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Yolanda de Elizondo: el nacimiento de la polifonía en el Chaco

Hoy se cumplirán ochenta años del primer concierto de la División Coral Mixta de nuestra Escuela Normal “Sarmiento”, génesis del Coro Polifónico de Resistencia. En esa institución educativa, que había iniciado sus actividades de formación docente en 1910, completó sus estudios Lilia Yolanda Pereno de Elizondo, descendiente del primer grupo de friulanos que llegó a estas tierras en 1878.

En 1923, egresó como maestra normal nacional. En Buenos Aires, en 1925, aprobó los exámenes de piano en el Conservatorio Thibaut-Piazzini; profundizó estos estudios con el maestro Héctor Belucci y abordó Armonía y Composición con el maestro Floro Ugarte, a quienes siempre recordó con admiración.

De regreso en Resistencia, ingresó en la Escuela Normal como profesora de Estética, en 1926. Quienes compartieron actividades docentes, desde sus años iniciales, la recuerdan por sus múltiples inquietudes. Guido Miranda, que integró el primer grupo de sus alumnos, rescató de archivos periodísticos la fecha de una intervención pública como directora coral: el 23 de mayo de 1932, en un acto realizado en el Cine Ideal (Güemes 244), recién inaugurado, dirigió un coro de veinticinco maestros que interpretó nuestro Himno Nacional. La nómina de los coristas y algunos testimonios permiten afirmar que todos eran docentes en ejercicio. Resulta afanoso suponer cómo transcurrieron los años iniciales del ejercicio docente de Yolanda de Elizondo: identificar sus preocupaciones, sus inquietudes, sus sueños.

El Coro Polifónico tuvo su gloria en agosto del año 1968, cuando se consagró en Arezzo, Italia, obteniendo el galardón máximo en Polifonía Clásica y el tercero en la categoría Folclore.

La actividad coral tuvo variadas manifestaciones en las pequeñas poblaciones de provincias argentinas con grupos europeos, surgidas al calor de prácticas religiosas o de remembranzas del cancionero de los pueblos de origen. Algunos persisten y resultan valiosas por la conservación de la cultura musical y popular europea.

TALENTO E INMENSA FUERZA DE VOLUNTAD

Pero pensar en el proceso musical cumplido por la señora Yolanda obliga a
intentar descubrir una compleja trama compuesta de preocupaciones surgidas, quizás, en la práctica docente, en una visión personal y particular de las potencialidades de ese instrumento formidable que es la voz humana, de sus posibilidades. Pero, esencialmente, todo hubiera resultado
insuficiente sin su talento y la inmensa fuerza de su voluntad, que la acompañó siempre.

Con todo a cuestas, en 1938 empieza a trazar el perfil de la División Coral Mixta. A los jóvenes normalistas sumó los “muchachos” del Colegio Nacional “José María Paz”, cuyos primeros bachilleres egresaron en 1937.

Revisando los contenidos programáticos de esos años, correspondientes a
la asignatura Música, podemos considerarlos muy escasos: el Himno Nacional, las Canciones y Marchas patrióticas, algunas con reminiscencias
folclóricas, que recién asomaban en la nueva generación de músicos
argentinos, con formación académica. Pero se imponía la ausencia de música con adaptación coral.

Las dificultades no detuvieron los afanes de Yolanda de Elizondo. Se ingenió
para seleccionar partituras en una etapa de nuestra historia, la Guerra Mundial, que las hacía inabordables. Seguramente su talento la guió para educar las voces de sus alumnos, porque tampoco eran accesibles en
esa época las técnicas y estrategias musicales y didácticas.

Primer concierto de la División Coral Mixta de la Escuela Normal en 1941, dirigido por Yolanda Pereno de Elizondo.

SESENTA Y SEIS JÓVENES EN ESCENA

El doctor Pedro de Olazábal, médico, integrante del Ateneo del Chaco, aficionado pianista en sus momentos libres, docente de ambos establecimientos, ofició de eslabón entre la institución cultural y el grupo coral y fue el presentador del concierto la tarde memorable del 30 de octubre de 1941. Sesenta y seis jóvenes con su “maestra coral” subieron
al escenario del Cine Teatro Marconi.

Con emocionada elocuencia, el doctor Olazábal señaló: “Por primera vez el
Ateneo del Chaco muestra mieses, no de otros campos, sino conocidas y cultivadas aquí, con alumnos de la venerable casa de estudios secundarios del Chaco.”

