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Mariana Alegre

Columnista

Pizza fría y mate para el desayuno

La polarización está en auge. No, no de moda. Cada vez más nos acercamos a los extremos, en todos los aspectos de la vida. Salvo en que Messi gane el Mundial, nos hemos empecinado, cuales bebés en etapa de caprichos, en no ceder, en no escuchar al otro, que no piensa igual. La polarización se ha teñido de sangre, ha roto vínculos, sociedades. ¿Es la opinión, actualmente, el caballo de Troya de quienes buscan el mal, como antes eran los rusos, los extraterrestres, y ahora los zombis, en las películas de acción?

Hacía mucho tiempo que no recurríamos al diccionario. Tengo que comentar que los algoritmos pusieron en primer lugar al diccionario de Oxford (Inglaterra). Pero prometo no olvidarme de nuestra querida RAE (Real Academia Española), que además nos devolvió al acento a sólo. 

Bueno, volviendo de la rama a la cual me subí vamos, entonces a la definición que Oxford tiene sobre opinión: idea, juicio o concepto que una persona tiene o se forma acerca de algo o alguien. Sigo mi búsqueda por los diccionarios, y pido sinónimos: dictamen, parecer, juicio, veredicto, criterio, sentir, convencimiento, fama, prestigio, reputación, crédito, consideración.

No me he encontrado con la palabra postura o posición, y al buscarlas por separadas me señala "La ley de la escritura" que es una actitud o manera de pensar sobre algo o alguien. ¿Soy solo yo, o suenan similares?


Crear puentes, entre generaciones, para no dejar de conversar.

Wikipedia, si la tan bastardeada enciclopedia libre que nació con la tecnología, me permite ir más allá. Si bien, primero me dirige a un tema de Nirvana, también me plantea que "según la filosofía" esta palabra "hace referencia a conjeturas y puntos de vista que no tienen la verdad absoluta sobre algún tema, es decir se puede cuestionar y del mismo modo cabe la posibilidad de encontrar desaciertos e inexactitud, puesto que no poseen una evidencia exacta."

¿Podríamos haber llamado columna de "parecer sobre" a este espacio?. Quizás, pero ya me metería con todos los manuales de estilo y años de enseñanza universitaria, y mi rebeldía a los 42 años, me dice que "elija mis batallas". 

Me quedó dando vueltas la idea de que hemos transformado nuestra "humilde opinión" en posturas, posiciones sobre: lo que sea que se discuta en redes sociales, mayormente. 

Lo que antes era sobre fútbol, política o cómo se cocinaban las milanesas, hoy se ha trasladado a cada pequeño paso de la vida. Hace unos días estuvimos 30 minutos parados con mi primo y mi hermano para decidir a cuál lugar de comida entrábamos. Ni hablar si tenemos que decidir entre mujeres. Bueno, acá podríamos decir: ponernos de acuerdo. Cuando se trata de amigos y familia, es ponernos de acuerdo: dónde pasamos Navidad, dónde vamos de vacaciones, quién se queda con la herencia, bueno en esto último casi siempre llega a la familia un abogado (no se enojen, seres de la ley, tengo muchos amigos y amigas en el rubro, y seguro los necesitaré….espero que no después de esta columna). 

Aunque,  en contra de nuestra voluntad, vamos a la casa de la tía x o la abuela x. Vamos a ese lugar donde te aburrís o crees que es muy caro para lo que tenes que declarar ante los organismos de control financiero. Y la anarquía, generalmente termina en "nos quedamos en la casa", o en herencia para el abogado. 

Soy de las que se ha enriquecido con la disidencia (cultural y personalmente, no de la otra forma). Pero tengo mis límites, y eso es importante ponerlo como regla de juego. Pero hemos sustituido el pensar diferente, tener una opinión diferente, a declarar la guerra, sea literalmente o como metáfora. Hemos anulado el debate, la conversación, la discusión porque ha terminado en muertes, familias o amigos separados, o nuevos partidos políticos. Nunca como construcción. 

Me incluyo, no soy moralmente superior a nadie. Con el tiempo, la experiencia, y la variedad en mis grupos de amigos, o de participación (llamados clubes, oenegés, deportes, entre otros), he llegado a entender lo importante que es tener una opinión, pero que esta no debe ser fijada en cemento, porque la experiencia, la edad y el "estar a veces del otro lado", termina dándote una experiencia que pone a prueba tus entumecidas posiciones. 

Hay cosas que no he cambiado, hay cosas que sí, son esencia, que forman parte de nuestro ser (no cuerpo, sino todo el conjunto). Los que me conocen saben que me gusta mucho hablar y preguntar, teorizar. ¿Habré sido filósofa en otra vida?.

Las redes sociales, o un chat de WahtsApp, no alcanzan para enriquecer el proceso de conocer a una persona. En la conversación intervienen otras cuestiones: los gestos, el tono de voz, las miradas, las posturas. Tampoco se trata de ir como pollo sin cabeza, o mimetizarse con la mente de nadie, ni siquiera cambiar de opinión, postura, parecer, solo escuchar, conversar. Sé que a Facebook y Twitter, y algún que otro político no le gusta esto, pero es necesario. 

Nuestros instintos primarios nos llevan a rechazar todo lo que no es como somos, como pensamos, con lo que crecimos. Generacionalmente la grieta se transformó en una fosa, donde desde cada lado es impensable un puente. 

Un día, en la universidad, a la salida del boliche (como a las seis de la mañana), llegamos al departamento, todas las amigas juntas. Eva –una de mis amigas- dijo: vamos a tomar unos mates, qué se van a ir a dormir. Sacá la pizza de la heladera (la que nos había sobrado de la cena). ¿Pizza con mate para el desayuno?, pensé. Fue uno de los mejores desayunos de mi vida, porque además nos quedamos charlando sobre diferentes temas hasta cerca del mediodía, cuando nos fuimos todas a dormir.

Pruébenlo: pizza y mate para el desayuno, y una buena charla. No vamos a arreglar este mundo, pero es un inicio. 

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