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El lugar de Malvinas en la nueva estrategia global de la OTAN

Además de la confluencia de intereses derivados del complejo industrial-militar, la alianza liderada por EEUU sostiene la pretensión británica sobre Malvinas porque las islas son un activo geoestratégico fundamental para intervenir en América latina.

Entrevistamos a Lucas Sebastián Melfi, politólogo, docente e investigador del Instituto de Estudios de América Latina y el Caribe (IEALC), coordinado por la doctora en Ciencias Sociales de la UBA Sonia Winer. Con ella editaron recientemente el libro "Malvinas en la geopolítica del imperialismo - Complejo militar-industrial británico y alianzas con EEUU".

-¿Por qué el Reino Unido sostiene esa presencia en Malvinas y cómo se relaciona esto con la relevancia geoestratégica de las islas y la disputa por los bienes comunes? 

-Lo primero que habría que decir es que las islas no solamente constituyen un activo geopolítico de relevancia para la estrategia británica, sino para toda la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Vemos que no solo el Reino Unido sostiene su presencia, sino que la OTAN ha hecho grandes inversiones en renovación de sistemas de defensa, aeropuertos y demás, porque la considera un elemento de su nueva estrategia global de espectro completo. Las islas no sólo son un elemento geopolítico de gran relevancia para el Reino Unido, sino para toda la nueva estrategia que la OTAN viene planteando desde la caída del Muro de Berlín en 1989.

Entonces dividiría esto de la importancia geopolítica en dos: un aspecto geoeconómico y otro geoestratégico. Desde la geoeconomía, siempre se habla del tema de los bienes comunes renovables y no renovables en Malvinas, el Atlántico Sur, la Antártida y los espacios marítimos circundantes. Por supuesto que esto es así, que tenemos todo el tema de la pesca de peces, calamares y moluscos, pero también está el extractivismo petrolero. En el libro detallamos todas las licencias de la cuenca norte de Malvinas para la extracción hidrocarburífera. Y no sólo se trata de pesca y petróleo, sino que hay un tercer factor geoeconómico que vemos, Malvinas como mercado de colocación de bienes y servicios armamentísticos, como continuidad de un paradigma de desarrollo industrial militar proveniente del Reino Unido, que ve en la Guerra de Malvinas una oportunidad de renovación y preservación de equipamiento, a contrapelo de lo que venían siendo las políticas de ajustes de Thatcher entre 1979 y 1990. Estamos hablando de una serie de estructuras que van mucho más allá de la luz pública y se concentran en los rincones del Estado profundo, más allá de cualquier sistema de balances y contrapesos, para los cuales los tiempos de paz son lo peor que puede suceder. Porque para una industria como la de las armas, con el nivel de investigación y desarrollo que requiere, y con el nivel de inversión que exige luego el desarrollo industrial, el no tener salidas para sus mercancías es devastador. Entonces lo que se busca desde el punto de vista geoeconómico es que haya una permanente salida de estas mercancías, de bienes y servicios militares.

En este sentido hay una continuidad que empieza desde la II Guerra Mundial. Estas estructuras, el "complejo industrial-militar" que la economía política llama "base industrial de la defensa", arrancan desde el imperialismo del siglo XIX. Ahora, su forma moderna cobra relevancia a partir de la II Guerra y tiene un punto clave en su desarrollo, entrando ya en la posmodernidad y el neoliberalismo, durante la Guerra de Malvinas. Ahí se produce toda una transformación de ese complejo que se encamina hacia un modelo con más protagonismo de actores privados, más similar al modelo de complejo industrial-militar estadounidense.

-¿Cómo se expresa ese nuevo entramado en la política exterior del Reino Unido, en particular en lo que hace a nuestras Malvinas? 

-Esta necesidad de permanente colocación de bienes y servicios de la defensa puede verse con mucha más claridad en la réplica de David Cameron (Primer ministro 2010-2016) al pedido de diálogo, que en ese entonces se tradujo en una militarización de toda la zona de Malvinas, con una renovación de los sistemas de defensa, transformación de los sistemas de comunicación y reemplazo de sistemas misilísticos, con un costo de 280 millones de libras (u$s 350 millones). Se contesta de manera militar al pedido de diálogo. Esto sin contar con que se instala en las islas una escuela, que no depende de Educación del Reino Unido, sino del Ministerio de Defensa, lo cual llama la atención. Dentro de este nuevo esquema, los actores privados, por ejemplo la transnacional de origen británico BAE Systems, juegan un destacado papel.

