Renovar la esperanza
La difícil coyuntura social y económica que afecta a muchos hogares de la provincia y el país obliga a multiplicar los gestos de solidaridad hacia los sectores más vulnerables de la población. En ese sentido, la Pascua de Resurrección, que representa para los creyentes el símbolo de un nuevo comienzo, es también un llamado a renovar la esperanza y a reafirmar el compromiso con la construcción de una sociedad más justa.
Es necesario reflexionar en esta jornada sobre la construcción del bien común y sobre la importancia de no caer en la tentación de subordinar todas las actividades humanas a la lógica del mercado, en un país como el nuestro que tiene a buena parte de su población viviendo en condiciones de pobreza. Esta compleja coyuntura plantea el enorme desafío de redoblar los esfuerzos para lograr la inclusión de los sectores marginados, generando mayores oportunidades de empleo digno para las nuevas generaciones. Como se ha señalado ya en otras oportunidades en esta columna, este momento de la sociedad argentina no necesita confrontaciones.
Con dos de cada tres niños que viven en condiciones de pobreza y, por lo tanto, privados de sus derechos básicos, es imperdonable la actitud de quienes solo buscan agudizar las contradicciones —que existen en toda sociedad en la que conviven intereses de los diferentes sectores—, sin presentar ninguna alternativa de solución seria para resolver los problemas estructurales de la sociedad. Lo que se necesita es voluntad para buscar coincidencias que nos ayuden a reducir los alarmantes índices de pobreza que se traducen en situaciones extremas, como el hambre o la exclusión que, tarde o temprano, terminan afectando al conjunto de la comunidad. Es que cuanto mayor sea el nivel de desigualdad mayor será el deterioro del tejido social.
No se trata de pedir que se dejen de lado las convicciones y creencias de cada uno, sino de aprovechar este tiempo de esperanza para reflexionar y para aportar respeto hacia los otros para poder construir una provincia y un país mejor. De lo que se trata es de fortalecer los vínculos y la confianza, rescatando todo aquello que nos une para poder enfrentar, juntos, la lucha contra la pobreza y la marginación que amenaza nuestro presente y el futuro de varias generaciones.
Esta Pascua de Resurrección es también un tiempo de esperanza, un tiempo para ayudar al prójimo, especialmente a los que sufren todo tipo de privaciones. Debe ser entendida como un nuevo comienzo que sirva para dejar de lado las posturas intransigentes y reemplazarlas por actitudes más constructivas y saludables que ayuden a encontrar coincidencia en el amplio abanico de ideas y visiones del mundo diferentes que existen en una sociedad. Hay que recuperar la capacidad de sostener una discusión inteligente sobre los problemas más serios que afectan al país: la inflación, la pobreza y la distribución del ingreso. Para eso, se debe dejar de lado la poca sana costumbre de polarizar el debate público, con discusiones que parten de posiciones extremas, irreconciliables. La historia nos enseña que actuar de esa manera, con una confrontación permanente que pone obstáculos a la búsqueda de acuerdos básicos solo conduce a agravar los conflictos.
Desde que se recuperó la democracia, en 1893, la ciudadanía comprendió la importancia de respetar las instituciones que establecen los mecanismos y dispositivos a los que se deben recurrir para hacer frente a los distintos grados de conflictividad que se producen en el seno de la sociedad. A partir de ese consenso básico, hoy se debe retomar el camino de la esperanza para construir, entre todos, un país mejor.
Eso implica plantear los debates sobre los asuntos públicos más importantes respetando todas las opiniones, comprendiendo que ante cada problema estructural que aqueja a la sociedad lo que se necesita es una gran apertura al diálogo y respeto por quienes piensan diferente. El análisis de este difícil presente obliga a abandonar aquellas anteojeras ideológicas que imponen esquemas rígidos, intentan encorsetar la realidad e impiden ver con claridad cuáles son las mejores alternativas que pueden aportar soluciones viables a los dramas que padece gran parte de la población.
Ojalá que este tiempo de esperanza sirva para fortalecer los vínculos y la confianza entre los distintos sectores de la sociedad y también para practicar la solidaridad con los que menos tienen.











