Vendedores de comida sólo buscan sobrevivir a pesar de la presión municipal
A los aumentos y las bajas ventas se le suma el constante hostigamiento para que abandonen sus puestos callejeros, a pesar de que quieren pagar impuestos y cumplen con los controles.
La venta de comida en avenidas y bulevares es una muestra típica de la cultura gastronómica local. Lo que siempre resultó una solución milagrosa para el almuerzo de los domingos, hoy se ve atentada por la burocracia municipal y corre riesgo de desaparecer en el futuro.
En una recorrida dominical por los puestos de comida en el cruce de las avenidas Lavalle y Wilde, NORTE dialogó con vendedores que son acosados por agentes de la municipalidad de Resistencia, quienes contaron sobre las constantes presiones que reciben para abandonar sus lugares.

Al respecto, Nidia, quien hace 7 años que vende empanadas en dicho cruce, contó que teme por perder su trabajo y único medio de subsistencia. “La municipalidad nos quiere sacar” dijo en relación a ella y sus colegas puesteros. “Nosotros vivimos de esto, no tenemos otros ingresos. Tuvimos que cerrar durante la pandemia y cuando se fue flexibilizando no nos querían dejar volver a vender” contó la vendedora de 55 años.
Sobre las prohibiciones, Nidia indicó que la municipalidad “decía que no podíamos estar porque no aceptaban que estemos con el fuego acá”, pero afirmó que la verdadera intención “es ubicarnos en otro lado donde no hay gente, pero acá en la avenida tenemos todos nuestros clientes”, afirmó preocupada. “La última vez que vinieron nos sacaron a todos acá, lastimaron a mis compañeras que vendían sandía'', lamentó la puestera, y recordando que ese día se desperdició mucha fruta y comida. “Fue muy triste, tuvimos que viralizar en Facebook porque no nos dejan trabajar”.

“Hace 7 años que vendo acá, no me puedo ir a otro lado porque no voy a tener ni ventas ni nada”. Nidia aseguró que tanto ella como sus colegas “no nos mantiene el Estado, ni siquiera tenemos becas, solo me mantengo con la venta de mi comida”. Por otra parte, la vendedora señaló que no aumentó sus precios y que trata de mantenerlos fijos para poder seguir vendiendo. “Ahora que se acerca semana santa tuvimos que aumentar la empanada de pescado porque siempre se vende mucho en esta época y el precio es más caro”, comentó Nidia, quien a pesar de los obstáculos espera vender 300 docenas de empanadas para semana santa.
Casos similares fueron narrados a este impreso. También Jessica, quien tiene un parripollo también en Wilde y Lavalle, dijo que el conjunto de vendedores de comida callejera está dispuesto a pagar impuestos y habilitaciones, “porque lo único que queremos es trabajar, pero se hace difícil porque los agentes esquivan nuestros pedidos cuando decimos que queremos pagar impuestos”.

No dependemos del Gobierno sino de los vecinos que siempre vienen a comprar. Si es necesario pagar un tributo por nuestro trabajo lo hacemos sin problemas porque es nuestro único medio de ingresos”, expresó la vendedora.
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