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CARTA DE LECTORES

Entre la ignorancia de quienes administran impuestos y nuestra apatía como contribuyentes

Señor director de NORTE: 

Los árboles absorben radiación solar, administran el agua, hacen descender hasta 8 grados la temperatura, proporcionan sombra, reducen el estrés, producen oxígeno, frutos comestibles, flores, sirven de hogar a pájaros y biodiversidad, atrapan la tierra, gérmenes y partículas filtrando el aire que respiramos, permiten ahorrar hasta un 30 por ciento de energía. Son los principales protagonistas de la calidad ambiental y vitales en cualquier situación urbana.

Esto parecen entenderlo muy bien los países desarrollados ya que destinan amplios recursos y conocimiento para mantener un ambiente saludable en beneficio de los contribuyentes que sostienen ese sistema pagando sus impuestos. 

No es lo que sucede en Resistencia donde somos testigos de todo lo contrario. La calidad ambiental se degrada cada vez más a través del maltrato, posterior deterioro y desaparición de árboles. Por dar como ejemplo el progresivo e ilegal cerramiento de parterres reglamentarios que se produce en la esquina de Yrigoyen y Pellegrini, donde ya fueron eliminados y lastimados varios árboles; se cambiaron los clásicos y refrescantes parterres de césped por pequeños cuadrados llenos de escombros y cemento. 

Estos espacios van mutando, tornándose agresivos al ciudadano peatón, como los páramos sin árboles existentes sobre calle Perón desde el 200 al 300 o la excesivamente calurosa esquina de Juan Domingo Perón al 400, una cruz para el peatón que desee transitar de día. 

También la inoperancia abatió un gran lapacho, sobre calle Güemes 386, le cortaron la raíz principal para reparar una salida de agua, un cañito de pvc, y en menos de dos meses el árbol con más de 60 años cayó hacia la calle. 

Qué me dicen de la misteriosa tala que sufrió el hermoso, joven y sano jacarandá frente a la Casa del Médico sobre Avenida Ávalos. O los fresnos adultos, ubicados en la Plazoleta 1 de Octubre en un barrio de Resistencia, que fueron cortados por la mitad.

También envenenan árboles secándolos por completo y sin otros culpables más que los sugerentes carteles de alquiler o comercio por detrás. El hermoso y nativo aguaribay que daba tanto reparo en la esquina de Santa María de Oro y Julio A. Roca. O la falsa caoba sobre 9 de Julio esquina José María Paz. Ambos, comprobado por expertos, como víctimas de envenenamiento por herbicidas.

El cerramiento de los canteros con cemento puede provocar grandes tragedias, así una inmensa tipa sobre calle Roque Sáenz Peña esquina Obligado, fue sellada hasta la base, limitando la entrada de agua necesaria y secando un ejemplar con más de 90 años cuyos dos compañeros de forestación lucen saludables en la misma cuadra. 

¿Qué opinión puede formarse una persona medianamente inteligente al transitar la avenida 25 de Mayo cuyas veredas infernales han sido despobladas de verde por concesionarios de autos, casas de sanitarios, iglesias y grandes grupos de comerciantes?  

Es evidente que quienes administran nuestros impuestos son los responsables directos de la ciudad donde cohabitamos, pero nuestra apatía como contribuyentes también apaña esta invisibilidad del Estado. 

La falta de árboles y las altísimas temperaturas crean un efecto llamado "isla de calor", el cemento se calienta en extremo y libera su calor hasta altas horas de la noche. Y todos lo sabemos, vivimos este infierno a diario. 

Solo para recordar que, gracias a acciones conjuntas entre ciudadanos y organizaciones ambientales, durante gestiones anteriores, se han forestado dos cuadras enteras por Santa María de Oro, una cuadra de 9 de Julio al 200 y abierto nuevos canteros y plantado árboles sobre Frondizi, en el microcentro y zonas aledañas. 

Necedad, ignorancia, falta de conciencia, apatía, anestesia, parasitación mental, ¿qué es lo que nos está pasando?

¿Por qué asumimos esta mala progresión y creciente colapso ambiental como algo normal? ¿Nos merecemos este suplicio? Se ve como un cáncer de cemento, la pasamos cada vez peor cada verano; pero ahí vamos, sin luz, sin agua, con 44 grados, caminando por la calle y con bozal.

NÉSTOR BRASLAVSKY

RESISTENCIA