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Una luz de esperanza

En la Baja Galilea, ubicada al norte de Israel, a unos catorce kilómetros al sur de Nazaret, se encuentra la ciudad árabe llamada Naín; Jesús iba camino a ella enseñando lo que era el reino de los cielos y sanado a los enfermos. Iban con él muchos de sus discípulos y una gran multitud. Cuando llegó cerca de la puerta de la ciudad, vio que llevaban a enterrar a un difunto, hijo único de su madre, la cual era viuda; y había con ella mucha gente de la ciudad.

DIOS SE COMPADECE DE LAS VIUDAS

Cuando Jesús la vio, se compadeció de ella, y le dijo: No llores. Y acercándose, tocó el féretro; y los que lo llevaban se detuvieron. Y dijo: Joven, a ti te digo, ¡levántate! Entonces se incorporó el que había muerto, y comenzó a hablar. Y se lo dio a su madre. Dios se compadece de los que sufren, y señalan las sagradas Escrituras, que Dios es el defensor de las viudas y el padre de los huérfanos. 

A causa de su poder, Jesús había generado el interés de multitudes que le seguían, y este milagro ocurrió después que él había estado en Capernaum, donde también había hecho otro parecido.

AÚN QUIENES NO SON DISCÍPULOS PUEDEN RECIBIR DE DIOS

El siervo de un centurión romano estaba muy enfermo y a punto de morir. Cuando se enteró que Jesús andaba cerca, les pidió a funcionarios de la sinagoga del lugar, que fueran a buscarlo para que sane a su siervo. Ellos fueron y le dijeron a Jesús que este centurión, a pesar de ser romano, amaba mucho a Israel, incluso le contaron que les había edificado una sinagoga.

Jesús fue con ellos, pero cuando estaban cerca de su casa, el centurión envió a él unos amigos para decirle que no era digno como para que Jesús ingrese a su casa, y por eso mismo, no había ido personalmente a pedirle ayuda para que sane a su siervo. 

Pero la fe del centurión era tan grande, que le mandó decir con sus amigos, que no era necesario que llegara hasta su casa, sino que bastaría con que lo sanara a la distancia. Jesús quedó maravillado al escuchar lo que le contaron y entonces le dijo a la gente que lo seguía, que ni aún en Israel había hallado tanta fe como la del centurión romano. Y al regresar a casa los amigos del centurión, hallaron sano al siervo que había estado enfermo. 

DIOS NO HACE ACEPCIÓN DE PERSONAS

Dice el texto bíblico que Dios no hace acepción de personas, y por lo tanto también tiene compasión por nosotros y desea intervenir cuando estamos "enterrando" nuestro negocio, nuestro matrimonio, o cuando el diagnóstico sobre nuestra salud parece irreversible, o cuando la situación por la que atravesamos no nos permite ver una luz de esperanza para nuestro futuro. 

Esta semana un joven cristiano fue operado de un tumor maligno en su cerebro y la ciencia decía que era misión imposible remediar tal situación. Sin embargo, la intervención quirúrgica fue exitosa y el joven está con vida y sin secuelas. 

Aunque nuestros ojos no lo puedan ver a Jesús, ni nuestras manos puedan tocar su rostro, deberíamos tener la certeza que nos puede conceder el milagro que estamos necesitando.

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