Es notable la forma en que en los debates parlamentarios en el Reino Unido el exministro de Defensa Michael Fallon lograba considerables aumentos presupuestarios para las bases en Malvinas, argumentando el riesgo de otra invasión argentina como hipótesis de conflicto. Como continuidad también vemos al actual primer ministro Boris Johnson diciendo que de ninguna manera Gran Bretaña va a retirarse de sus "compromisos transatlánticos", y anunciando la mayor inversión militar en 30 años, con 16.500 millones de libras (u$s 20.700 millones).

Esto refleja la importancia de este factor geoeconómico y de las estructuras profundas como estos complejos industriales-militares, que necesitan todo el tiempo colocar mercancías bélicas, aún en tiempos de paz. Actores como BAE Systems y otros dentro del Estado profundo hacen lobby por el descarte de soluciones pacíficas, apuntando siempre a soluciones que impliquen una respuesta industrial-militar, porque el objetivo es colocar sus mercancías.

Además, recordemos que los actores privados, por su creciente importancia, se van combinando y fusionando con estas estructuras profundas del Estado, produciendo una hibridación en la que ya no es posible advertir dónde comienza lo público y dónde lo privado. Corporaciones como BAE Systems están ligadas intrínsecamente al Estado británico, no sólo por el poder de lobby que tienen y la capacidad de penetración en la estructura estatal, sino también porque un porcentaje de las acciones de BAE son del propio Estado británico. A su vez, estas corporaciones se ramifican en otras, como las industrias mediáticas (empresas estatales como la BBC). Del mismo modo, hay que advertir que estos componentes se van trasnacionalizando. Esto es el centro de lo que fue la estrategia de Thatcher en su momento: generar condiciones para una industria global trasnacional de la defensa.

Vemos entonces que vectores como estos del complejo militar-industrial británico confluyen con los complejos militares de otros países, básicamente en la OTAN. Por eso es que siempre tenemos que tener en cuenta que toda la inversión millonaria que hace no sólo el Reino Unido, sino toda la OTAN, forma parte de lo que se conoce como "estrategia de espectro completo". Y con un planteo que la OTAN viene haciendo desde la caída del Muro de Berlín, que tiene que ver no sólo con ser la Organización del Tratado del Atlántico Norte, sino un organismo de "seguridad global".

Aparejado a esto, indivisible, viene el aspecto geoestratégico. Es cierto que el interés británico por establecerse en esta posición sur estratégica se remonta al siglo XVIII. Ya el comodoro Lord George Anson había dicho que la posesión de las islas tenía consecuencias para el Reino, incluso en tiempos de paz, y que en la guerra prácticamente los hacía dueños de los mares del sur. Ese interés geoestratégico no es algo solo británico, toda la OTAN juega ahí, porque esa posición les abre una zona de acceso y de influencia, todo un corredor hacia el Atlántico Sur, hacia América latina, facilitando cualquier tipo de intervención regional. Debemos representarnos e imaginar el activo estratégico que significa tener un lugar con bases militares y aeropuertos rodeado de centros de extracción petrolífera y tener ahí un centro de reabastecimiento de armas y de combustible sin necesidad de logística ni transporte. Un activo geoestratégico fundamental para toda la OTAN, que por esto también sostiene la posesión de las islas por el Reino Unido.

-¿Hay cambios en el panorama internacional respecto del reclamo soberano argentino? Porque por un lado hay rechazos a la continuidad de la apropiación británica de territorios de ultramar, sobre todo en la Unión Europea, pero también hay una continuidad de ejercicios militares británicos (siempre con apoyo de EEUU) en el Atlántico Sur, como en una extensión de hecho de esta "globalización" de la OTAN que mencionabas. 

