Para ver esta nota en internet ingrese a: https://www.diarionorte.com/a/210472
Mariano Bianucci

Columnista

El “trail running” volvió al Chaco

Deshojando la Margarita

Finalmente volvió el “trail running” al Chaco. Y en Margarita Belén, la localidad que da nombre al evento chaqueño por excelencia, el “Margarita Trail”. En esta ocasión, en su versión nocturna, que se hizo esperar a causa de la pandemia.

¿Por qué es simbólico que sea en la capital del Cooperativismo? Porque el “Margarita Trail” se realiza regularmente en Colonia Amadeo, “el patio de mi casa”, como define Guillermo Mc Loughlin, organizador del evento, al poblado ubicado al otro lado de la ruta, yendo hacia Resistencia. La del sábado, fue la primera edición que se traslada al corazón de la localidad de Margarita Belén.

Otro motivo para subrayar con respecto a “Margarita Trail, la nocturna”, en su segunda edición (la primera también se desarrolló en Colonia Amadeo), es que fue suspendida el 14 de marzo de 2020, su fecha original, el mismo fin de semana que se dictó el aislamiento por la pandemia. Hubo que “deshojar la Margarita”, a la espera de su concresión.

¿La familia de los corredores? ¡Felices! Más allá de la euforia que rodea a un evento para los aficionados al "running" y "trail running", en este caso en particular, se hizo esperar más que otras competencias de estas características. 

La nocturna no se corrió en su fecha original por cuestión de horas. El evento estaba en plena efervescencia con todos los detalles en su punto justo, sin piezas libradas al azar. Como es habitual para los organizadores y los numerosos colaboradores que hacen posible que el Chaco cuente con su propio “trail”.

¿Errores, fallas? No hay evento que no los padezca. Es impracticable organizar una actividad multitudinaria y contentar a cada uno de los participantes. 

Un contratiempo informático impidió coronar una noche impecable en la que los ganadores vieron esfumarse la foto en los escalones del podio. Aunque, quizás por la emoción de la ansiada vuelta, no se levantaron las voces y reinó la satisfacción de haber completado, para muchos, la primera competencia luego de más de un año y medio.   

La nocturna vio la luz

Los circuitos que diseñaron los organizadores se extendieron por una zona rural lindante con la ruta nacional 11 y tuvo su largada y llegada en la plaza Malvinas Argentinas, ubicada en la Diagonal Oeste, en el ingreso a la localidad.

Casi 400 corredores de diversas provincias y de otros países se distribuyeron en las distancias que consistieron en 5, 10 y 21 kilómetros.

Caminos vecinales, campos, senderos, todo en profunda oscuridad. Las luces que portaban los corredores dibujaban una serpiente luminosa que se iba desdibujando a medida que pasaban los kilómetros y se distanciaban unos de otros. 

Cada atleta se sumergía paulatinamente en la negrura de una codiciosa noche que no quiso prestar la luz de la luna. Un manto grisáceo oscuro cubría el cielo y la visión se perdía en la medida que la soledad alejaba a los más rápidos y a los más lentos. Las luces de los corredores se alejaban adelante y atrás. 

El piso parecía disolverse impidiendo entender sus formas. Las huellas que los animales sellaron en el barro ya seco, en varios segmentos del recorrido, se distinguían en el balanceo de los tobillos.

Un par de “trampas” de agua y barro exigieron el cuidado de no perder una zapatilla enterrada y evitar un posible calambre o contractura.

Los kilómetros pasaban. La meta se acercaba. La impecable señalización mediante elementos refractarios permitía continuar sin perder el rumbo. Los puntos más confusos estuvieron bien custodiados por colaboradores que indicaban la dirección por dónde proseguir.

Poco a poco la oscuridad comenzó a disiparse. Se podía percibir que la llegada estaba próxima. La vista comenzaba a hacerse lugar entre la negrura, y las voces destapaban los oídos obstruidos por la quietud de la campaña. 

Finalmente, tras superar una hilera de árboles que dibujaban el sendero, un descampado, y más allá, la llegada. El mejor equipo a un lado del camino, aclamando y animando al compañero que está por pasar el arco de la felicidad. Ese arco que se convierte en el mejor aliado cuando se entiende que el desafío está cumplido. 

El arco se agiganta en la medida que se acerca y se abre como un cálido abrazo. El “abrazo de llegada” de los amigos que esperan porque ya llegaron o porque no corrieron, pero que siempre están. 

Desafío cumplido, medalla “finisher” y a seguir deshojando la Margarita a la espera de la próxima carrera. 

Notas Relacionadas