calculaba que solo en esa dos ramas se obtendría mucha más productividad con mucha menos inversión en la formación y contratación de científicos.
En esa misma línea, un informe del banco de inversión Goldman Sachs preveía que el uso generalizado de la IA en la industria impulsaría la productividad laboral y aumentaría 7% el PBI global.
Con un concepto más profundo, otro artículo del Financial Times hacía notar que hay un deterioro constante y creciente de los lazos entre las dos mayores economías del mundo. Citaba la aprobación de la "Ley de Reducción de la Inflación" y "la Ley de Chips y Ciencia" (2022), que exhiben la intención de EEUU de implementar una política industrial de autoprotección que enfrente y obstaculice a enemigos y a neutrales, e incluso a supuestos aliados.
Mientras la guerra se desarrolla, EEUU busca trasladar las industrias a su territorio y establecer cadenas de suministro más cercanas y más controlables, lo que a su vez encarecerá la mano de obra. El artículo concluía en que "La presión sobre las empresas para construir múltiples cadenas de suministro y reducir la dependencia de China crea nuevas restricciones en la capacidad de buscar mano de obra donde esté disponible (…) Si la mano de obra barata se convierte en otro insumo escaso, debemos esperar más máquinas y menos trabajadores".
El economista Nouriel Roubini, célebre por sus análisis que anticiparon la crisis financiera global de 2007/2008, aclaró en una conferencia que "Por cierto, este nuevo maquinismo guiado por IA no va a hacer desparecer el trabajo. Se crearán nuevas modalidades laborales, pero los nuevos trabajadores, con seguridad, verán aún más reducidas sus capacidades para incidir en la producción. Existe el riesgo de que física y mentalmente se vean reducidos a la condición de una máquina alimentando a otra máquina. La introducción de la IA hará que la vigilancia y control sobre el trabajo humano por parte de la máquina se intensifique, mientras disminuye el control que tiene el hombre sobre la misma máquina".
Entre numerosos ejemplos, Roubini destacaba la investigación de la revista Time sobre la empresa OpenAI, creadora de ChatGPT, que había subcontratado a la empresa Sama, de California, para desarrollar un sistema de protección de ingreso de datos en su ingenio de IA. El objetivo era que ChatGPT no arrojara resultados "problemáticos" que incluyeran pornografía, homofobia, sexismo u otras aberraciones.
Sama, que se promociona como una empresa de "inteligencia artificial ética", reclutó, a su vez, a trabajadores en Kenia, donde los salarios son varias veces más bajos (u$s 1 por hora). Los trabajadores nigerianos debían observar, clasificar y marcar materiales textuales, imágenes y videos con todos esos contenidos "problemáticos", día tras día, durante años.

Semejante trabajo, como pasó con otros trabajadores de "moderación" de contenidos en TikTok o Meta (Facebook), causó graves problemas mentales a los empleados, expuestos a todo tipo de contenidos dañinos, que incluían abuso sexual contra menores, delitos de violencia inusitada y un sinfín de cuestiones "problemáticas".
Los trabajadores relataron a la revista Time que, tras el consumo sistemático de este contenido, muchos acababan afectados psicológica y emocionalmente. Uno dijo: "Hay que ver y leer miles de barbaridades como esa durante toda la semana. Cuando llega el viernes, estás perturbado y hasta enfermo por pensar en esas imágenes".
Aún peor: como pasa en otras empresas, a los trabajadores se les daba una ayuda psicológica con "consejeros de bienestar laboral". Los empleados le contaron al periodista que las sesiones no solo eran inútiles, sino que terminaban siendo un sistema de presión para "volver rápido al trabajo y ser más productivos".
La tragedia del trabajo
Hemos visto que estas primeras manifestaciones de una nueva y revolucionaria tecnología llevan a los financistas a regocijarse en las ganancias futuras, a los empresarios a temer las alteraciones que producirá en la economía, y a los intelectuales a cuestionarse sus derivadas éticas.
Hemos visto a economistas y banqueros previendo el grandioso impulso que la IA daría a la productividad laboral y al aumento del PBI global. El informático cordobés Javier Smaldone inventó un término para los que creen que la tecnología solucionará mágicamente los problemas: "tecnopas".

Mientras, los trabajadores ya sufren los primeros daños de un aumento cuantitativo y cualitativo de la explotación, como se aprecia en el caso de los empleados keniatas de ChatGPT.
Viene al caso cerrar este artículo con las palabras del político estadounidense Robert Kennedy sobre el PBI, que en este contexto podrían aplicarse a la IA y a las expectativas que despierta:
"Nuestro PBI suma en su cálculo la contaminación atmosférica, la publicidad del tabaco y las ambulancias que van a recoger a los heridos de nuestras autopistas. Registra los costes de los sistemas de seguridad que instalamos para proteger nuestros hogares y las cárceles en las que encerramos a los que logran irrumpir en ellos. Crece con la destrucción de nuestros bosques y su sustitución por urbanizaciones caóticas y descontroladas. Incluye la producción de napalm, armas nucleares y vehículos blindados que utiliza nuestra policía antidisturbios para reprimir los estallidos de descontento urbano. Recoge los programas de televisión que ensalzan la violencia con el fin de vender juguetes a los niños.
"En cambio, el PBI no refleja la salud de nuestros hijos, la calidad de nuestra educación, ni el grado de diversión de nuestros juegos. No mide la belleza de nuestra poesía ni la solidez de nuestro matrimonio. No se preocupa de evaluar la calidad de nuestro debate político ni la integridad de nuestros representantes. No toma en consideración nuestro valor, sabiduría o cultura. Nada dice de nuestra compasión ni de la dedicación a nuestro país.
"En una palabra: el PBI lo mide todo, excepto lo que hace que valga la pena vivir la vida".
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