Para ver esta nota en internet ingrese a: https://www.diarionorte.com/a/200559

Campo del Cielo: ¿patrimonio de la Humanidad?

Hace unos 4000 años, en la zona conocida como Campo del Cielo, al sudoeste de la provincia del Chaco y limitando con Santiago del Estero, se produjo la explosión de un gigantesco asteroide que se calcula pesaba más de 800 toneladas.

Eso provocó una “lluvia” de meteoritos que impactaron en la región, en un área que se extiende por 1350 km2 entre las provincias mencionadas. En la época colonial se realizaron expediciones militares en busca de metales.

La primera fue en 1576 al mando del capitán Hernán Mexía de Mirabal: divisaron un gran “peñón de hierro”, y tomaron algunos fragmentos. La siguiente fue en 1774 -Bartolomé Francisco de Maguna-, y encontraron una masa de hierro –dada su forma plana la llamarían “Mesón de Fierro”-, que estimaron en 23 toneladas.

Luego fue Francisco de Ibarra, en 1779, quién procedió a tomar medidas exactas: 3,52 m de largo, 1,85 de ancho y un espesor variable entre 0,8 y 1,36 m, y extrajeron 2,7 kg de metal. En 1783 se llevó adelante una gran expedición científica al mando del teniente Miguel Rubín de Celis.

Realizaron estudios de la pieza, pero luego utilizaron explosivos, destruyendo gran parte del meteorito. Sus restos quedaron sepultados. Informaron que su ubicación era 28° 27’ latitud sur, pero nunca volvió a encontrarse la pieza.

En 1913, Manuel Santillán Suárez halló varios fragmentos de meteorito a unos 15 km de la estación de Gancedo y cerca de tres lagunas – cráteres-, el mayor de unos 2000 kg. En 1923 se descubrió un meteorito de 421 kg en territorio santiagueño –“El Toba”-. En los dos años subsiguientes se encontraron –en la provincia del Chaco- “El Hacha” de 2.500 kg y “El Mocoví” de 732 kg, “Tonocoté” en 1931 -850 kg-, “Abipón” en 1936 -460 kg-, “Mataco” en 1937 -990 kg-, “El Taco” en 1962 -1898 kg-. En 1962 y por una década se llevó a cabo un trabajo científico encabezado por el geólogo William Cassidy. El esfuerzo dio sus frutos: se encontraron 16 cráteres más –hasta ese momento se visualizaban 4-.

Los meteoritos de mayor tamaño que se encontrarían desde esa fecha son: “La Perdida” (1965, 1.530 kg), “Las Vívoras” (1967, 3.120 kg), “El Chaco” (1969, desenterrado en 1980, 34.000 kg), “Tañigo II” (1997, 8.000 kg), “La Sorpresa” (2005, 14.800 kg), “El Wichí” (2006, 7.850 kg), y “El Gancedo” (2016, 30.800 kg).

Cabe destacar el trabajo de la Asociación Chaqueña de Astronomía, desde mediados de la década de 1980, que realizó importantes investigaciones, descubriendo nuevos cráteres y meteoritos, y una encomiable tarea de difusión sobre la necesidad de preservación del lugar.

LEGISLACIÓN PROTECCIONISTA

En enero de 1990, el norteamericano Robert Hagg habría comprado ilegalmente el meteorito El Chaco en u$s 200.000 al propietario de la tierra donde se encontraba, e intentó sacarlo de la provincia. Si bien estaba en vigencia la Ley 1017/70 que declaraba de “utilidad pública e interés social” y sujetos a expropiación los meteoritos y el sitio de los cráteres (Valdés, 2018), la acción de Hagg fue un detonante que logró la atención nacional sobre Campo del Cielo.

Se dictó entonces la Ley provincial 664-A en mayo de 1990 –derogando la anterior-, que estipula en su artículo 1°: “Declárase de utilidad pública, interés social y afectado al uso público todo meteorito… Dispónese la restricción del dominio a las áreas de dispersión y los lugares ocupados por los cráteres…”.

