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CARTA DE LECTORES

La inflación de enero de 2021

Señor Director:

Los y las argentinas mayores de 65 años hemos vivido muchos procesos inflacionarios, por lo que, aunque no seamos economistas, sabemos empíricamente qué es un proceso inflacionario y qué causas los producen.

Enseguida notamos cuándo este proceso se acelera, porque los billetes que tenemos en el bolsillo alcanzan para comprar cada vez menos y hasta es simbólico que casi ya no se utilicen las monedas y hasta los billetes de menor valor.

Recientemente hubo reuniones del gobierno con sindicalistas y empresarios para consensuar medidas que frenen el proceso inflacionario, sobre todo en la canasta alimentaria. Las declaraciones de los participantes de estas reuniones suelen provocar risa, por la falsedad e hipocresía de los eufemismos que utilizan para hablar.

“No somos formadores de precios” dicen los representantes de los grandes monopolios, ganaderos, de la agricultura industrial etcétera, pero ellos dicen a su vez, que quieren que se les pague por su producción lo que cotiza la Bolsa de Chicago: 500 dólares por una tonelada de soja y casi 300 por una de maíz. La razón principal es que sus insumos son importados y se los cobran en dólares. Pero los sueldos de sus trabajadores los pagan en pesos, y tenemos entendido que el salario es un componente importante del valor del producto.

Los trabajadores sabemos que no somos nosotros, ni los pequeños y ni siquiera los medianos productores los que fijamos los precios de las cosechas. “Son los mercados” nos dicen y ¿quiénes son esos? Los bancos, las empresas multinacionales de alimentos, los grandes productores ganaderos, cerealeros, los frigoríficos, los intermediarios, sociedades de bolsa, corredores. No los pobres kiosqueros como puso de ejemplo un asesor.

Las certezas que tenemos son muchas, porque los trabajadores somos involuntarios testigos de la evasión y el contrabando en todas las escalas, porque a muchos y muchas les pagan en negro y por estar en esa condición, para poder llevar un mendrugo de pan, se callan, hacen que no ven cuánto gana su patrón o patrona sin aportar los impuestos.

Lo que da bronca es que todos éstos que evaden impuestos en gran escala, se quejan de que el Estado “cobra muchos impuestos, que así no se puede trabajar, que no hay actividad que lo resista” ¡Si se habrá visto caradurez! hacen trabajar a la gente por 500 pesos diarios. Somos los consumidores pobres los que pagamos más impuestos en forma proporcional. Y ahí está una de las grandes causas de la inflación: el trabajo en negro, la explotación laboral, el bajo poder adquisitivo de la mayoría de los salarios.

El pueblo trabajador cada vez gana menos, porque el negreo tira el sueldo hacia abajo. Los sueldos no son la causa de la inflación, pero parece que cada tanto en la historia los trabajadores deben demostrar esto con grandes movilizaciones en todo el país, hasta pasando por encima de la dirigencia sindical genuflexa.

Y llevaría muchos centímetros describir que los pobres no consumimos productos caros, ni podemos tener una alimentación saludable, en la casa del peón albañil, por tomar un ejemplo, no hay arroz Gallo, aceite de oliva Lira, no se toma leche La Serenísima, yogures, flanes … ¡No se consume lomito nunca! El asado es en realidad falda parrillera y para festejos, haciendo un sacrificio. Las verduras… ni coliflor, brócoli, repollitos de Bruselas, espárragos, ahora ni remolachas se pueden comprar, los verduleros de los barrios ni los tienen. Ni qué hablar de mariscos y pescados de mar, si por ahí querés darte un gustito y comer una pizza con anchoítas, no la conseguís, hasta los chinos te dicen “muy cala che, no trae…”
Hoy un jornal de 500 pesos significa dos kilos de puchero y uno de 1000 pesos, dos kilos de pulpa.

Mientras nuestros recursos naturales como el petróleo y el gas explotados por multinacionales sean pagados a precio dólar, va a seguir la inflación.

Mientras sigan haciendo la vista gorda al contrabando de cereales y otros productos, no aumentará la recaudación del Estado.
Pero lo más grave es que durante más de 8 meses de la pandemia el Estado pagó la mitad de los sueldos privados, y ahora se quejan de la emisión de billetes y hablan como si ellos se hubieran bancado solos y no hablo de los empresarios chicos, hablo de Techint, que es la empresa que pone el precio del hierro, recibió ayuda, algo inentendible.

¿Los grandes productores de maíz no pueden negar que en el año 2020 tuvieron un 74% de ganancias en dólares, quién gana esas tasas? Mientras los trabajadores perdimos cada vez más nuestro poder adquisitivo.

La inflación la producen los que ganan en dólares, si fuera sólo por ellos, nos dejarían sin alimentos. Samid dijo una verdad irrefutable, “cuando la carne argentina no se exportaba al mundo porque tenía aftosa, el que siguió comiendo carne fue el pueblo trabajador, el Estado al que todos aportamos los ayudó para combatir ese flagelo y ahora que pueden exportar se olvidan del pueblo y el Estado”. El capital no tiene corazón.

La oferta de 4 kilos de corte único por 1000 pesos del Frigorífico Resistencia, que es una empresa recuperada gestionada por una cooperativa de trabajadores demuestra que la carne se puede vender a menos precio que el que ponen los exportadores.

Los gobiernos deberían recordar que las primeras víctimas de todo proceso inflacionario son los trabajadores pobres, y los que siempre ganan los que no invierten sus fabulosas ganancias en nuestro país y las fugan a los paraísos, como pasó en el gobierno macrista.

Frenar la inflación es una decisión política. Y le corresponde al Gobierno tomarla, todos los apoyaríamos, pero ya no hay lugar para medias tintas, el Chaco es una de las provincias empobrecidas y Resistencia el segundo conglomerado más pobre del país.

ARMANDO BENITEZ

RESISTENCIA

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