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La quimera del litio

El furor del litio se convirtió en una quimera que hasta ahora parece prometer más de lo que da.

En 2022, y gracias al programa del Gobierno nacional PreViaje, conocí la provincia de Catamarca.

Así como no esperaba la diversidad de paisajes y las particularidades que encierra cada región que la integra, pude comprobar el significado que para muchos territorios del interior, marginados por el centralismo, tienen los "commodities" o producciones exportables.

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Ocurre que -tal como vemos en el Chaco con la soja- el furor del litio se convirtió allá en una quimera que hasta ahora parece prometer más de lo que da.

Los gobiernos provinciales de la cuenca del litio acuerdan con las firmas "inversoras" internacionales un canon por la extracción del mineral, mientras que -hasta esta semana- el Gobierno nacional efectuaba el reintegro por exportación de litio y sus derivados a esas mismas empresas.

Negocio redondo que, como ya conocemos en infinidad de casos, se disimula con algunas pequeñas obras financiadas por esas empresas y profusamente publicitadas.

En la comunidad colla de Antofalla pudimos comprobar el papel predominante de la trasnacional Livent, pretendiendo "enseñar" a cultivar en altura a pueblos originarios (lo que no es de extrañar, ya que en la Patagonia encontramos habitantes que "agradecen" a Joe Lewis, el inglés que acapara Lago Escondido y miles de hectáreas, por la construcción de una posta sanitaria).

En Fiambalá, la empleada de un almacén nos contó que la gran mayoría de los egresados -como ella- del secundario, trataban de conseguir un empleo en la "litífera". Ella misma había probado en tres ocasiones, sin resultado.

 El gobernador de Jujuy, Gerardo Morales, por ejemplo, que a nivel nacional abraza al neoliberalismo de Juntos por el Cambio (que significa que el Estado debe permanecer al margen de los grandes negocios y cederlos a las empresas privadas), sostiene la actividad extractiva, sin valor agregado, del mineral.

La rapiña, sin embargo, parece no ser suficiente para quienes llegan del exterior a hacer negocios fáciles con la venia de las autoridades.

Cuando descendimos desde los más de 4000 metros en los que se ubica Antofalla, para llegar a Antofagasta de la Sierra, a 3300 metros sobre el nivel del mar, nos enteramos de la buena noticia de  que para los lugareños significaba la terminación de la obra del hospital local.

Ocurrió que Livent, la litífera estadounidense, había subfacturado el litio un 843 % menos en perjuicio de la provincia y del Estado nacional, al que evadió unos 8 millones de dólares en impuestos aduaneros.

Para disimular el atraco e iniciar una "lavada de imagen", la empresa aportó 500.000 dólares para la terminación del centro de salud.

El gobernador de La Rioja, Quintela, advertido de estos antecedentes, aprobó en estos días la ley que considera al litio "recurso estratégico", y fue rápidamente atacado por los voceros del negocio, desde la UIA, a Patricia Bullrich.

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Por último, como toda actividad minera, el litio implica un gran riesgo para las comunidades originarias y para el acceso al agua, ya que el uso del agua pasa a ser controlado por las mineras y porque los territorios comunes de los pueblos quedan amenazados.

Existen muchos ejemplos en nuestro país de desidia sobre el saqueo de nuestros recursos naturales, así como otros tantos de aprovechamiento de los mismos para el desarrollo nacional y para la creación de fuentes de trabajo.

(*) El autor es profesor en Historia, egresado de la Universidad del Nordeste.

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