Agrega en sus artículos 3° y 6° que prohíbe toda acción que modifique el estado natural de los cuerpos celestes y sus cráteres, y su traslado provisorio o definitivo fuera de la provincia del Chaco. En 1994, la nueva Constitución de la provincia del Chaco determinó en el artículo 18°, inciso 10: “El resguardo de los cuerpos celestes existentes en el territorio de la Provincia, los que son bienes del patrimonio provincial”.

A estas normas provinciales se sumó en 2007 la Ley nacional 26306, que en su artículo 1°: “Los meteoritos y demás cuerpos celestes que se encuentren o ingresen en el futuro al territorio argentino, su espacio aéreo y aguas jurisdiccionales son bienes culturales en los términos del primer párrafo del artículo 2º de la Ley 25.197”.

LA GESTIÓN DEL SITIO

Debieron pasar ocho años del intento de robo del meteorito “El Chaco” para que se iniciaran acciones concretas del gobierno provincial para poner en valor el sitio. De esta forma se sancionó la Ley 938-A, que declaró de “utilidad pública e interés social y sujeto a expropiación” el inmueble de 100 hectáreas de la Circunscripción XXII, Chacra 65, en el Departamento 12 de Octubre.

En 2004 se creó el Parque Provincial Pigüén N’Onaxá -Campo del Cielocon una superficie de 25 hectáreas. Se parquizó, se expusieron al aire libre el meteorito “El Chaco” y otros de menor tamaño, se creó un circuito de visita con sendas peatonales asfaltadas, se agregaron parrillas y bancos, y se construyeron baños y viviendas para un cuidador y un guardaparques.

Desde 2005 se realiza allí la Fiesta Nacional del Meteorito en septiembre, que logró reunir en los últimos eventos más de 25.000 personas el fin de semana. Con grupos musicales que amenizan el encuentro, se brinda información turística y visitas guiadas, se instalan puestos de gastronomía y venta de productos típicos y artesanales, etc.

La acción moviliza la economía del lugar, atrae visitantes de localidades cercanas y provincias vecinas. Sin embargo, el acceso de tanta gente y el contacto directo del público con los meteoritos expuestos sin protección de ningún tipo, como también el estacionamiento de vehículos en zonas cercanas a las parrillas, ponen en peligro las piezas. Finalmente, el 6 de diciembre de 2015 se inauguró el museo-centro de interpretación de Campo del Cielo.

EL CENTRO DE INTERPRETACIÓN

Su estado general es bueno, aunque presenta falencias detectadas a simple vista –constatadas entre 2017 y 2019-, como humedad en algunos sectores del techo de la planta baja y el subsuelo, cuyo piso de alisado de cemento presenta deterioros producidos por entrada de agua de lluvia.

Se ingresa en el museo por una doble puerta vidriada en planta baja. La recepción y la tienda se ubican a la derecha. La sala cuadrada tiene cuatro ventanas a media altura en el fondo (1 x 1,5 m cada una) que restringen el espacio expositivo, no poseen cerramientos para cubrir el ingreso de luz solar, y su vista da a la pared de una vivienda a escasos 5 metros. Esto resulta inentendible, porque si la idea constructiva fue integrar el edificio al paisaje, se hubiera buscado otra disposición.

A la izquierda de la entrada, una doble puerta vidriada da al exterior, y por una larga rampa de dos tramos y de unos 20 m en total –que desciende unos 4 m-, se ingresa en la sala principal de exposiciones y proyecciones, en el subsuelo. Consideramos que debiera haberse construido una alternativa de acceso –quizás una escalera interior y ascensor-, para no tener que salir al exterior en épocas invernales (Echarri F. e Iturrioz M., 2018).