El programa, desarrollado en tres partes, se inició con el “Himno a la Creación”, de Beethoven y “Crepuscular”, de Chopin, Preludio 1, en versión coral de Alfredo Schiuma. En la segunda parte, “Media caña”,
“Triunfo”, “La huella”, del músico argentino Felipe Boero, “Zamba de Vargas”, en la versión coral de María Luisa Madariaga. En la tercera,
“Alborada” y “La flor del cardón”, de F. Boero; “La criollita”, de Palacios; “Vidalita”, de Massa y concluyó con “Canto a la juventud”, versión a cinco voces, cuya letra perteneció al alumno César Lentati. Acompañó en el piano Ángel Celega, músico integrante del Ateneo. Importa señalar que Felipe Boero (1884-1958) perteneció a la generación de músicos
argentinos con formación académica, cumplida en París, e impulsor de la
práctica coral en las escuelas primarias.

Evocar esa jornada conduce a imaginar la pluralidad de sensaciones y sentimientos del público destinatario del milagro coral. La mayoría
de las obras, desconocidas, tampoco eran afines a los conciertos. Mucho menos, semejante experiencia del canto colectivo, protagonizada por adolescentes.

CUMPLIR SUEÑOS, LA POLIFONÍA

La señora de Elizondo cumplió su primer sueño, con el que demostró lo que
podía lograrse desde esa asignatura, música, con un grupo de alumnos en quienes era necesario despertar el descubrimiento del poder de la voz, el valor de la constancia, de la perseverancia, de la disciplina. Los formó
en la conciencia que se desprende del canto plural: postergar lo personal para que adquiera relevancia el “nosotros” sobre el “yo”. No es el canto de “uno “; es el canto de todos por igual, sin protagonismos egoístas e inútiles.

Ese atardecer, todos intuyeron que habían protagonizado una experiencia diferente. Pero ni en la más afiebrada imaginación supusieron
que se abría la página más memorable de la cultura chaqueña: la polifonía.

Diez años después, muchos de esos adolescentes, ya jóvenes, y su maestra,
alumbraron la Asociación Coral Polifónica de Resistencia, que a la par de acompañar la carrera musical del grupo, cumpliría otra función: la difusión de manifestaciones culturales múltiples, que abarcaron varias áreas artísticas.

EL COMIENZO DE LAS GIRAS

En 1955, la primera gira a Buenos Aires. En 1956, el sueño de todos: el teatro Colón, que se repitió en 1959, 1960 y 1969.

En la primera etapa, desde la presentación en 1941, la señora Yolanda se dedicó a difundir y afirmar el canto coral en la sociedad resistenciana, primero, para proyectarla después a múltiples rincones del interior provincial y de Corrientes.

En la década del sesenta, mostró su obra en la ciudad de Santa Fe, de rica experiencia musical, y se proyectó al país y a América,
compartiendo la hermandad coral latinoamericana en Antofagasta (1963), Viña del Mar (1965) donde conoce al maestro Mario Baeza y regresa con la Canción de la Amistad. En 1973, Porto Alegre (Brasil).

Sin duda, la coronación de la trayectoria fue el triunfo en “la patria de los nonos”: Arezzo, en 1968, y Pescara, en 1974.

Al partir definitivamente, el 19 de agosto de 1981, Yolanda de Elizondo dejó “su Coro” con una rica historia y una trascendencia en la polifonía
demostrada a lo largo de doscientos cincuenta conciertos ofrecidos en los
más disímiles escenarios, cuyos programas testimonian un repertorio de ciento veintitrés obras: polifonía universal, folclore argentino y brasileño, negros spirituals, sinfónico-corales.

Se llevó los misterios recogidos a lo largo de más de medio siglo de ejercitar su tarea de orfebre de la voz. Trabajó individualmente cada una, lenta y pacientemente, junto al piano de la casa familiar; en el salón de Música de la Escuela, o en el rincón que alguna institución le ofreciera. Luego, la
tarea grupal, reconociendo colores, matices, armonías. Condujo a sus coristas en el descubrimiento del espíritu de cada obra y en la inmensa diversidad de juegos tonales para cada una. Sola. Con su espíritu, con su inteligencia, con su talento y su inmensa perseverancia.

Siempre repetía el pensamiento de Gabriela Mistral: “De tu obra saldrás con vergüenza, porque ha sido inferior a tus sueños”. Creo que en la señora Yolanda no se cumple la afirmación de Gabriela.