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Rigores del clima y consumo de energía

Una nueva ola de calor envuelve por estos días a casi todo el territorio nacional, con temperaturas extremas que exigen al máximo al sistema eléctrico y ponen a prueba el estado de ánimo de la sociedad.

Aunque los estudiosos del clima explican que se trata de un fenómeno extraordinario, los ciclos con temperaturas extremas obligan a pensar soluciones a largo plazo que ayuden a reducir el impacto de los rayos solares y mejoren lo que podría denominarse el "confort térmico" en hogares y lugares de trabajo.

"No estamos entendiendo nada. Seguimos construyendo moles de cemento que retienen más calor", dijo esta semana la directora del Servicio Meteorológico Nacional, Celeste Saulo. Sabe de qué habla. En septiembre de 2019 fue elegida como vicepresidenta primera de la Organización Meteorológica Mundial de la ONU.

Al asumir el cargo, destacó la necesidad de atender las nuevas demandas de sociedades que sienten el impacto del cambio climático y los fenómenos meteorológicos severos. No es casual que los profesionales en ciencias de la atmósfera y meteorología sean cada vez más requeridos.

Y, a medida que pasa el tiempo, también serán más demandados los conocimientos relacionados con el diseño y la construcción de viviendas y edificios que tengan en cuenta las condiciones climáticas de cada región, con el fin de mejorar la habitabilidad en el hogar y los espacios de trabajo.

En realidad, de esto ya se ocupa, hace bastante tiempo, la arquitectura bioclimática. Lo que sucede ahora es que, por los rigores del clima, cada vez es más evidente el enorme aporte que puede brindar a la sociedad a la hora de diseñar soluciones para reducir los consumos de energía o aprovechar los recursos disponibles en cada comunidad.

Las temperaturas registradas fueron tan extremas que el Servicio Meteorológico Nacional se vio obligado a sumar dos escalas de grises al color rojo que emplea en los mapas de sus informes a fin de explicar mejor el fenómeno de las olas de calor. Los picos tan altos de temperaturas también fueron los responsables de colocar en emergencia al sistema eléctrico nacional y no fueron pocas las localidades del país que sufrieron prolongados cortes de energía.

¿Qué hacer, entonces, para enfrentar los nuevos desafíos que presentan las jornadas de temperaturas extremas? Se podría comenzar por pensar las maneras de reducir el calor en las ciudades, dejando de lado la idea de asociar el progreso de una comunidad casi exclusivamente con el cemento, asignando un mayor valor (en todos los sentidos) al arbolado y los espacios verdes.

Para tener una idea de lo mal que estamos actuando como sociedad, vale recordar que siete de cada diez notas con pedidos de intervención que ingresan a Paseos y Jardines del municipio de Resistencia son para quitar un árbol del espacio público.

Ya lo señalamos en otra oportunidad en esta misma columna: resulta llamativa esa cantidad de solicitudes en una ciudad que varios meses al año padece los rigores de las altas temperaturas y, cada tanto, con olas de calor que no siempre se pueden contrarrestar con equipos de refrigeración.

En ese sentido, vale recordar que según un estudio realizado por el Programa de Naciones Unidas para los Asentamientos Urbanos —ONU Hábitat— la ubicación estratégica de los árboles en las ciudades puede ayudar a enfriar el aire en un rango que va desde los 2 a los 8 grados centígrados.

Se sabe, además, que la ubicación correcta de los árboles alrededor de los edificios puede reducir la necesidad de uso de equipos de aire acondicionado en un 30 por ciento, y reducir el consumo de energía para calefacción en los días más fríos entre un 20 y un 50 por ciento.

Por otra parte, los árboles maduros regulan el flujo de agua en los días de intensas precipitaciones y desempeñan un papel clave en la prevención de inundaciones y la reducción del riesgo de desastres naturales. Un árbol de hoja perenne maduro, por ejemplo, puede interceptar más de 15.000 litros de agua por año.

En conclusión, es necesario que la ciudadanía tome conciencia de la importancia de conocer estrategias que ayuden a reducir el consumo energético y, al mismo tiempo, promover nuevas construcciones que tengan un diseño más eficiente.