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CARTA DE LECTORES

Sobre la pornografía y la libertad 

Señor director de NORTE:

Los avances de las neurociencias en las últimas décadas —gracias a las tecnologías en gran medida— permiten visualizar y analizar el funcionamiento del cerebro. De ese modo pueden precisar el lugar donde el cigarrillo, o el juego, o la pornografía, entre otros, generan placer, y cómo a partir de la búsqueda de placer surgen las adicciones.

A veces se piensa sólo en la adicción a las drogas o al alcohol, y se olvidan tantas otras, entre ellas internet, los juegos en red y, sobre todo, la pornografía.

Según las últimas estadísticas, 500 millones de personas acceden habitualmente a la pornografía, lo cual es un altísimo número. Tampoco se  toma en cuenta que la Psicología ya demostró con estudios experimentales que el placer que surge de ciertos estímulos disminuye con el tiempo, por lo cual necesita refuerzos, y acrecentar el estímulo permanentemente.

Esto se ve en personas alcohólicas y fumadoras, sobre todo, pero está oculto en gran  medida en la práctica del placer ligado a la pornografía, que se da en el ámbito privado. Pero la consecuencia de cualquier adicción es siempre la pérdida de la libertad, porque ya no se puede salir de ella, aunque se diga: “Yo dejo  cuando quiero”.

La necesidad de ayuda es fundamental, el deseo de la libertad y el esfuerzo personal también.

La persona es capaz de destruir las relaciones de pareja a partir de esta dependencia a la pornografía, sobre todo porque actualmente está unida a prácticas violentas, tipo sadomasoquistas (y algo más) y éstas son destructivas y humillantes. Atacan directamente la dignidad de las personas, aunque se quiera hacer creer que son satisfactorias, razón por la que se busca llevarlas a la práctica en las relaciones sexuales.

Por otra parte, la pornografía genera un enorme mercado mundial, lo que significa miles de millones de ganancia para los grupos que la ofrecen, y este mercado se nutre de la trata de personas, más allá de la ingenuidad de algunos que creen que se elige libremente.

El Protocolo de Palermo (2000), refrendado por numerosos países, propone desalentar el consumo, sobre todo de la prostitución que genera secuestros y muerte para mujeres y niños en particular.

Asimismo, la pornografía —y sobre todo la que utiliza material de abuso sexual en niñas, niños y adolescentes— se nutre de redes que secuestran y abusan en lo oculto para nutrir este mercado.

Una mínima reflexión debería conducir a dejar de consumir cualquier clase de pornografía, porque sin consumo no hay ganancia. Sobre todo, imaginando el inmenso sufrimiento de millones de personas que sufren humillación, denigración y destrucción de su autoestima y hasta de sus vidas a causa de este mercado.

Algunos lo toman como una práctica común y divertida, porque en los grupos se habla y se la fomenta, pero nadie va a compartir la adicción en la que ha caído, porque implicaría que ya no es libre, como sucede con tantas otras adicciones.

La precaución y la prevención implican educación y autoeducación, para no entrar en un consumo que supone un alto grado de sufrimiento para tantas personas, y aún para aquellos que dicen elegirlo como medio económico, una denigración que afecta su integridad.

El cuerpo no es algo ajeno al ser humano, somos corpóreos, y lo que hacemos —o nos hacen— afecta a todo nuestro ser.

Reconocer que el placer no es el único objetivo de la vida, y que hay placeres que quitan la libertad y denigran, sobre todo a las mujeres, tendría que conducir a una reflexión acerca de la propia vida y la de los demás. También realizar un trabajo conjunto a nivel social, educativo, político y económico para que la dignidad, en especial de los niños y las mujeres, sea respetada, con el compromiso activo de todos los grupos que trabajan en defensa de la mujer.

                                                                            

MARÍA ELENA RADICI

Resistencia

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