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Desempleo joven, un problema sin resolver

Desde hace ya varios años los jóvenes de todo el país sufren el problema del desempleo. Las estadísticas confirman que la probabilidad de estar sin ocupación es hasta tres veces mayor entre las personas de entre 18 y 30 años que entre los que superan esa franja etaria. El drama social y económico de la falta de empleo, además, se profundiza entre las mujeres y los que tienen menos formación.

El fenómeno no es nuevo. Un panorama similar se observaba ya en el año 2004. Desde entonces y hasta la fecha los distintos ensayos realizados para reducir la desocupación arrojaron resultados dispares.

En algunos ciclos dieron resultados aceptables y en otros no, confirmando de alguna manera el carácter estructural de un problema que, en un contexto de emergencia sanitaria, se agravó aún más en un país que, para colmo, sufre hoy una economía muy frágil, pero que ya venía dando muestras de esa fragilidad en los últimos años, incluso antes de la pandemia.

Hay quienes advierten que el escenario es tan volátil que califican a este como uno de los peores momentos económicos del país desde que regresó la democracia, en 1983. Como ocurrió ya en otras oportunidades en la historia reciente del país, el desempleo juvenil vuelve a ensañarse con los grupos sociales más vulnerables.

Es que, como se dijo, en la franja joven de la población son las mujeres y los menos educados los más afectados por el desempleo. Pero eso no es todo. Otra vez, el mayor porcentaje de los jóvenes desempleados provienen de hogares de menores recursos, lo que dificulta cualquier intento por romper el ya conocido círculo vicioso de transmisión intergeneracional de la pobreza.

Valga una aclaración. Según los últimos datos oficiales, la tasa de desempleo en Argentina bajó al 10,2 por ciento en el primer trimestre de este año, pero hay que tener en cuenta que se viene de un 2020 golpeado duramente por la crisis sanitaria. De hecho, algunos economistas advierten en este sentido que la cantidad de personas que buscan trabajo y el nivel de empleo a lo largo y ancho del país aún no alcanzan los niveles prepandemia.

También se informó a nivel local que en el Chaco se registró una fuerte reducción del desempleo, del orden del 50 por ciento, una cifra que en principio parece ser obra de un verdadero milagro. Sin embargo, la simple observación de lo que ocurre en la calle permite ser cautos a la hora de celebrar cualquier cifra, sobre todo en un contexto económico y sanitario donde muchos intentan sobrevivir como pueden en medio de tanta incertidumbre.

Además, si se analiza lo que sucedió con la otra parte de la población económicamente activa que sí tiene empleo, se tiene que sólo entre los años 2018 a 2019 hubo un fuerte ajuste en el poder adquisitivo de los ingresos y que la irrupción de la pandemia en 2020 borró de un plumazo cualquier intento bienintencionado de recuperación.

En efecto, se estima que hubo un 27 por ciento en pérdida de poder de compra en solo últimos tres años para el sector de menores ingresos del país, mientras que para los del sector medio la pérdida trepó a casi un 24 por ciento, y para las capas altas llegó a casi un 20 por ciento.

Volviendo al tema central abordado en esta oportunidad —el del desempleo joven—, no se puede desconocer que los cambios tecnológicos también ayudaron a configurar un nuevo escenario en el mundo del trabajo. Hace poco, por ejemplo, el especialista en Empleo y Desarrollo Productivo de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en la Argentina, Christoph Ernst, explicó que las nuevas plataformas están transformando las relaciones laborales en el país y en el mundo.

Así, el contrato laboral tradicional que conocieron otras generaciones ahora se reduce a los términos y condiciones establecidos por las plataformas y la organización, donde la supervisión del trabajo queda en manos de algoritmos, tal como advierte el experto de la OIT.

Es necesario estimular a los sectores más afectados por el deterioro de una economía golpeada por la crisis sanitaria sin precedentes, incluyendo el mantenimiento de aquellas medidas que se aplican para ayudar a los jóvenes. Es que el desempleo juvenil no solo afecta y perjudica a las nuevas generaciones, sino que representa también un elevado costo a largo plazo para toda la comunidad.

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