A 51 años de la tragedia de El Palmar
Hoy se cumplen 51 años de la tragedia aérea más grande de la provincia donde falleciera el entonces director del diario El Territorio Iozzi Massini. En 2017 NORTE rescató el lugar del accidente que permaneció olvidado por 47 años.
Hace cuatro años NORTE publicaba en el Suplemento Chaqueña, el siguiente artículo:
La tragedia de El Palmar
Fue la catástrofe aérea más grave que tuvo nuestra provincia y quedó grabada en la memoria colectiva al punto de que aún hoy es recordada y conmueve a las nuevas generaciones, que encuentra en viejos recortes o en Internet los estremecedores detalles de un episodio que también fue un hito en la historia del periodismo y de NORTE.

En la noche del 4 de febrero de 1970 (47 años atrás) el vuelo 701 de Aerolíneas Argentinas, un Avro matrícula LV-HGW, se precipitó a tierra con 39 ocupantes en medio de una fuerte tormenta que poco después llegó a la ciudad de Resistencia, que durmió sin enterarse que el vuelo nunca había llegado a su destino.
Por entonces Aerolíneas hacía una ruta que conectaba las principales capitales de la región en un vuelo regular que comunicaba Asunción y Buenos Aires con escala en Formosa, Corrientes y Rosario. Era una época en que las comunicaciones no tenían la precisión ni la inmediatez actual y recién a media mañana, una familia residente en aquella inaccesible zona dio aviso a la policía de la trágica noticia.
El Avro de Aerolíneas había caído en “El Palmar” un sitio impenetrable de bajos, cañadas y extensos palmerales que hasta hoy se mantiene casi sin cambios en su paisaje.
Por entonces el límite sur de la capital del Chaco era la avenida Castelli desde donde partieron los grupos de búsqueda hacia el sur sorteando palmares y cañadas inundadas por la lluvia. En esa época el camino al Paranacito y más al sur eran poco más que huellas por donde periódicamente se traía la hacienda hacia la faena de Puerto Vilelas en cansinas tropas que demoraban días en hacer el trayecto.
Hito periodístico
Aquella tragedia marcó la impronta del joven diario NORTE, fundado tan sólo dos años antes en franca competencia con un periódico establecido firmemente como lo era El Territorio que en esa tragedia perdió a su director, Saverio Iozzi Mazini un emprendedor que -precisamente- había tomado ese vuelo en pos de un proyecto editorial que también murió esa noche.
Desde un primer momento NORTE dispuso un equipo de periodistas y fotógrafos con la clara instrucción de acompañar a las patrullas que hasta el mediodía no se habían terminado de organizar, tal como señala la primer crónica del episodio publicada en la edición número 560, Año II, del 6 de Febrero de 1970, cuyo precio de tapa era de 0,20 Pesos.
Leer la crónica de aquel entonces estremece. En un lenguaje directo, sin eufemismos, que hoy nos resultaría hasta chocante por lo descriptivo, el periodista reflejó no solo con objetividad los hechos sino el profundo impacto emocional que provocaron los detalles de aquellos dramáticos días.
Quienes recibieron el encargo de ocuparse del tema de parte del Jefe de Redacción Victor García del Val fueron un joven llamado Alfredo Carazo, y Walter Zegarra, periodista peruano exiliado en nuestro país a causa de la dictadura del general Juan Velasco Alvarado.
Con los años Carazo sería el Jefe de Redacción del diario, Secreario General del Sindicato de Prensa del Chaco y posteriormente de la Federación de Trabajadores de Prensa (Fatpren) y de la Federación Latinoamericana de Prensa (Felatrap).
Aquel era un periodismo rígido y objetivo, que no tuvo empacho en cuestionar desde las páginas de este diario la tardía reacción de las fuerzas de seguridad para montar el operativo de rescate, y revelar la falta de respeto cristiano con que se trataron los irreconocibles restos que permanecieron en el lugar hasta dos días después de la tragedia.
Las crónicas de esos días transmiten vívidamente al lector la impresión que sintieron rescatistas y policías con minuciosos y pormenorizados relatos, lo que sin dudas contribuyó a que aquel suceso quedara grabado en la memoria colectiva de los chaqueños.
El estilo de aquellas primeras crónicas, acompañadas de fotos explícitas que hoy difícilmente se aceptarían hoy como periodísticas pero necesarias para reflejar la dimensión de lo ocurrido, fue lo que diferenció exitosamente a NORTE de otras coberturas de la época.

El recuerdo que perdura
Resulta increíble que a 47 años de aquel hecho haya gente muy joven conmovida por lo sucedido, personas que no habían nacido aun y se propusieron ubicar el lugar y marcarlo con coordenadas GPS para que no quede en el olvido en una hazaña casi anónima pero enormemente valiosa en lo histórico.
Todo partió de la iniciativa de un grupo de aficionados al motociclismo de Enduro, travesías fuera de camino que se realizan de manera competitiva o a modo de turismo aventura.
“La idea de ir al avión caído surgió hace poco más de dos meses, de ahí empezamos a recabar información en Internet y a contactar gente de la zona cercana al lugar”, cuenta Diego Agazzani, uno de los motociclistas que llegó al sitio. “Esta historia nos llamó mucho la atención porque nos pareció un acontecimiento histórico muy importante donde veíamos la posibilidad de combinar nuestra actividad con el desafío de poder llegar a ese lugar tan inhóspito. Lamentablemente a esa travesía pudimos ir pocos de los integrantes del grupo: Cristian Gaggero (creador del grupo Chaco Enduro); Cristian Martínez; German Agazzani (mi papá) y yo” para luego compartir el dato principal, las coordenadas de la tragedia: S27.71999 W058.91980.
