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CARTA DE LECTORES

Solo la tradición puede velar por el depósito infalible de la fe

Señor director de NORTE:
El depósito tradicional de la santa fe es nuestra doctrina, en él está contenido el tesoro  de la revelación, fundamento de nuestra búsqueda continua de la verdad que es una; así lo afirma la  escritura "un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo", por tanto una sola verdad.
La revelación de Dios tiene como primer paso la creación; a través de las criaturas se ha manifestado y se manifiesta a los hombres de todos los tiempos; sin embargo Dios ha querido revelarse como ser personal a través de una historia de salvación, creando y educando a un pueblo para que fuese custodio de su palabra y para preparar en él la encarnación de Jesucristo; los profetas hablan de Cristo, el Mesías prometido, anuncian la nueva alianza; Jesucristo es la plenitud de la revelación que se manifiesta en  el misterio pascual, su pasión, muerte y resurrección.
El depósito tradicional de la santa fe conduce el rumbo de la iglesia para la salvación de las almas,  es el único depósito donde se custodia la palabra de Dios; la tradición transmite, la escritura convalida lo que se vive en la tradición. 
La tradición apostólica fundada sobre la predicación de los apóstoles es testimonio vivo y transmite vivamente lo que la escritura recoge luego en su texto y progresa en la Iglesia y a través de los tiempos con la asistencia del espíritu santo.
De hecho la tradición es anterior a la escritura y cuantitativamente es mucho mayor según palabras del apóstol San Juan: "Hay otras muchas cosas que hizo Jesús que el mundo no bastaría para contener los libros que se escribieran". 
Nada se ha perdido, pues la iglesia se ha encargado de conservar todas esas enseñanzas. La enseñanza que nos da el depósito de la santa fe es escrita y oral; ambas se relacionan y lo que no está en la escritura lo encontramos en la tradición; los santos padres y los santos doctores de la iglesia se constituyen como fuente de la tradición. Por ejemplo la asunción de la Virgen María en cuerpo y alma es una verdad de fe, un dogma declarado por el papa Pío XII en el siglo XX, sin embargo no está contenida en la escritura pero sí expresada por el testimonio de los padres y creída por la fe del pueblo cristiano a través de los siglos, y nadie se opone a esto; el dogma no hace mención  a la muerte o no de la Virgen María  sino solo se pronuncia sobre su ingreso en cuerpo y alma gloriosos a la vida eterna.
El depósito de la fe nos ha sido confiado a todos; todos debemos acoger, aprender y transmitir ese depósito. Y corresponde al magisterio vivo de la iglesia la interpretación auténtica del mismo, es decir al sucesor de Pedro y al conjunto de sus obispos. 
Por cierto, el Señor ha tenido misericordia en otorgar esta autoridad a los apóstoles y a sus sucesores. Él ha prometido que enviará el espíritu santo que les dará  ese don que los guiará al conocimiento de la verdad plena; es decir que Jesús no los deja solos para interpretar ese depósito de la fe que les ha entregado; hay una continua asistencia de Jesús a lo largo de los siglos; ese es el magisterio, un don del señor a la iglesia al servicio del pueblo de Dios, un carisma de la verdad para que la enseñanza magisterial quede preservada de todo error.
El Concilio Vaticano I recordó explícitamente: «la doctrina de fe revelada por Dios no ha sido propuesta a las inteligencias como una invención filosófica que pudiera perfeccionarse, sino que ha sido confiada como un depósito divino a la esposa de Jesucristo (la Iglesia), para ser fielmente guardada por ella e infaliblemente interpretada».
Hoy sabemos que el enemigo (modernismo o progresismo) apostado dentro de la Santa Iglesia  quiere convencer al mundo de que es bueno investigar sobre las verdades dadas por nuestro señor Jesucristo; quiere imponer replanteamientos sobre la verdad; pregunto… ¿de la única verdad de Cristo? ¿De su existencia? ¿De sus enseñanzas? ¿De su realeza?... cuando sabemos que el depósito de la revelación se completó el día de la muerte del último apóstol; no se puede cambiar más nada, la revelación es irreformable. Es decir, cuestiona todo debilitando la fe, desprestigiándola y apartándola del centro de la vida de la Iglesia, para poner en su lugar la opinión personal, negando la dimensión sobrenatural y la inmutabilidad de las verdades de la fe. 
Se niega lo sobrenatural cuando se habla de la santa misa como una cena y no como el sacrificio de la cruz; cuando se habla del sacerdote como uno de los demás o cuando se viste como los demás; él es otro Cristo; cuando no se concientiza sobre el ayuno, la mortificación, el cielo, el infierno. 
Las verdades de fe fundamentadas con la experiencia del hombre es la razón de igualar todas las religiones. Solo las verdades reveladas por Dios muestran claramente que hay una sola religión verdadera; no hay ni pasado, ni presente, ni futuro, la verdad es de todos los tiempos, es eterna.
El progresismo quiere demoler a la tradición poniendo las sagradas escrituras por encima, como hacen los protestantes, y dicen que el evangelio es el único libro que cuenta. No hermanos separados, la tradición es anterior y no se puede subordinar a los libros sagrados, y menos aún, rechazarla. San Pablo en sus cartas evidencia la Tradición: "…porque os transmití lo mismo que yo recibí, que Cristo murió por nuestros pecados.." (Cor 15,3) "ten por norma las palabras sanas que me escuchaste con la fe y la caridad que tenemos en Cristo Jesús. Guarda el buen depósito por medio del Espíritu Santo que habita en nosotros" (Tim 1, 13 y 14); claro está que se trata de transmisión oral, de la Tradición.
Sin la tradición la iglesia está perdida; se convierte en una comunidad de protestantes que protesta de su origen, protesta de su legado, protesta de su fe, de su jerarquía, de su autoridad. La tradición es testigo del combate de la fe contra las herejías y la salvaguarda de los dogmas de fe.
La E. Pascendi de San Pío X condena la tragedia del modernismo que quiere democratizar la Iglesia para destruir su ser que es puramente jerárquico y responsable de la custodia del depósito de la fe. Sin autoridad jerárquica, desaparece la autoridad que vela por la fe y desaparecida esta, desaparece el depósito de la fe.
Solo la tradición puede velar por el depósito infalible de la fe; en ella está la verdad de nuestra identidad católica, apostólica, romana. Solo en la tradición encontramos el camino límpido de la salvación del alma.

CLARA MARÍA GONZÁLEZ
RESISTENCIA 

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