LA GESTIÓN TURÍSTICOCULTURAL DEL PARQUE

El parque Pigüén N’Onaxá y el Centro de Interpretación inaugurado en 2015 no fueron gestionados turística ni culturalmente en forma eficiente. Creemos que siempre se actuó para salvar algún problema suscitado o satisfacer una demanda inminente, en lugar de diagramar una política turístico-cultural de Estado, que requiere inversiones por un lado, pero también propuestas de acción a corto, mediano y largo plazo.

Nos permitimos hacer algunas propuestas: 1.- el camino de ingreso al parque debe ser asfaltado, porque es sabido que una lluvia condiciona la posibilidad de visita; 2.- las mesas, sillas y parrillas no deben estar integradas en el recorrido de visita a los meteoritos; 3.- las piezas de gran volumen que se exponen no deben estar a la intemperie, sometidas a las inclemencias climáticas, ni facilitar el contacto directo con el visitante -para evitar esto existen sistemas constructivos que permitirían la observación directa protegiendo los meteoritos-;

4.- se deben construir espacios de acampe y alojamientos que permitan pernoctar en el lugar con todas las comodidades necesarias y servicios para los tiempos que corren; 5.- se deben mejorar los recorridos hacia los cráteres que se encuentran fuera de los límites del parque; 6.- debe ampliarse el Centro de Interpretación, mejorar el guión museográfico y la tecnología disponible para convertirlo en un espacio interactivo y de experimentación; 7.- deben realizarse obras de infraestructura que permitan que los investigadores cuenten con lugar permanente y cómodo para su desempeño; 8.- es necesario dotar al lugar de un sistema de vigilancia y seguridad, con personal y tecnología, que evite el robo de meteoritos, ya ocurridos en reiteradas oportunidades; 9.- es importante difundir y promocionar a nivel nacional e internacional lo que allí existe; 10.- gestionar la inclusión del sitio en la Lista de Patrimonio de la Humanidad de UNESCO.

Son algunas de las propuestas que nos atrevemos a sugerir, al advertir que Campo del Cielo, aunque figure desde hace décadas como uno de los atractivos turísticos más representativos del Chaco en las páginas oficiales de la provincia, no ha sido puesto en valor como debiera, ni ha merecido la atención nacional.

Como ejemplo, bástenos decir que en 2019 se eligieron las 7 maravillas naturales de la Argentina, y el Chaco no figuró en la lista, mientras que las vecinas provincias del Nordeste, como Misiones con su selva, y Formosa con el bañado La Estrella, lo lograron.

Campo del Cielo: ¿Patrimonio de la Humanidad?

Ahora cabe preguntarnos si Campo del Cielo no puede ser incluido en la lista de Patrimonios de la Humanidad. Según los ítem considerados por UNESCO, cumple sin dudas el punto 7 (fenómeno natural de belleza e importancia excepcional, único e irrepetible en el mundo).

También vale preguntarnos qué hemos esperado los chaqueños para iniciar los trámites correspondientes, a sabiendas de que la inclusión del sitio en la lista mundial nos coloca en el mapa internacional de sitios protegidos, y fomentaría el turismo local, regional, nacional e internacional, con todo el beneficio socioeconómico y cultural que ello significaría.

Creemos que es necesario e imprescindible tomar esta iniciativa, siguiendo el ejemplo de Corrientes en la fenomenal gestión cultural que impulsó al chamamé para que sea considerado hoy Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

Es evidente que esta iniciativa no ha surgido de los organismos públicos provinciales que tienen que ver con la temática, y que se han abocado en los últimos lustros a gestionar deficientemente un espacio que recibe –según encuesta realizada en 2018- un promedio de 200 a 300 visitas mensuales –sin contar con los asistentes a la Fiesta Nacional del Meteorito-, y que obviamente no mueve el amperímetro turístico como para hablar de una política seria en la materia, cuando por ejemplo tenemos en Resistencia la Bienal Internacional de Esculturas, gestada y organizada por la Fundación Urunday, que en menos de diez días genera una asistencia de más de 600.000 personas.

