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¿Podría robarme "esa" Navidad?

Podría empezar esta columna con citas bíblicas, pero me voy a torcer un poco hacia el lado comercial de la celebración. Es más, es algo que aprendí del más famoso villano navideño, el que se roba la Navidad (esa Navidad): El Grinch. Quiero pedir regalos, quiero pedirles dos preciosos y escasos regalos: tiempo y diálogo.

Existen muchas frases, proverbios, teorías científicas y célebres palabras del cine que hablan de la luz y la oscuridad. Si algo hemos visto en estos últimos dos años es luz y oscuridad. La Navidad, celebración religiosa cristiana significa Nacimiento, y nacer también se conoce como "dar a luz". 

"El mundo no se divide en gente buena y mala; todos tenemos luz y oscuridad dentro de nosotros, está en nosotros elegir cuál queremos potenciar…". La frase, es parte del dialogo entre Sirius Black y Harry Potter en la película "Harry Potter y la Orden del Fénix". 

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No siempre tendremos una Nochebuena o Navidad con luz. Habrá fiestas donde las ausencias se notan más, otras donde se celebran nuevas presencias. El famoso Grinch, personaje de Doctor Seuss, que se robaba la Navidad, es un ejemplo de esta frase de la artista y activista Raven Davies "la oscuridad y la luz, existen una al lado de la otra. A veces superpuestas, una explicando la otra".

Lo que más nos sigue costando a los seres humanos es reconocernos y respetarnos diferentes, con diferentes intensidades de luz y oscuridad, algo que varía tanto como la tensión en la línea de energía eléctrica de cualquier empresa proveedora del país. 

Los humanos decidimos que el 25 de diciembre sería Navidad, una celebración religiosa que también es comercial (como los casamientos, bautismos, entre otros) los humanos decidimos dar regalos, unirnos alrededor de una mesa que no importa cuántas veces explicamos quien llevaba qué, hay más comida y mucho pan dulce, por las dudas. Hay países donde esta festividad no celebra. Pero hoy no quiero ser el Grinch. Ni siquiera voy a comenzar a enojarme con la fiesta al aire libre, que no me dejará dormir, mientras mis paredes retumban con algún tipo de sonido. Solo pido que mi día después no tenga que trabajar para la sección: policiales, esa sería una gran jornada.

Hay muchos amigos y vecinos que no celebraran la fiesta de los cristianos. Sin embargo volveremos a abrazarnos, a besarnos, a reencontrarnos. En plural y en singular. 

Cuando me puse a pensar qué puedo regalar o que me gustaría pedir, como cuando era niña, vinieron a mi mente: tiempo y diálogo. Me gustó este concepto que Esteban Bulrich dejó cuando renunció a su banca en el Senado: "El diálogo entendido como una conducta activa, de apertura y de generosa curiosidad en la que los participantes se abren a escuchar a la persona que tienen enfrente. Ese es, para mí, el valor más importante y a la vez más escaso…."

Respecto al tiempo, una pequeña licencia: siempre me llamó la atención que las madres recuerden cuántas horas tardaron sus hijos en llegar al mundo. Conozco muchos padres que cuentan los días, horas y segundos, desde que sus hijos se fueron de este mundo. Soy católica –no muy practicante- y lo veo como una metáfora de lo que María vivió desde el nacimiento a la muerte de Jesús. De hecho, la historia se dividió (para algunos) en antes y después de Cristo. Pero, lo cierto es que el tiempo –incluso el futuro- es el momento que tenemos en el presente. 

No, mis queridos lectores, nada de mindfulness. Si todo lo que tenemos es hoy, vivamos Vamos a darnos el regalo del tiempo y el diálogo, regalémoslo. No a partir de las 12. A partir de ya. Feliz Nochebuena, Feliz Navidad. 

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