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Redes sociales y adolescentes

La evidencia es clara: las redes sociales son muy perjudiciales para la salud mental de niños y adolescentes.

Así lo afirmó la ingeniera informática y ex gerente de producto de Facebook, Frances Haugen, en un encuentro que mantuvo hace pocos días con expertos en salud mental organizado por el Centro para el Desarrollo Infantil y Humano de la Universidad de Georgetown, en Estados Unidos.

Haugen cobró notoriedad luego de que el diario de economía y negocios The Wall Street Journal sacara a la luz documentos internos de la empresa de Mark Zuckerberg que alertaban que sus redes sociales -Facebook e Instagram- son tóxicas, especialmente para las adolescentes.

Se supo después que esos documentos fueron filtrados por Haugen, quien llevó posteriormente las denuncias ante las autoridades estadounidenses señalando que altos directivos de la compañía tecnológica no ignoraban que sus productos hacen muy poco para detener mensajes de odio y dañan la salud mental de los chicos.

Desde entonces, el impacto de estas nuevas tecnologías sobre niños y adolescentes ha sido materia de estudio en distintas universidades del mundo. Una de ellas es la Universidad de Georgetown, con sede en Washington DC, donde los investigadores trabajan en un estudio que indaga la relación de las redes sociales y la salud mental de los adolescentes. También la Universidad Internacional de La Rioja, España, puso en marcha el proyecto denominado

"DigitalFit: La influencia de las redes en la alimentación y el aspecto físico" que aborda el problema de la exposición de menores a imágenes idealizadas creadas por los llamados "influencers", un fenómeno que promueve un estilo de vida idealizado que es imposible de alcanzar por sus seguidores.

El problema, advierten los especialistas, es que el uso de celulares y tabletas comienza cada vez a edades más tempranas. El economista Santiago Bilinkis, autor del libro "Guía para sobrevivir al presente", advierte sobre las estrategias de manipulación de las redes sociales y las trampas utilizadas por los videojuegos para inducir una mayor adicción en los usuarios. Por eso aconseja, entre otras cosas, que los padres no permitan que los niños menores de dos años utilicen el celular, las tabletas o computadoras como dispositivos de entretenimiento.

En ese sentido, explica que la desenfrenada carrera de las grandes corporaciones tecnológicas por captar la atención de los usuarios mueve cientos de miles de millones de dólares en todo el ecosistema digital, es decir que harán todo lo posible para lograr que las personas pasen cada vez más tiempo delante de la pantalla de un dispositivo conectado a Internet.

El objetivo es capturar los datos de los usuarios que navegan por la gran red y a partir de un minucioso análisis de esa información encontrar patrones de conducta y hábitos de consumo.

Los expertos, por otra parte, advierten que las redes sociales que promueven estilos de vida, como Instagram, provocan un aumento de insatisfacción de su propia imagen corporal en muchos adolescentes, lo que puede llevar en algunos casos a modificar hábitos alimenticios.

En el informe "Niños en un mundo digital", preparado por Unicef, la organización internacional advierte que la tecnología digital aumenta la vulnerabilidad de los niños a los riesgos y los peligros, entre ellos el uso indebido de su información privada, el acceso a contenidos perjudiciales y el acoso cibernético.

La disponibilidad de dispositivos móviles, según el informe, ha hecho que el acceso en línea para muchos niños esté menos supervisado y sea potencialmente más peligroso. Por eso recomienda a los adultos que adopten medidas para evitar que los niños pasen muchas horas conectados y para proteger la privacidad e identidad de los chicos que se conectan a la red. Por otra parte, aconseja promover la alfabetización digital para mantener a los niños informados y más seguros cada vez que acceden a Internet.

El informe de Unicef observa, además, que Internet fue diseñado en principio para adultos, pero los niños y los adolescentes lo utilizan cada vez más, y la tecnología digital afecta cada vez más sus vidas y su futuro. Por ello, sostiene, las políticas, las prácticas y los productos digitales deberían reflejar mejor las necesidades de los chicos.

Es necesario que los adultos se informen sobre estos temas, para poder ayudar a los chicos a evitar los peligros que acechan en las redes sociales y el mundo digital. La escuela y la familia tienen, en ese sentido, un desafío enorme por delante.

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