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Patricio Navarro Pizzurno, psicólogo

“El regreso a la presencialidad es más complejo de lo que parece”

Un especialista de la salud mental analiza una diversidad de situaciones que afectan las relaciones sociales y laborales de quienes se quedaron en la casa durante un año y medio.

“Así como hay gente que está revisando sus prioridades, como por ejemplo almorzar con los hijos y compartir más tiempo llevándolos a la escuela o a otras actividades recreativas, hay otra que quizá desarrolló una fobia u otro tipo de complicaciones que el encierro agravó”.

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El camino de regreso a la vieja normalidad laboral puede ser un problema para algunas personas.

El psicólogo y especialista en recursos humanos Patricio Navarro Pizzurno introduce así el problema de quienes se resisten a regresar a la ‘vieja normalidad’: trabajadores en relación de dependencia en oficinas o ámbitos que requieren ausentarse por varias horas del hogar.   

Hace unos días varios medios de comunicación se refirieron al síndrome de la caverna, una de tantas manifestaciones y emergentes de comportamiento aparejados al confinamiento durante la pandemia por coronavirus.

“Es la reticencia a regresar a actividades laborales o presenciales en general que varios grupos sostienen en esta etapa de apertura. Es algo que se está viendo mucho en empresas”, describió el domingo en declaraciones a radio La Red.

No obstante Navarro Pizzurno aclara que pensar en un síndrome es asociar ciertas señales a una enfermedad cuando en realidad se está ante un fenómeno pluricausal.

“Que haya personas adultas que no quieran volver a su trabajo es un tema que las áreas de Recursos Humanos tendrán que atender con particular cuidado en los próximos años. Porque no es un trastorno que una persona piense que si termina de trabajar a las 18, cinco minutos después puede estar en el gimnasio o conectándose con su sesión de terapia”, ejemplifica.  

El especialista señala que hay diferencias profundas y que atribuir un síndrome a todas las personas que se quieren quedar en la casa es una categorización peligrosa que engloba por igual a alguien que no quiere levantarse temprano para llegar a horario con una embarazada que no le resulta conveniente viajar en colectivo todos los días.  

“Quienes trabajamos con la salud mental sabemos que estamos ante un emergente en el mundo del trabajo”, resume.

El cierre de algunas oficinas para pasar a plataformas o formas de atención mediadas por tecnologías todavía no ofrece una visibilidad clara sobre cómo se van a reorganizar espacios, tareas y roles porque el espectro es amplio.

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Patricio Navarro Pizzurno.
Crédito: revista ContactCenters

“Hay empresas donde ya se anunció que a partir del 1 de octubre se incorporará la nómina completa y otras donde habrá turnos para el uso de un mismo escritorio. Considero que es necesario encontrar un equilibrio. Antes de la cuarentena se nos planteaba un escenario de uniformidad de horarios, vestimenta y tareas; mientras que ahora, tenemos personas que viven solas y están contentas, personas solas y que están tristes; lo mismo para quienes conviven con una o más integrantes de la familia. Con el regreso a la presencialidad todo es más complejo de lo que parece”, apuntó.   

Desafío para las empresas

“Todos nos preguntamos por cómo se organizará el trabajo a futuro. Creo que tendrá que ser un esquema mucho más individualizado, mucho más cuidadoso de cada persona”, expone Navarro Pizzurno.

Para que quede aún más claro menciona un ejemplo. “Si alguien tiene dificultad para salir de su casa no corresponde darle cinco días para que siga permaneciendo allí, sino ayuda. Porque el motivo por el que está ahí no es el disfrute del hogar, es porque probablemente desarrolló una agorafobia (temor obsesivo ante los espacios abiertos o descubiertos)”, grafica.

En el nuevo contexto que plantea también nuevos desafíos postula que las áreas de Recursos Humanos tendrán que asumir un rol más cercano al de un agente de salud.

“Y no digo ir viendo caso por caso pero sí que desde las empresas se vaya teniendo una cercanía mucho mayor hacia los individuos y lo que les pasa con el retorno a los lugares de trabajo”, expone el psicólogo.

Antes del retorno a la presencialidad ya se pueden ven movimientos dentro del mercado laboral: así como hay gente que vuelve y no pasa nada, hay otra que no vuelve a ‘su trabajo anterior’ y hay que ver por qué, dice.

“Conozco casos de personas que renunciaron y eligieron otras opciones laborales que les implicó un 30 y hasta un 40% de reducción de sus ingresos”, contrasta sobre el replanteo de motivaciones.

Con la insistencia en el aspecto rupturista que de la pandemia en varios aspectos, el médico señala que en la cotidianidad hay quienes han descubierto nuevas prioridades y una vida nueva.

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