¿Crisis o cambio?
"La felicidad es la administración inteligente del deseo", dice el siquiatra español Enrique Rojas. No quiero con esto matar los sueños u objetivos poderosos de nadie. Al principio, tengo que reconocer que me chocó. Me sonó a conformismo, pero como una persona que se ha puesto siempre grandes metas, y -por alguna cuestión médica o de simple carácter- ha carecido de ciertos filtros para soñar con objetivos grandes, luego de un tiempo me pareció algo lógico.
Dicen algunas definiciones que la palabra deseo se relaciona con otras dos: anhelo o esperanza -de obtener algo- Para la RAE (Real Academia Española) es "movimiento afectivo hacia algo que se apetece".

Cuando tenía 14 años no se si deseaba tanto convertirme en periodista, como escribir para la Revista El Gráfico, o simplemente poder contar, en primera fila, esas historias que yo leía. "La administración inteligente del deseo", me llevó a estudiar periodismo, y a darme cuenta que había algo más grande que la revista: escribir.
Me hacía, me hace feliz escribir
Pero, cuando conocí a García Márquez (conocer en el sentido, leí su primer libro, del sentido el primero que me topé de él: Noticias de un secuestro), o a Isabel Allende con La Casa de los Espíritus, pensé que "era difícil". ¿Dónde iba a encontrar yo ese vocabulario, imaginación y sentimientos?. En la vida, dónde más.
Afortunadamente tuve, tengo una vida llenas de historias. Las que pude contar con el periodismo han sido fascinantes, no importa en qué formato o medio.
Cuando la sombra de los 30 años se acercaba pensaba que era algo positivo. Pero, a los 25 mis planes y deseos cambiaron. Me costó mucha terapia entender que no siempre tener planes significa que todo saldrá así. Si yo había podido enderezar mis torcidos planes tantas veces, ¿por qué ahora no?.
Por la misma razón que los últimos libros de Isabel Allende me aburrieron, y una crónica sobre un abogado que decidió cruzar a nado el Río de la Plata me pareció más inspirador que la llegada de Campazzo a la NBA . Porque el concepto de felicidad cambia, porque cambian nuestros deseos.
Nunca me vi como una persona estudiosa (tengo muchos testigos, mis padres para empezar, para probarlo), pero podía sostener una antena antigua de TV, en medio de una tormenta, mientras comentaba un partido de fútbol en la Liga Rosarina para tener más señal, o bajarme de un colectivo y subir a otro para pasar del fútbol al basquet, sin que me paguen un centavo. Yo fui feliz con esa vida loca desde los 18 a los 30 y pico.
En una sociedad que le pone nombre a las generaciones, creyendo que ser nuevos en la vida es el único requisito para cambiar de ideas o tener concepciones diferentes, quiero contarles que, los que llegamos (y pasamos) los 40, también tenemos nuevos sueños, nuevos deseos. Estoy segura que -si estoy viva- pensaré lo mismo a los 60 y a los 90.
No tenemos por qué llamarlo crisis. Muchas veces confundimos y censuramos los cambios, según la edad: "se compró una moto, quiere viajar por el mundo, quiere estudiar todavía".
Mi psicóloga siempre me decía: hace algo que desees, que te de placer. (Padezco de estrés crónico desde los 18 años). Pero, yo calculaba cuáles eran mis posibilidades dentro de lo que "para mi edad" era correcto.
Lo mismo dicen todas las solicitudes de trabajos, becas, entre otras cosas. Si, sé que hay cosas que no haré a mis 40 y tantos, pero por elección, por algún impedimento físico o porque no quiero.
Pero, volver a estudiar en otro idioma, viajar a un lugar imposible, conocer gente que "es imposible", escribir un libro, o empezar mi tesis 15 años después de terminar la carrera, son cosas que deseo hacer hoy, no porque estoy aburrida o tengo una crisis, simplemente porque eso me haría feliz.
Los límites existen, si, y no todos son mentales. Pero, dentro de lo que tenemos en nuestras manos, no necesariamente escalar el Everest, o comprarnos una Ferrari, ¿nos preguntamos a menudo, qué es lo que nos haría feliz, qué es lo que queremos/deseamos hacer?.
¿Qué es lo que deseas hacer vos?
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