20 años de Amauta, el espacio de creación de bailarines chaqueños
Amauta se gestó como un posible espacio de creación muchos años antes de haber sido creada y construida colectivamente junto al primer equipo de bailarines, encabezado por Gabriela Avalos, en el año 2001.

Esta compañía de danza, que hoy celebra veinte años, conceptualmente surgió en una tarde de lecturas entre Avalos y Néstor A. Fuentes, entre esos textos apareció una palabra en lengua quechua con un poder tan fuerte que invitó a desandarla. Asi aparece la palabra “Amauta”, solo restaba asumirla y crecer para darle espacio.
En este marco, NORTE charlo con la directora de esta academia, Gabriela Ávalos.

- ¿Por que el nombre Amauta?
- Amauta en quechua significa maestro pero no desde la forma de pensamiento individual sino como una forma de transmisión cultural en comunidad. Cuando supe que esa palabra tenía y tiene un círculo de significaciones muy valiosas en las culturas originarias poseedoras de esta lengua madre, y que me interpelaba a repensar desde ahí el propósito del para qué hacer danza, desde dónde bailar, desde que principios fundantes generar un espacio diferente que nos vuelva comunidad y no un ballet o una academia, en el sentido del pensamiento occidental de la danza. Ahí surgió nuestra Amauta.
- ¿Cómo fue evolucionando este espacio?
- Amauta fue primero una inquietud personal de refundarme desde otras miradas posibles de crear danza, un concepto que fui madurando durante muchos años de bailarina independiente y luego, varios años después se constituyó finalmente como un equipo de bailarines que centra sus procesos creativos en la investigación, la búsqueda y la experimentación en el campo del movimiento sobre principios fundantes que tienen que ver con la resignificación del pensamiento latinoamericano en las artes y en la multiplicidad de saberes que conllevan producir una escena donde las danzas tradicionales, folclóricas, dialoguen en forma holística con otros campos del arte universal y del saber popular. En este sentido, Amauta no es una academia de danza folclórica, es una compañía de danza independiente que funciona como un espacio de creación que produce obras desde diversas formas estéticas con un lenguaje propio pero no cristalizado en una forma única de corporalidad, sino que se va dinamizando con los aportes que cada generación de bailarines va dejando en el entramado conceptual y estético de la compañía.
- ¿Como maduraron, tanto vos como profesora y la compañía en general, desde aquel primer espectáculo?
- Suelo pensar en la confianza y también en la necesidad de encontrar ese “otro lugar” donde me sienta parte de algo distinto que han tenido todas y todos los bailarines que han formado parte y que maduraron el contenido humano y poético de la compañía en estos 20 años. Yo he madurado con todas y todos ellos, es un convivio que nos trasforma y nos enriquece mutuamente.
Sobre el cómo, no sé decir cómo, tal vez porque no pensamos mucho en el cómo en un primer momento sino en el hacia dónde, que emoción y sensación hacer cuerpo en situación danzante, que decir en cada espectáculo, que dejar como aporte también y desde ahí todo empieza a ser como una alquimia. No es que sea un trabajo sin método, todo lo contrario, en estos últimos cinco años hemos dado forma a una línea metódica de composición sobre patrones corporales de las danzas de enlaces del litoral que nos define y personaliza un poco dentro del ámbito regional y nacional, se nos reconoce por esa línea de estilización en danza.
- ¿Como cambiaron los planes de festejos con la pandemia?
- Nosotros celebramos nuestros años traducidos en cuantos solsticios de invierno. Compartimos haciendo encuentros, fogones o estrenos de obras con funciones alegóricas al nuevo ciclo solar que acontece en cada 21 de junio.
- ¿Hay una edad para aprender a bailar?
- Depende los intereses de cada persona, si se desea hacer una carrera profesional como bailarín o bailarina, en instituciones con perfiles académicos es claro que sí, el cuerpo-tiempo tiene sus limitaciones. Pero la danza es tan humana como la necesidad del aire que libera y sana cuando no se la contamina, ya en el vientre materno somos danza, pulsamos desde una misma rítmica que heredamos culturalmente. Va a llegar el tiempo en que volveremos a danzar para sentirnos el otro, la otra, los quienes que no puede realizarse si no es a partir de los demás, esa es la danza verdadera, diversa, plural y para esa manera de vivir la danza no hay edad, hay vida.

- ¿Como es ensayar en estos tiempos de coronavirus? ¿Cuáles son los protocolos que siguen? Teniendo en cuenta que la danza es de contacto.
- Nos ha cambiado todo, tuvimos que pasar por el momento de la aceptación primero, nosotros trabajamos a partir del contacto, de los ciclos respiratorios que a su vez son sonidos para generar una misma circulación de energía grupal. Es muy cruel tener que cuidarte de la respiración cercana de la otra persona que hace meses atrás éramos una sola energía creando puentes, muy difícil, muy desolador también. Imaginate lo que es estar casi un año bailando entre cuatro paredes, siguiendo clases de tus maestros por plataformas o no ensayando directamente, a nosotros no nos funcionó la virtualidad, y cuando nos volvemos a ver es incontenible lo emotivo, no el abrazo pero es valioso el vernos y cada ensayo, con los cuidados extremos de por medio, puede ser el último hasta que pasen otros muchos días de no poder hacerlo.
Coreográficamente las pautas han tenido que cambiar, estábamos en un proceso muy avanzado de obra por estrenar, ese proyecto quedará para mucho tiempo más adelante, no es posible pensarlo desde los protocolos vigentes, a pesar de la apertura de las salas teatrales o espacios abiertos, no se la puede realizar corporalmente, cambiarla a un formato personal e individual es sacarle la médula al concepto general.
- ¿Que es lo que más extrañas de la vieja normalidad?
- La certidumbre, la confianza, los abrazos, la gestualidad de los bailarines y las bailarinas. A veces temo que perdamos el interés por esas cosas simples que se pueden llegar a desnaturalizar.
- ¿Bailarín se hace o se nace?
- Se nace con una virtud que hay que saber darle lugar en nuestra espiritualidad para que nos manifieste dentro de nuestros entornos de vida como bailarines que cumplimos una funcionalidad en nuestra sociedad.
Se hace una casa, se hace una coreografía desde sus aspectos formales, pero una persona que esta en plenitud cuando baila es porque ha sabido escucharse, mirarse adentro, incomodarse en la introspección para encontrar lo mejor de sí y ofrecer esa parte que puede ser sanadora para los demás, no es un acto de vanidad, es una virtud para cumplir con una misión.
- ¿Hay mucha competencia en Chaco entre academias?
- Es algo en lo que me detengo a observar. Amauta no participa de competencias, que es el ámbito donde podría darse algún tipo de reacción así, sólo participabámos de los selectivos del Pre Cosquin, como ha resultado Ganador en el año 2012, desde entonces no estamos en los circuitos propios de danza en competencia como grupo, si con algunos proyectos de parejas de baile pero son más personalizados y responden a intereses de los mismos bailarines.
- ¿Que es Amauta en tu vida?
- Mi espacio de creación.
- ¿Como definirías al baile?
- Como esa forma efímera de manifestar la sensibilidad ante las cosas inexplicables. El cuerpo, como representación o como epifanía de algo más sagrado, es una archivo de memoria sensible muy poderoso a nivel simbólico, el baile saca a luz esa verdad y es un canal para habitar cada movimiento como a esa casa que se moldea entre ilusiones y esperanzas desde una voluntad de pertenencia a un lugar, a una cultura elegida.

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