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Radiografía de la pobreza

Durante la última década tres de cada diez argentinos nunca dejaron de ser pobres, mientras que seis de cada diez lo fueron al menos en algún momento de ese mismo período. Así lo señala el informe "Radiografía de la pobreza en Argentina", elaborado por el Observatorio de la Deuda Social de la UCA, que advierte sobre la necesidad imperiosa de reducir la desigualdad.

 Según el documento, cuatro de cada diez argentinos son pobres tanto por ingresos como por privaciones elementales, y, entre ellos, uno de cada diez experimenta hambre de manera cotidiana.

"Hay un 60% de la población que ha sido pobre en algún momento en los últimos años, alrededor del 30% lo ha sido de manera permanente; mientras que sólo uno de cada tres argentinos no conoce la pobreza", dijo el director del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA), Agustín Salvia, durante la presentación del informe.

En esa oportunidad, además, planteó la necesidad de brindar respuestas estructurales a este grave problema que viene desde hace muchos años en la Argentina, para lo cual propuso impulsar políticas públicas de desarrollo que atiendan las serias dificultades urgentes que enfrentan los sectores más postergados de la población a través de la educación, la salud, el empleo y el trabajo.

El estudio realizado por el Observatorio de la Deuda Social también pone la lupa sobre la problemática del mercado laboral: desde hace más de una década, sólo cuatro de cada diez trabajadores tiene un trabajo digno, a la vez que el 60% de la población activa tiene un empleo precario, un trabajo de indigencia o está desocupado.

Con estos números sobre la mesa, hoy parece casi un milagro que en el año 1974 la sociedad argentina haya tenido un 8 por ciento de pobreza y apenas un 2,7 por ciento de desempleo.

Para algunos economistas, el deterioro comenzó con el modelo de fuerte reducción de la capacidad industrial del país que impuso la dictadura cívico militar en 1976 y que inauguró un período de enorme retroceso para amplios sectores de la población a los que empujó a una zona de subsistencia de la que aún hoy, después de 39 años de vida en democracia, no pueden salir.

Según una encuesta realizada por el mismo observatorio en 5.760 hogares de los centros urbanos de todo el país que tienen al menos 80.000 habitantes, el 28,2% de las personas ocupadas vive en hogares sin ingresos suficientes para que sus integrantes accedan a bienes y servicios básicos. En el libro "Por qué fracasan los países", el politólogo británico James A. Robinson, advierte que "demasiada desigualdad es corrosiva para la sociedad".

¿Quienes tienen en sus manos la tarea de diseñar políticas públicas serán conscientes de la gravedad del problema? ¿La Argentina de hoy se parecerá cada vez más a esas sociedades de hace más de dos siglos cuando la riqueza y la posición social heredadas predominaban por encima de las oportunidades universales, como plantea el economista francés Thomas Piketty en su libro "El capital en el siglo XXI" al abordar el problema de la desigualdad actual a nivel global?

Piketty observa que hoy el mundo se caracteriza por un progreso material nunca antes visto en la historia de la humanidad, pero donde solo el uno por ciento de la población global disfruta de las mejores viviendas, la mejor educación, la mejor atención en servicios de salud y el mejor nivel de vida.

Para el 99% restante la promesa de movilidad social ha quedado sólo en eso, en promesa. Una investigación que se realizó por encargo de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) afirmaba, antes de la pandemia, que un niño que nace en un hogar vulnerable de la Argentina necesitaría al menos seis generaciones para salir de la pobreza.

Los resultados de esa investigación fueron volcados en el informe titulado "¿Un ascensor social descompuesto? Cómo promover la movilidad social".

El trabajo, que se basó en la recolección de datos tomados en 36 países, entre ellos la Argentina, llegó a la conclusión que en la mayoría de las naciones observadas la movilidad social entre generaciones prácticamente no existe desde la década del 90.

Fue precisamente a partir de esos años cuando en buena parte de Occidente se pusieron en marcha políticas que promovieron la especulación financiera en detrimento de la producción y el trabajo dando como resultado un serio deterioro del bienestar económico y social de millones de personas.

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