El viaje de los enduristas permite sorprendernos con el hecho de saber que aún hay restos de la aeronave en esa zona que en 47 años sufrió incontables anegamientos del Paraná.
En el lugar hay dos cruces de madera dura que flanquean una hondonada con plantas acuáticas y restos de aquel pozo de más de dos metros de profundidad y siete de extensión donde fue el primer impacto. Cristian Martínez, puestero, asegura que sepultado en la hondonada está lo que queda de uno de los motores mientras que en una de las cruces hay una pequeña lápida de mármol que reza:
"A la memoria de los caídos en el accidente aéreo del 4 de febrero de 1970. Recuerdo de la madre, hermanos y sobrinos de M Elisa Speroni de Lujambio Torrent y su esposo Eduardo Lujambio Torrent" , matrimonio correntino que abordó el avión esa noche para dirigirse a Buenos Aires.
Quedan diseminados por el lugar incorruptibles trozos de aluminio, alguna compleja pieza perteneciente al tren de aterrizaje y no mucho más, cosas que tal vez serían devoradas para siempre por la selva si no fuese por este grupo aficionados al “endurismo”, que casi sin proponérselo cerraron el último capítulo de la Tragedia de El Palmar al documentar las coordenadas exactas del trágico hecho.
Aquel periodismo de los 70
Los siguientes son dos tramos de las diferentes crónicas publicadas en NORTE aquel febrero de 1970, ejemplo de un periodismo crítico y objetivo que, a 47 años, sigue siendo la brújula de este diario.
“...Una vez en el teatro del accidente, pudimos oír una conversación que sostenía un funcionario de la comuna de Vilelas que manifestó: ´No nos preocupamos mayormente porque sabíamos que estaban todos muertos`. ¿Es que se puede alguien manifestar así ante una tragedia de esta índole?"
“Lo que sorprendió en ese lugar fue la falta absoluta de orden para proceder al rescate de los restos, y entonces se dijo que ´no había que tocar nada hasta que llegara la comisión tal, o el comodoro fulano`. Es decir que, mientras tanto, todo el mundo se limitaba a lamentarse o a hacer algún comentario”.
Otra parte de la crónica ubica el lugar de la tragedia con la claridad de un video documental: "Cada muchos kilómetros -leguas- se encuentra alguna vivienda precaria, mimetizada por la utilización de palmas como paredes y techos, con mujeres, hombres y niños acostumbrados a una lucha permanente contra la naturaleza. Otros realizan una vida casi primitiva, dedicados a la caza y la pesca, sin instrucción y con poco contacto con los centros urbanos. En ese lugar donde todavía se refugian los últimos restos de la selva chaqueña costera, se produjo el accidente que le costó la vida a tantas personas. Dadas las características desfavorables de la naturaleza en ese sector provincial, muy difícil hubiera resultado socorrer de inmediato, la misma noche, a algún posible sobreviviente. Indudablemente, la tragedia había elegido el escenario adecuado".
El inolvidable Severio I. Masini
Por Miguel Ángel Fernández
En la tragedia que hoy evoca CHAQUEÑA falleció Saverio Iozzi Masini, de 54 años, que había sido nuestro director en una etapa de “El Territorio”, en la cual habilitó las mayores posibilidades de poner al tradicional diario en un nivel de calidad y, lo que fue clave en su remoción, respetando la libertad de expresión, cuando el liderazgo del diario debía competir con el incipiente NORTE surgido el 1 de julio de 1968.
Con Iozzi Masini, por ejemplo, se editó el primer suplemento dominical en rotograbado, impreso en Buenos Aires, con aportes fotográficos encabezados por el “Negro” José Luis Meana
No pudimos retener a Mario Nestoroff, pero siempre “El Territorio” preservó su identidad y su opinión, a veces dura, pero siempre consistente.
La inminente remoción de Iozzi nos puso en alerta y quienes venían con más años de sustentar el diario con las subas y bajas de intervenciones por golpes militares, o su recuperación con la Editorial Presidente Perón de la CGT, eran víctimas de un agotamiento en el que a veces se resignaban principios en la banquina.
Cuando Raúl Jeanereret reemplazó a Masini, presentamos nuestras decisiones de retiro: Carlos Piacentini, subdirector; Godofredo Gerzel, que renunció siendo jefe de redacción mientras que en mi caso, con 25 años de edad y flamante padre de mellizos, decliné la secretaría de redacción, en tanto Guido Miranda renunció a seguir escribiendo editoriales y el “gordo” Melgarejo se retiró como baluarte del folklore y aportes culturales.
La amistad y el respeto de ese periodista con antecedentes deportivos que vino de Lomas de Zamora traspasó esa etapa y mientras intentábamos la revista “Región”, él, desde Formosa, bregaba por apoyos para un nuevo diario con el mismo equipo.
Ese fue su último mensaje desde Cambá Punta. Perderlo en la tragedia nos abrió una herida enorme, pero la vida nos permitiría en el futuro un encuentro con su hijo, que desarrolló la vocación naval, cuando casualmente coincidimos en el Estadio Monumental para ver a River ganando la Copa Libertadores en 1986 ante el Deportivo Cali. Puede ratificarle, entonces, que trabajar para su padre fue un honor y una enorme experiencia para seguir en la misma huella.











