Para ver esta nota en internet ingrese a: https://www.diarionorte.com/a/209369
Natan Waingortin

columnista

La esencia de Rosh Hashaná, el Año Nuevo Judío

¿Repetimos o podemos cambiar? Creo que ambas. Volvemos a vivir experiencias, pero pasa el tiempo y vamos creciendo. Esta es la esencia de Rosh Hashaná, el Año Nuevo Judío.

Fiestas. Los judíos tenemos un calendario propio, con sus festividades y fechas especiales, y, por supuesto, con su Año Nuevo. Justamente, esta última semana festejamos Rosh Hashaná, literalmente “la Cabeza del Año”, donde empezamos el año 5782, y el próximo miércoles 15 por la tarde comienza Iom Kipur, el Día del Perdón.

5782 años, simbólicamente, han transcurrido desde que Dios creó el universo. Esto no busca ser un dato científico, sino puramente de significado existencial y ético. Rosh Hashaná, el Año Nuevo Judío, es el aniversario de la creación de Adán y Eva, los primeros seres humanos.

Al ser todos descendientes de una misma familia, ¿qué derecho tiene un pueblo sobre otro?

¿Acaso podemos hablar de superioridad? A esto nos referimos con significado ético. Rosh Hashaná suena a comida, y mucha comida. Una mesa larga con los abuelos, los tíos y primos, también amigos, que nos reunimos a festejar. Algunos estarán a la distancia, otros ya desde el recuerdo. Rosh Hashaná es un día de mucha nostalgia y emoción.

¿Y QUÉ COMEMOS?

La cena familiar tiene una introducción con una serie de bendiciones: prendemos las velas y brindamos con el Kidush, santificando la festividad con una copa de vino.

Luego nos deseamos “un año bueno y dulce” comiendo manzana con miel, y decimos “que seamos cabeza y no cola” señalando una cabeza de pescado. Tras el lavado de manos, bendecimos la jalá agulá, un pan trenzado en forma circular como el tiempo cíclico, y en lugar de ponerle sal como siempre, hoy lo bañamos en miel.

Luego degustamos el guefilte fish, una deliciosa comida ashkenazí (de Europa del Este) que es pescado molido condimentado, sea en bolitas hervidas o en pastel, dulce o salado, siempre con un pedacito de zanahoria arriba.

Se lo acompaña con el jrein, que es una pasta de remolacha con rábano picante. (Mi mamá siempre hace uno suave y otro bien picante, y les pone cartel para no confundirse, dato importante). También es tradicional la sopa de pollo con móndalaj, que son como crutones hechos con masa de grisines, quedan crocantes, riquísimos.

Por supuesto acá en Chaco, como en todo lugar donde hay comunidad judía, adoptamos la comida local, agregando pacú, sopa paraguaya, y todas las delicias de nuestra tierra. Sagrado. Cada uno puede dar fe de que la comida de su abuela es la mejor de todo el mundo.

¿REPETIMOS O PODEMOS CAMBIAR?

“Shaná” en hebreo significa “año”, pero tiene la misma raíz que las palabras “shinun” (repetición) y “shinui” (cambio). Por eso, la pregunta es un juego de palabras. Rosh Hashaná es un momento para mirarnos al espejo y evaluar. ¿Estoy en el mismo lugar? ¿Cambió algo? ¿Estoy donde quiero estar? ¿Soy feliz con lo que soy?

El tiempo es como una espiral ascendente. Vuelve a pasar por el mismo lugar, pero cada vez más arriba. Shofar, el sonido de tu vida. Todo niño judío se emociona al escuchar el sonido de este cuerno hueco que suena tan fuerte y potente.

El momento del shofar es esperado por chicos y grandes, porque es parte de la identidad del pueblo. Dios nos está llamando a evaluar —como dijimos— nuestras vidas en el último año, y el shofar es un despertador para el alma.

TESHUVÁ, RETORNO

En el judaísmo no tenemos el concepto de pecado original. La Teshuvá es la posibilidad humanamente divina de arrepentirnos y retornar de todos nuestros errores.

Con sinceridad, conciencia y el honesto compromiso de reparar los daños, perdonar y perdonarnos, los seres humanos no cargamos con máculas imborrables, sino que está en nuestras manos enmendar nuestros caminos. Dios está esperando nuestro retorno, y nos ayuda con Rosh Hashaná a encontrar la Teshuvá. Cambia, todo cambia.

Todos los años el mismo Rosh Hashaná, el mismo shofar, la misma cena. Los que cambiamos somos nosotros. Shaná, Shinun y Shinui. Año, repetición y cambio, la aventura de nuestras vidas. Cada año nos arrepentimos de los mismos errores, nos proponemos mejorar en lo mismo que el año anterior. Pero, así como se renueva el año, nosotros también renovamos nuestras ganas de vivir, nuestro compromiso con nuestras familias, amigos, trabajos y estudios.

En Rosh Hashaná nos reunimos en comunidad a rezar y pedirle a Dios por un año bueno y dulce para toda la humanidad. Los servicios religiosos se llevaron a cabo de manera presencial cumpliendo con los protocolos, y también transmitidos por Facebook, para que todos podamos estar y celebrar juntos.

En Rosh Hashaná nos saludamos diciendo Shaná Tová, que significa literalmente “Un Año Bueno”, o “Shaná Tová Umetuká”, “Un Año Bueno y Dulce”.

Así que, con estos mensajes, comidas y símbolos, tenemos también la posibilidad de saludar a nuestros familiares, amigos, vecinos y conocidos que sean judíos, compartir alegrías sembrar sonrisas y bendiciones. Desde la Comunidad Judía de Resistencia les deseamos un Shaná Torá Umetuká, que tengamos un año con salud, sustento, alegrías y muchas bendiciones de Dios.

Notas Relacionadas