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CARTAS DE LECTORES

LA UNIVERSIDAD, ENTRE LA PRESIÓN DEL AJUSTE Y LA DEMOCRATIZACIÓN

A 53 años del avasallamiento de la autonomía universitaria por la dictadura de Onganía. 

Señor director de NORTE:

De poco sirve recordar la expresión macrista sobre "caer en la escuela pública" cuando el ámbito educativo tiende a seguir los pasos de ese discurso privatista.

La misma Universidad Nacional del Nordeste, región menospreciada en la agenda gubernamental porteñocéntrica consolidada por el macrirradicalismo, es testigo del endémico auge entre el estudiantado de las agrupaciones que defienden esa línea.

La cada vez más indiscernible separación entre liberales y radicales universitarios acerca a lxs estudiantes, ya no el credo de la "autonomía", sino el mito capitalista en toda su falacia. 

Si históricamente el paso por las aulas universitarias fue, para esos sectores, un trampolín para listas y cargos políticos, de un tiempo a esta parte su rol de voceros del neoliberalismo comenzó a ser remunerado con anticipación.

El ajuste durante los años del macrirradicalismo apuntó también a la educación pública, hasta el punto de que la gobernadora de la provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal se preguntaba: ¿Para qué queremos más universidades públicas? 

Sin embargo, la prédica antiestado orientada a la juventud pretende que las nuevas generaciones rechacen tanto la democratización en su conjunto, como la expansión de derechos y el acceso de las mayorías al ejercicio de los mismos.

Esa naturalización de la desigualdad va de la mano con la difusión del individualismo y de la meritocracia, que tienden a perforar la conciencia de aquellos que repiten "a mí nadie me regaló nada" o "hay que achicar el Estado". 

Para peor, ese discurso totalitario es esgrimido desde los ámbitos que las políticas públicas estatales habilitan, como la escuela y la universidad públicas, gratuitas, y con todas las garantías democráticas vigentes.

Para no remontarnos a ejemplos lejanos, como lo que implica llegar a la universidad en países del primer mundo, tal el conocido ejemplo de los Estados Unidos (donde como sabemos el acceso a estudios superiores está vedado a quien carece de recursos), podríamos mencionar el caso chileno, en que la continuidad de los estudios es un tema que mantiene en pie las movilizaciones estudiantiles, a pesar del cambio de gobierno.

Para evitar el cacareo de quienes advierten sobre "el adoctrinamiento" en las aulas (ejercicio al que el poder accede desde siempre a partir del dominio mediático forjador del sentido común), cabe señalar que a diferencia del mercado, que ingresa a las instituciones con propaganda, cátedras, y cursos, las políticas públicas de inversión educativa tienden al ingreso democrático y a la calidad académica por igual, solo que con la perspectiva del desarrollo local y regional.

No es casual que el embate por el achicamiento del Estado y el ajuste ponga la mira en el presupuesto educativo. Mientras la perorata de sus referentes liberales y radicales ataca al peronismo como quien fomenta "la ignorancia", ellos reducen la inversión, suspenden la construcción de jardines y escuelas, así como la creación de universidades. 

Durante el gobierno de Macri, ese presupuesto se redujo en un escandaloso 35%, sin que ninguno de los actores de ese espacio levantara la voz.

Contra viento y marea las casas de estudio, la mayoría de sus docentes y de sus egresados, terminará por insertarse en las actividades productivas y laborales de la región, y será ese vínculo con las expectativas y demandas del territorio la que, aun a pesar de los intentos por vaciar la formación en el molde del país para pocos, dará fundamentos a la necesidad de más universidades públicas que aporten al crecimiento nacional.

CARLOS CACHO QUIRÓS  

MOVIMIENTO 11 DE MARZO

RESISTENCIA

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¿CUÁNDO SON GRANDES LOS JÓVENES?

Señor director de NORTE: 

Era de siesta, por la calle un vendedor de helados de agua tocaba una especie de campanilla, Eduardito corrió al dormitorio de sus padres y le dijo: "Mamá, ¿puedo cruzar la calle y comprarme un helado?". A lo que ella le respondió: "No, iré yo. Sos chiquito todavía para cruzar la calle". Y Eduardito le contestó: "¿Y cuándo seré grande?". Ella, medio dormida y con una sonrisa picaresca, le dijo: "Cuando ya tengas barba y bigotes como papá". Eduardito tuvo su helado de frutilla y se quedó pensando….faltaba mucho, recién iba al jardín de infantes.

Ahora siguen haciendo esas preguntas, pero no para comprar un helado, sino para acceder a jueguitos electrónicos, o tener un celular, o una cuenta a una aplicación.

Para algunos, ser grandes es ya tener diez o doce años. Para el Estado es poder votar a los 16, pero para la ley son menores de edad. Para salir de la adolescencia, 25; y según su historia y las circunstancias, maduran antes, pisando los 30… grandes es ser maduros.

La situación económica los condicionó a una dependencia familiar que impide a veces poder "irse de casa". Esa es una cuestión estructural, aunque ser maduros es tener conciencia de su conducta, criterio para tomar decisiones, ser inteligentes a la hora de decidir o elegir. Estar preparados para enfrentar la vida que les toca.

Los jóvenes de ahora tienen más acceso a la información, más oportunidades de acceder al conocimiento. Sus modelos son diferentes, porque las circunstancias son diferentes. No necesitan cruzar la calle para una compra, deben tipear un correo o una app. Aun así es necesario que estén preparados para poder elegir y decidir. El rol de papá o mamá sigue vigente.

Mejor es adquirir sabiduría, que es como el oro; y la inteligencia vale más que la plata.

MÓNICA  PERSOGLIA

RESISTENCIA