Falleció el apasionado canillita Amalio González
Una cruel enfermedad se lo llevó en tres meses. Amalio González supo del diagnóstico, y soportó la burocracia de la obra social. El tratamiento llegó tarde.
En la madrugada del lunes, el canillita Amalio, de 62 años, que tenía su puesto en Santa Fe al 90, frente a la Universidad Popular falleció a causa de un cáncer hepático.

Amalio, el de la voz afable y campechana, llamaba para avisar que ya estaba el libro que uno había encargado. Conseguía lo que le pedías, en tiempo récord. O , dejaba, que se acumulara la colección y uno buscaba en cualquier momento.
Abrazó su oficio con amor y tesón, con sol y 40 grados, o lluvia y frío, Amalio estaba con su mate bien temprano, siempre de buen humor, sentado y leyendo NORTE. "En la pandemia los abuelos no venían a buscar el diario, tenían miedo pero sus nietos o hijos sí, la gente me ayudó mucho para seguir con mi puesto abierto: yo vendía muy bien", repetía Amalio en los momentos de charlas con clientes y amigos.

Dialogar con él, era saber lo tanto que la vecindad lo quería, niños y adultos, padres corriendo para llegar a la escuela de la esquina de Santa Fe y Mitre: "Llevá, después me pagás", le decía González a esos padres que debían cumplir con sus hijos que habían reservado un auto de colección o el cuadernillo para colorear. Tenía solidaridad, era su marca registrada.

Amalio , disfrutaba mucho de la familia, sentía orgullo de los suyos. Tenía tres hijos y llevaba 39 años de casado. Le gustaba la pesca y elegía a un hijo que vive en Córdoba para esa recreación. Antes de saber de su enfermedad, viajó hasta allá para compartir unos días con él y una hija que lo acompañó. Le gustaba el chivito, en verdad los asados entre tragos y música. Tocaba la guitarra y se animaba a cantar. En Córdoba, se sacó el gusto y tiró unos acordes, me contó con alegría.


Don Amalio, ( llamaba, no mandaba mensajes) a sus clientes. Se aseguraba que la revista, y el diario, llegue a destino. Sabía cada detalle y gusto del cliente , una virtud que forjó a lo largo de sus 44 años de cañillita. "Amigo, ya llegó lo suyo", me dijo el 27 de septiembre. Fue su última vez, que cumplió con la entrega, antes de dejarle la posta a Rodrigo, quien anunció esta madrugada en su WhatsApp, el deceso del papá, quien es velado en su querido Puerto Tirol.











