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Femicidios: solo se ve la punta del iceberg

El asesinato de la joven Guadalupe Curual en Villa La Angostura vuelve a conmocionar a todo el país cuando todavía no se cumple un mes del crimen de Úrsula Bahillo ocurrido en la provincia de Buenos Aires.

A pesar de todas las campañas que se realizan para llamar la atención sobre estos asesinatos y denunciar prácticas que sustentan la violencia contra las mujeres, las cifras de femicidios no deja de ser alarmantes. Según el Observatorio Ahora Que Sí Nos Ven, en lo que va del 2021 49 mujeres fueron víctimas de femicidio. En otras palabras, en la Argentina muere una mujer cada 26 horas víctima de la violencia machista.

El registro que lleva este observatorio revela una serie de datos preocupantes: el 70 por ciento de las víctimas fue asesinada por su pareja o expareja, y en el 16 por ciento de los casos hubo una denuncia previa alertando sobre amenazas de los agresores.

Es evidente que hay patrones de conducta que se repiten entre los hombres que terminan asesinando a mujeres. Basta analizar estos dos últimos casos, el de Guadalupe Curual y el Úrsula Bahillo, para encontrar similitudes en el proceder de los victimarios previo a cometer los crímenes, como el hostigamiento a sus exparejas, mensajes a sus celulares con amenazas y la ya tristemente célebre frase “serás mía o de nadie”.

En rigor, estas conductas repetitivas vienen siendo denunciadas desde hace mucho por las organizaciones y redes que defienden los derechos de las mujeres.

También es evidente que, a esta altura de los acontecimientos, algunos de los dispositivos creados para prevenir estos crímenes no cumplen con su objetivo. En muchos casos, por ejemplo, los denunciados tenían una orden de restricción perimetral, que es una medida que dispone la autoridad judicial a partir de la denuncia que presenta la víctima al sentirse amenazada y que, en teoría, debe servir para poner en marcha mecanismos de protección.

Pero también hubo casos en los que las víctimas no fueron escuchadas por las autoridades con competencia en estos asuntos. Y este tipo de situaciones lo que hace es agravar aún más un contexto cultural e institucional que se traduce en una mayor violencia de género, donde el femicidio no es otra cosa que la punta del iceberg. Por debajo se esconde una violencia muchas veces naturalizada contra las mujeres.

“¿Vos qué hacías para que tu pareja te pegara?”, preguntó hace unos años con toda naturalidad una diva de la televisión a una actriz y cantante que fue invitada a una mesa para hablar sobre la violencia de género. Y esa pregunta, en apariencia inocente, se replicó en miles de hogares por la magia de la TV contribuyendo a construir sentido común.

Ese sentido común que alguna vez, hace no mucho, llevó a que la crónica policial se refiriera a estos asesinatos como crímenes pasionales. Pero, por suerte, en los últimos años la lucha histórica de las mujeres puso en crisis esa construcción y es por eso que ayer, en Villa La Angostura, una larga lista de instituciones y organizaciones repudiaron el femicidio que puso fin a la vida Guadalupe Curual (autoridades del Parque Nacional Nahuel Huapi, el municipio local, Colegio de Arquitectos de la Provincia de Neuquén y referentes de distintos partidos políticos, entre otros que reclamaron justicia), en un rechazo similar al que expresó la semana pasada la Fuerza Aérea Argentina a través de su cuenta de Twitter por el femicidio de Ivana Módica, asesinada por su pareja, un piloto militar que fue destituido de la fuerza. Algo está cambiando en la sociedad, pero no es suficiente.

Es necesario que las estrategias de prevención se diseñen teniendo en cuenta que el femicidio es solo la punta del iceberg.

Hay que bucear por debajo de la superficie y revelar las múltiples expresiones previas de violencia, aquellas desigualdades de género que a veces no son tan perceptibles para el conjunto de la sociedad pero que por estar tan arraigadas en la vida cotidiana, en lo cultural y en lo simbólico, son legitimadas en muchos ámbitos. Son esas construcciones sociales de género las que deben cambiar.

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