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La tragedia de El Palmar

Fue la catástrofe aérea más grave de nuestra provincia y quedó grabada en la memoria colectiva, al punto de que aún hoy es recordada a través de viejos recortes o conmueve a las nuevas generaciones en Internet. También fue un hito en la historia del regional y de NORTE. 

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La portada de NORTE del 6 de febrero de 1970.

La noche del 4 de febrero de 1970 el vuelo 701 de Aerolíneas Argentinas, un Avro matrícula LV-HGW, se precipitó a tierra con 39 ocupantes en medio de una fuerte tormenta que poco después llegaría a la ciudad de Resistencia, que durmió sin enterarse de que el vuelo nunca había llegado a destino. 

Por entonces Aerolíneas hacía una ruta que conectaba las principales capitales de la región en un vuelo regular, comunicando Asunción y Buenos Aires con escalas en Formosa, Corrientes y Rosario. Las comunicaciones de la época no tenían la precisión ni la inmediatez actuales y recién a media mañana una familia residente en aquella inaccesible zona dio aviso de la trágica noticia a la policía. 

El Avro de Aerolíneas había caído en “El Palmar”, sitio impenetrable de bajos, cañadas y extensos palmerales, paisaje que hasta hoy se mantiene casi sin cambios.

Por entonces el límite sur de la capital del Chaco era la avenida Castelli, desde donde partieron los grupos de búsqueda hacia el sur sorteando palmares y cañadas inundadas por la lluvia. En esa época el camino al Paranacito y más  al sur eran poco más que huellas, por donde periódicamente se traía la hacienda hacia la faena de Puerto Vilelas en cansinas tropas que demoraban días en hacer el trayecto.

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El Avro 748 LV-HGW siniestrado al sur de Resistencia. Los restos se diseminaron en una extensión de 250 m. y se incendiaron casi totalmente. (Foto de aviacionargentina.net, publicada en bajolalupasite.wordpress.com)

Hito periodístico

Aquella tragedia marcó la impronta del joven diario NORTE, fundado tan sólo dos años antes, en franca competencia con un periódico establecido firmemente como El Territorio, que en esa tragedia perdió a su director, Saverio Iozzi Mazini, un emprendedor que -precisamente- había tomado ese vuelo en pos de un proyecto editorial que también murió esa noche.

Desde un primer momento NORTE dispuso un equipo de periodistas y fotógrafos con la clara instrucción de acompañar a las patrullas que hasta el mediodía no habían terminado de organizarse, tal como señala la primera crónica del episodio  publicada en la edición 560, Año II, del 6 de febrero de 1970, cuyo precio de tapa era de 20 centavos.

La crónica de aquel entonces estremece. En lenguaje directo, sin eufemismos, que hoy resultaría hasta chocante por lo descriptivo, el periodista reflejó no solo con objetividad los hechos, sino el profundo impacto emocional que provocaron los detalles de aquellos dramáticos días.

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Fotografía del sitio tomada en 2017 por los motociclistas del grupo Enduro.

Quienes recibieron el encargo de ocuparse del tema por parte de Víctor García del Val, jefe de Redacción, fueron un joven llamado Alfredo Carazo y  Walter Zegarra, periodista peruano exiliado en nuestro país a causa de la dictadura del general Juan Velasco Alvarado.

Con los años, Carazo sería el jefe de Redacción del diario, secretario general del Sindicato de Prensa del Chaco y posteriormente de la Federación de Trabajadores de Prensa (Fatpren) y de la Federación Latinoamericana de Prensa (Felatrap).

Aquel era un periodismo rígido y objetivo que no tuvo empacho en cuestionar desde las páginas de este diario la tardía reacción de las fuerzas de seguridad para montar el operativo de rescate, y revelar la falta de respeto cristiano con que se trataron los irreconocibles restos que permanecieron en el lugar hasta dos días después de la tragedia.

Las crónicas de esos días transmiten vívidamente al lector la impresión que sintieron rescatistas y policías con minuciosos y pormenorizados relatos, lo que sin dudas contribuyó a que aquel suceso quedara grabado en la memoria colectiva de los chaqueños.

El estilo de aquellas primeras crónicas, acompañadas de fotos explícitas que hoy difícilmente se aceptarían en los medios, fueron necesarias para reflejar la dimensión de lo ocurrido, y fue lo que diferenció radicalmente a NORTE de otras publicaciones de la época.

El recuerdo que perdura

Resulta increíble que a 47 años de aquel hecho haya gente muy joven conmovida por lo sucedido, personas que no habían nacido aun y se propusieron ubicar el lugar y marcarlo con coordenadas GPS para que no quede en el olvido, en una hazaña casi anónima pero enormemente valiosa en lo histórico.

Todo partió de la iniciativa de un grupo de aficionados al motociclismo de Enduro, travesías fuera de camino que se realizan de manera competitiva o a modo de turismo-aventura.

 “La idea de ir al avión caído surgió hace poco, de ahí empezamos a recabar información en Internet y a contactar gente de la zona cercana al lugar”, contaba Diego Agazzani, uno de los motociclistas que llegó al sitio. “Esta historia nos llamó mucho la atención porque nos pareció un acontecimiento histórico muy importante donde veíamos la posibilidad de combinar nuestra actividad con el desafío de poder llegar a ese lugar tan inhóspito. Lamentablemente, a esa travesía pudimos ir pocos de los integrantes del grupo: Cristian Gaggero (creador del grupo Chaco Enduro); Cristian Martínez; German Agazzani (mi papá) y yo”, para luego compartir el dato principal, las coordenadas de la tragedia: S27.71999 W058.91980.

