“Trabajamos para que no se tema a la fauna”
Durante la pandemia no se interrumpieron los rescates de animales autóctonos. Una fundación local aún recibe 50 a 60 consultas diarias.
Como en otros puntos del planeta, durante los primeros meses de confinamiento por la pandemia los animales silvestres fueron saliendo del monte y avanzando tímidamente hacia espacios semipoblados o urbanizados.
Una muestra de ese comportamiento fueron los numerosos reportes de fines de marzo y primavera. En muchos casos intervino personal de la Dirección de Fauna, de cuarteles de bomberos, la policía provincial y la Fundación Refugio Salvaje.

“No paramos en ningún momento. El trabajo jamás se detuvo porque la disminución de movimiento de personas hizo que aumente la aparición de animales en las ciudades”, afirma Rodrigo Cattarozzi, de Refugio Salvaje.
Aunque se aclara que hace unos meses que la fundación ya no realiza rescates, por resolución 1.027 de la Secretaría de Desarrollo Territorial y Ambiente de la provincia, la demanda por información no disminuyó.
Si bien el colectivo se dedica a la difusión del tema hace 20 años y en las redes empezaron a publicar hace unos cinco, en los últimos tres empezaron a ver el cambio. “Recibimos unas 50 a 60 consultas diarias de personas de acá, de otros puntos del país y de países vecinos, a las que aconsejamos contactar en sus instituciones más cercanas”, explica Cattarozzi.
Semejante demanda se debe a que más gente encontró a quién recurrir: “Nos dicen que necesitan que alguien la ayude o le dé una orientación”.
Además se celebra como un avance para la preservación de especies que por cada diez fotos que reciben de una serpiente, nueve o todas estén vivas. Hace una década era exactamente al

revés. Ahora las reducen o encierran, las fotografían o filman preguntando si es peligrosa y qué hacer. “Eso es muy bueno; pero siempre recomendamos no manipular ningún animal si no se lo conoce”, aclara.
De regreso al cambio de perspectiva Rodrigo subraya que su trabajo se enfoca en quitar el temor que suele tener la gente a la fauna autóctona y en aprender a convivir con ella.
Menciona el caso de los monitos carayá, que en varias ciudades del Chaco es común verlos. “Sabemos más o menos donde están; y si los vemos viviendo tranquilos en un árbol a veces no es necesario hacer un rescate”, repara.
Hay personas que se preocupan porque se ve uno solo, sabiendo que ellos se mueven en tropillas. “Les preguntamos si a la tardecita se oye el aullido de otros, porque así se comunican con su grupo, que puede estar hasta a unos cinco kilómetros de distancia. Ése es uno de los casos más ilustrativos”, dice al describir ciertos realidades con menos urbanización.
Avistajes turísticos

Cattarozzi menciona el caso de una monita que vive hace casi un año en la plaza 25 de Mayo, en el mismísimo centro de cemento de Resistencia. Como su dieta se compone de un 90% hojas, “si hay árboles el alimento está asegurado; incluso el agua porque la obtiene de las hojitas más nuevas y frescas”.
Con animales así, que se adaptaron, no representan un riesgo para la población y a los que tampoco no se debe invadir, sostiene que es posible pensar en un circuito de avistajes turísticos.
Hay ciudades en Ecuador o Colombia, donde es posible apreciar especies silvestres como las iguanas verdes.
Y existen experiencias más exóticas, fuera de lo común, como en la de Galápagos, donde los visitantes aprecian mucho más la diversidad animal que el paisaje de las islas.
En la Argentina hay varias ciudades que incluyen recorridos con avistaje de aves como un plus. Algo que se podría ofrecer en algunas ciudades de la provincia con los monos, plantea.
Delicado equilibrio
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del shopping Sarmiento y el desplazamiento de una boa curiyú de cuatro metros hasta el patio de una vivienda en la periferia de Resistencia, son los casos extraordinarios más recientes.
Además de la aparición es raro que un reptil de esas características creciera tanto en proximidades a una ciudad.
Después están las domesticaciones que muchas veces, aun con buenas intenciones, hacen mal y generan problemas donde no había. Por ejemplo generando una dependencia y quitándole la habilidad de valerse por sí mismos.
Con los lagartos overos, que son omnívoros, sucede que son inofensivos pero si se los alimenta pueden volverse voraces. No hay que matarlos ni hacerles daño, solo hay que evitar darles de comer, se aconseja.
Modestas vías de sostenimiento
"Nos mantenemos con dificultad, en un nivel de recursos muy al límite. Tenemos un sistema de aportes mensuales de $200 que permite asegurar cuidados temporales o permanentes, gastos veterinarios, alimentación, higiene y limpieza. También tenemos un calendario que se puede adquirir a través de la página de la fundación".
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