-En el panorama internacional respecto del reclamo argentino creo que el rechazo a la continuidad de la apropiación británica por parte de la Unión Europea es parte de la larga historia que tiene el Reino Unido con el continente, de acuerdos y desavenencias. Hay dos grandes tensiones, una económico-industrial y otra política, que atraviesan siempre toda esta relación. Pero cuando hablamos de acuerdos y desavenencias, esto va más allá de las declaraciones diplomáticas; tiene que ver con la imbricación de los aparatos productivos en materia de renovación industrial e innovación científica y tecnológica. Gran Bretaña siempre va variando, encontrándose por momentos más cercana a Europa y por momentos más cercana a EEUU en materia de desarrollos conjuntos, específicamente en materia de defensa. 

Vale la pena estudiar esta historia de tensiones para entender mejor lo que fue el Brexit, no como hecho aislado, como la ocurrencia de un loco, sino como el último capítulo de una larga saga. Cuando se habla de la "relación especial" entre Gran Bretaña y EEUU no se trata solamente de coincidencias culturales; tiene que ver con todo un sistema de desarrollos conjuntos en materia científico-tecnológica, hay toda una imbricación material, la "relación especial" no es meramente declarativa, sino que es el correlato político de ese desarrollo industrial y tecnológico. 

El principal cambio es el incremento terrible del intervencionismo, que dicho en criollo es imperialismo. Hay toda una avanzada de las distintas agencias imperiales bajo la estrategia del "espectro completo", es decir, utilizando distintos medios (terrestre, aéreo, suborbital, psicológico, etc.) para avanzar sobre la soberanía de otros países. Dicha estrategia busca trascender el diagrama original del Atlántico Norte y empezar a injerir en el Atlántico Sur. Y ahí las islas Malvinas forman el punto de apoyo fundamental. 

-¿Te parece que hay cambios reales en la política diplomática del gobierno de Alberto Fernández en relación con los anteriores en torno a Malvinas? 

-Respecto del tema diplomático, me parece que un primer tópico a tener en cuenta es dejar de debatir la cuestión Malvinas únicamente en términos nacionales (aunque la cuestión de la soberanía obviamente es nacional), para empezar a debatirla como una cuestión sudamericana, latinoamericana, porque la presencia del Reino Unido y la OTAN constituye un corredor de acceso a todo el continente. 

No es una cuestión únicamente nacional. Recordamos que el Consejo de Defensa de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) es un insumo que habría que recomponer y, por supuesto, la creación de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), que incluye a Cuba y no a EEUU y Canadá. Esa clase de iniciativas continentales conforman un recurso y una capacidad esencial para garantizar la soberanía política y la independencia económica en el presente contexto regional.

Esto porque el principal cambio a nivel internacional es una intensificación y un incremento de la injerencia de las grandes potencias. Las declaraciones son públicas. Lo tenemos a Boris Johnson diciendo que el Reino Unido no va a abandonar sus compromisos transatlánticos. No creo que sea para asombrarse, todas estas políticas imperialistas se dan porque son posibilitadas por determinadas narrativas estratégicas. ¿Qué esto? La recombinación de elementos discursivos en pos de una finalidad estratégica, que puede ser legitimar una guerra, una intervención, el gasto en defensa… Cameron y Johnson son los últimos dos capítulos, pero también recordemos a Tony Blair (primer ministro 1994-2007), del Partido Laborista, para ver que no se trata únicamente del Partido Conservador. Recordemos que Tony Blair es el primero que vincula la táctica del terrorismo con los Estados, y con esa operación retórica saca de la órbita de la seguridad al terrorismo y lo pone en la defensa, legitimando un incremento ulterior del presupuesto para el sector. 

Hay que construir, no sólo con los actores tradicionales de la diplomacia, sino también con toda una serie de actores sociales, políticos, sindicales y académicos, como organizaciones no gubernamentales y formadores de opinión, de las cuatro naciones que conforman el Reino Unido (recordemos que Gran Bretaña es solo una). Creo que para hacer juicios de valor todavía falta, pero el tema es ir viendo si la política de nuestra Cancillería logra no quedarse únicamente en los canales tradicionales de la diplomacia y crea consensos con otros actores.

*Fragmento del artículo publicado en Jacobin LatAm