Creemos que es hora de tomar cartas en el asunto y hacer un trabajo serio y presentarnos ante los organismos internacionales competentes para que se considere patrimonio mundial a Campo del Cielo. Proponemos la creación de una comisión de expertos –técnicos, geólogos, arquitectos, gestores culturales, museólogos, especialistas en patrimonio, etc.- que trabajen en la temática con la seriedad que requiere. Una comisión que debe contar con un organigrama funcional adecuado, con personal rentado –ya es hora de dejar de considerar que los trabajos en pos de nuestra cultura deben ejercerse ad honorem-, y en la que no participen funcionarios políticos, que casi siempre responden más a intereses partidarios que profesionales. Campo del Cielo, por lo que representa, por su propia historia, y por lo que puede significar para el turismo chaqueño, lo merece con creces.

“Representa fenómenos naturales de una belleza e importancia excepcionales”

La declaratoria como Patrimonio de la Humanidad, que se hace desde 1972, a partir de la Conferencia General de la UNESCO en su 17° reunión, es una categoría que se otorga a bienes naturales o culturales por su importancia para el desarrollo humano. Un bien cultural, para llegar a formar parte de la lista, debe “contar con un valor excepcional”, y cumplir por lo menos uno de los diez criterios establecidos:

1- representar a un gran maestro creador, 2.- ser testimonio de un intercambio de influencias considerable durante un periodo o era cultural determinado, en lo que respecta a la arquitectura, la tecnología, las artes monumentales, o la planificación de las ciudades y de los paisajes, 3.- ser testimonio único o excepcional de una tradición o una civilización (desaparecida o no), 4.- ofrecer un importante ejemplo sobre un tipo de construcción, o de un conjunto arquitectónico, tecnológico o de paisaje, ilustrativo de un periodo histórico, 5.- constituir un ejemplo relevante de un asentamiento humano tradicional, de un uso tradicional de un territorio o del mar; que sea representativo de una cultura, o de la interacción del hombre con el entorno, sobre todo si este se ha vuelto vulnerable;

6.- estar relacionado con acontecimientos o tradiciones vivas, ideas, creencias u obras artísticas y literarias con una significación universal excepcional, 7.- representar fenómenos naturales o áreas naturales de una belleza y una importancia excepcional, 8.- ser ejemplo eminentemente representativo de grandes periodos de la historia de la Tierra, comprendiendo testimonios de la vida, de procesos geológicos en curso o de elementos geomórficos o fisiográficos de una gran significación, 9.- ser ejemplo eminentemente representativo de procesos ecológicos y biológicos de la evolución y del desarrollo de ecosistemas y comunidades de plantas y animales, 10.- contener los hábitats naturales más representativos y los más importantes para la conservación in situ de la diversidad biológica, comprendiendo especies amenazadas de un valor universal excepcional desde el punto de vista de la ciencia y la conservación.

En la Argentina contamos con 11 sitios declarados Patrimonio de la Humanidad. Es son: 1.- Parque Nacional Los Glaciares, provincia de Santa Cruz (1981); 2.- Misiones Jesuíticas Guaraníes, Misiones (1984); 3.- Parque Nacional Iguazú, Misiones (1984); 4.- Cueva de las Manos, Río Pinturas, Santa Cruz (1999); 5.- Península Valdés, Chubut (1999); 6.- Parque Ischigualasto, San Juan, y Parque Talampaya, La Rioja (2000); 7.- Parque Nacional Los Alerces, Chubut (2017); 8.- Manzana y Estancias Jesuíticas, Córdoba (2000); 9.- Quebrada de Humahuaca, Jujuy (2003); 10.- Qhapaq Ñan, Sistema vial andino (2014); 11.- Obra arquitectónica de Le Corbusier –Casa Curuchet, La Plata (2016).

A estos bienes patrimoniales tangibles, hay que agregar los declarados Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad: 1. El tango -2009-; 2.El filete porteño de Buenos Aires, técnica pictórica tradicional (2015); 3. El chamamé (2020).

Notas Relacionadas