El consumo de pescado se amplía y diversifica
La venta no disminuyó porque cuesta menos que la carne vacuna.
Por incorporación de hábitos más saludables o por conveniencia económica la carne de pescado es uno de los productos que empieza a extenderse en el consumo general. Además de recomendarla médicos y nutricionistas, la proximidad con el río Paraná amplía una tradición cultural.


“Lo que más nos piden es el pescado de río; está más accesible y ahora se complementó con que la carne (vacuna), que se fue a las nubes”, analiza Francisco, de pescadería Italia, de avenida 9 de Julio 1510.
Entre los más populares en ese local están: manduré, sábalo, boga, armado, moncholo con precios que rondan los $200 el kilo. Además hay algunos trozados a $150 y $100 el kilo incluso, que se suelen recomendar para chupín o para relleno de empanadas. También la milanesa de surubí a $430 es otra de las preparaciones más pedidas.

Más cerca del centro de Resistencia, en Moby Dick, un comercio con más de 30 años, Diego coincide en que se vende

bien porque está más barato que la carne (vacuna), pero si se compara con lo de hace un año considera que la demanda cayó.
En cuanto a la modalidad de ventas antes de la pandemia ya habían incluido la toma de pedidos por teléfono. En ese lugar son pocos los clientes que piden por monto antes que por peso: “Por ahí viene gente que dice tengo esto dame por tanto, pero la mayoría pide por kilo o cantidad”, es decir el tamaño de una pieza o cierto número de filetes.
Él trabaja ahí hace 21 años y asegura que hay clientes de toda la vida: “A algunos no los vemos más y siguen viniendo sus hijos, con los nietos”, cuenta.
Sobre las preferencias describe que hay para todos: “Está el que le gusta de río y está el que le gusta de mar; hay gente que consume pescado por salud y otra porque le gusta”.
Al oeste de la ciudad a pocos metros de una de las calles que delimita los barrios Santa Inés y San Cayetano, hace un año y 8 meses abrió una pescadería.
El local Ivars es atendido por María Soledad que admite que costó un poquito sostener la decisión porque en Resistencia la especialidad nunca fue un negocio de cercanía. “Abrimos para esa población que si no tiene auto tiene que tomar un colectivo y por el traslado no se puede comprar gran cantidad tampoco. Aprovechando que un familiar cerró su negocio instalaron el local justo en la parte de atrás del polideportivo Jaime Zapata.

“Al principio era muchísimo el consumo de pescado de río, creo que es el que más se conoce. Ahora se incluyó el de mar pero en compras módicas. Son cantidades pequeñas como para una comida, no para 15 días, por ejemplo. Se nota la administración diaria del dinero. Se compra por la cantidad de plata que se trae”, grafica.
La inflación de enero en el rubro Alimentos y Bebidas aumentó un 4,8%. El Indec informó que el precio del limón fue el que más subió con el 39,4%, seguido por la naranja con el 23,1% y el filet de merluza fresco con el 14,1%.
Para María Soledad es uno de los pocos incrementos que hubo en el último año, así como el reciente de un 12%, empujado por los combustibles.
Cierre después de 60 años en el rubro

La pescadería Italia tiene 60 años de existencia. “Nací acá”-dice Francisco- “pero fallecieron los dueños y este lugar se vende; así que seguiré en otro lugar”, explica a NORTE. Buena parte del paisaje de esa zona de la ciudad cambió y el local sigue más o menos igual.
En la vereda de avenida 9 de Julio 1510 dos mujeres esperan su turno para ingresar, cumpliendo el protocolo.
Una de ellas lamenta profundamente la noticia porque conoce el negocio desde que era chiquita, cuando iba a comprar el papá. Ahora que vive un poco más lejos viene en moto por surubí para milanesa o para empanadas. “Se compra cuando se puede. Es un gusto y también para mejorar la alimentación, la salud”, afirma.
Otra mujer que vive cerca dice que también elige los pescados de río porque de los de mar “hay menos”. Además aprovecha para cuestionar que el recurso sea cada vez más escaso por la depredación y por la competencia en la pesca, resultado de tratados perjudiciales para la economía argentina. Por los diques “hay agua y peces cuando se les da la gana a los brasileros”, se queja.
Ventajas en la cocción y preparación
Lo que más piden en Ivars son los filetes merluza (preferentemente sin espinas) y surubí en rodajas que rondan los $400 a $450 el kilo. “Creo que es porque es lo que más se conoce y por ahí por cómo se cocina”, analiza María Soledad.
Que el pescado ya esté desespinado y cortado en porciones agiliza los tiempos en la cocina.
Entre lo más costoso está el salmón rosado, a $1 300 el kilo aunque triplica al promedio asegura que tiene salida; “lo compra gente que hace una dieta por ejemplo”.
Pensando en las combinaciones en el local agregaron otros productos complementarios. En un freezer se ven medallones congelados de legumbres y verduras; y en los estantes se exhibe una variedad de condimentos, aceites, semillas y arroz.
Prefieren el de río
En la pescadería de avenida 9 de Julio casi calle siete Francisco reconoce que en algunos casos hay clientes que no llevan un tipo de pescado por temor a las espinas. Para evitarlo él ofrece un plus: “Lo limpio, lo corto y preparo. Una vez terminado es prácticamente igual a otro de mar. Y es más sabroso también porque es fresco, está a mano. Si uno lo prepara, por gusto se elige más el de río. Y el de mar eligen los que están con problemas de salud o están a dieta y tienen que cuidarse”, dice.
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