El viaje de los enduristas permite sorprendernos con el hecho de saber que aún hay restos de la aeronave en esa zona, que durante 47 años sufrió incontables anegamientos del Paraná.

En el lugar hay dos cruces de madera dura que flanquean una hondonada con plantas acuáticas y restos de aquel pozo de más de dos metros de profundidad y siete de extensión donde fue el primer impacto. Cristian Martínez, puestero, asegura que sepultado en la hondonada está lo que queda de uno de los motores, mientras que en una de las cruces hay una pequeña lápida de mármol que reza:

“A la memoria de los caídos en el accidente aéreo del 4 de febrero de 1970. Recuerdo de la madre, hermanos y sobrinos de M. Elisa Speroni de Lujambio Torrent y su esposo Eduardo Lujambio Torrent”, matrimonio correntino que abordó el avión esa noche para dirigirse a Buenos Aires.

Quedan diseminados por el lugar incorruptibles trozos de aluminio, alguna compleja pieza perteneciente al tren de aterrizaje y no mucho más, objetos que tal vez serían devorados para siempre por la selva si no fuese por este grupo de aficionados al “endurismo”, quienes casi sin proponérselo cerraron el último capítulo de la “Tragedia de El Palmar” al documentar las coordenadas exactas del hecho.

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La reseña de la Aviation Safety Network da cuenta de que la tragedia del Avro 748 fue la sexta peor sucedida en la historia de este tipo de aeronaves.

Aquel periodismo de los 70

Por Miguel Ángel Fernández*

Los siguientes son dos tramos de las diferentes crónicas publicadas en NORTE aquel febrero de 1970, ejemplo de un periodismo crítico y objetivo que, a 47 años, sigue siendo la brújula de este diario.

“...Una vez en el teatro del accidente, pudimos oír una conversación que sostenía un funcionario de la comuna de Vilelas que manifestó: ´No nos preocupamos mayormente porque sabíamos que estaban todos muertos`. ¿Es que puede alguien manifestarse así ante una tragedia de esta índole?”

 “Lo que sorprendió en ese lugar fue la falta absoluta de orden para proceder al rescate de los restos, y entonces se dijo que ´no había que tocar nada hasta que llegara la comisión tal, o el comodoro fulano`. Es decir que, mientras tanto, todo el mundo se limitaba a lamentarse o a hacer algún comentario”.

Otra parte de la crónica ubica el lugar de la tragedia con la claridad de un video documental: “Cada muchos kilómetros -leguas- se encuentra alguna vivienda precaria, mimetizada por la utilización de palmas como paredes y techos, con mujeres, hombres y niños acostumbrados a una lucha permanente contra la naturaleza. Otros realizan una vida casi primitiva, dedicados a la caza y la pesca, sin instrucción y con poco contacto con los centros urbanos. En ese lugar donde todavía se refugian los últimos restos de la selva chaqueña costera, se produjo el accidente que le costó la vida a tantas personas. Dadas las características desfavorables de la naturaleza en ese sector provincial, muy difícil hubiera resultado socorrer de inmediato, la misma noche, a algún posible sobreviviente. Indudablemente, la tragedia había elegido el escenario adecuado".

El inolvidable Severio I. Masini

En la tragedia que hoy evoca CHAQUEÑA falleció Saverio Iozzi Masini, de 54 años, que había sido nuestro director en una etapa de “El Territorio”, en la cual habilitó las mayores posibilidades de poner al tradicional diario en un nivel de calidad y, lo que fue clave en su remoción, respetando la libertad de expresión, cuando el liderazgo del diario debía competir con el incipiente NORTE, surgido el 1 de julio de 1968.

Con Iozzi Masini, por ejemplo, se editó el primer suplemento dominical en rotograbado, impreso en Buenos Aires, con aportes fotográficos encabezados por el “Negro” José Luis Meana. No pudimos retener a Mario Nestoroff, aunque “El Territorio” preservó su  identidad y su opinión, a veces dura, pero siempre consistente.

La inminente remoción de Iozzi nos puso en alerta, y quienes venían con más años de sustentar el diario con las subas y bajas de intervenciones por golpes militares, o su recuperación con la Editorial Presidente Perón de la CGT, eran víctimas de un agotamiento en el que a veces se resignaban principios en la banquina.

Cuando Raúl Jeanereret reemplazó a Masini, presentamos nuestras decisiones de retiro: Carlos Piacentini, subdirector; Godofredo Gerzel, que renunció siendo jefe de redacción, mientras que en mi caso, con 25 años de edad y flamante  padre de mellizos, decliné la secretaría de redacción, en tanto Guido Miranda renunció a  seguir escribiendo editoriales y el “gordo” Melgarejo se retiró como baluarte del folklore y aportes culturales.

La amistad y el respeto de ese periodista con antecedentes deportivos que vino de Lomas de Zamora traspasó esa etapa, y mientras intentábamos la revista “Región”, él, desde Formosa, bregaba por apoyos para un nuevo diario con el mismo equipo.

Ese fue su último mensaje desde Cambá Punta. Perderlo en la tragedia nos abrió una herida enorme, pero la vida nos permitiría en el futuro un encuentro con su hijo, que desarrolló la vocación naval, cuando casualmente coincidimos en el Estadio Monumental para ver a River ganando la Copa Libertadores en 1986 ante el Deportivo Cali. Pude ratificarle, entonces, que trabajar para su padre fue un honor y una enorme experiencia para seguir en la misma huella.

*Estos textos del periodista Ricardo Ambrosig y del recientemente fallecido director histórico de NORTE, Miguel Ángel Fernández, fueron publicados originalmente el 5 de febrero de 2017.

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